'American Horror Story': ya están aquiiiii...

Fantasmas. Psicópatas. Secretos. Asesinatos. Sangre y violencia. Enigmas que se esconden bajo un traje de látex. Personajes sacados de una pesadilla. Pecadores condenados a sufrir. Y La Casa: el escenario donde el horror encuentra infinitas formas de manifestarse. Y 'American Horror Story', la serie que vive por y para aterrorizarnos, colándose en lo más profundo de nuestra psique. Perturbación y angustia es lo que uno experimenta cuando se avanza más allá del capítulo de presentación. Y, como ocurre con toda buena serie, ganas de más.

Mientras que en USA ya está más que consolidada -con sus buenos datos de audiencia se ha ganado una segunda temporada, confirmada hace unos días-, en España aterrizó anoche (0.8% y 178.000 espectadores) con su propuesta inicial: un capítulo piloto con un ritmo frenético, con contenido suficiente para haber llenado dos y tres episodios. Sin embargo, sólo es la punta del iceberg. Sólo con la cabecera tenemos material de sobra para acojonarnos.

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Y es que en 'AHS' no hay un segundo de respiro. La sensación de miedo, la confusión, la transformación de los propios personajes, su evolución o su involución, su pérdida del control... todo avanza a ritmo vertiginoso. Uno tiene la sensación de que, quizás, va demasiado rápido, que es demasiado pronto para saber ciertas cosas. Que a este ritmo, las tramas se consumirán a si mismas. Pero esta es precisamente, la máxima de AHS: todo debe ir in crescendo.

Así, desde el primer capítulo, podemos ya empezar a asimilar el poder La Casa, que se va adueñando de la voluntad de sus habitantes, como le ocurre a su nuevo dueño, Ben (Dylan McDermott, el poseedor del trasero que ocupa tantos planos), recién mudado a la mansión de estilo victoriano que adquirió a precio de ganga (¿sospechoso?) . El personaje carga con la culpa del adulterio y la casa se sirve de ello para torturarle con la visión de una exhuberante sirvienta (Alexandra Breckenridge) que poco tiene que ver con la enjuta ama de llaves (Frances Conroy, 'A dos metros bajo tierra') que es en realidad. Así, el personaje tiene que enfrentarse continuamente a esa versión oscura de si mismo.

De esa misma manera el Hotel Overlook se adueñaba del alma de Jack Torrance (Nicholson) en El Resplandor. Y es que las referencias al género son incontables. Incluso desde su punto de partida: la casa encantada es uno de los mayores tópicos a la hora de dar miedo (Poltergeist, Los Otros, Al final de la Escalera, etc.). "Una familia se muda a una casa en la que empiezan a pasar cosas raras." ¿Cuántas veces habremos estado ante esta trama? Sin embargo, 'AHS' consigue retorcer la idea hasta que casi parezca nueva.

La casa acumula un largo historial de muertes, que Ryan Murphy y su co-guionista habitual Brad Falchuk (ambos responsables de otras producciones tan dispares como 'Nip/Tuck' y 'Glee'), nos irán desgranando poco a poco, dando saltos en el tiempo. Desde el origen de todo, hasta nuestros días, en los que una desavenida familia Harmon tratará de sobreponerse a sus propio dramas -infidelidad, pérdida de un hijo, hija adolescente de alma gótica- viviendo uno aún mayor.

Parece poco probable que lo consigan, dado que ya sabemos que habrá segunda temporada. Durante décadas han sido muchos los que han habitado la mansión, los que han empezado desde cero entre sus paredes, cubriendo con papel los horrores de otras épocas. Pero, hasta ahora, nadie ha sobrevivido a ella. Si hay una continuación a esta historia, cabe sospechar que el destino de Mr&Mss Harmon será tan trágico como el de resto de familias. Aunque en 'AHS' es una osadía creer que podemos adelantarnos a nada.

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El elenco lo completan toda una serie de personajes que parecen vivir en la penumbra. Todos sufren, de una u otra manera: Jessica Lange, que borda su personaje de madre atormentada por el hecho de no haber aceptado lo que le tocó en suerte. Una niña (Jaimie Brewer) que lucha contra el hecho de ser distinta. Un hombre (Denis O'Hare) condenado a malvivir reviviendo continuamente su pesadilla. Una enigmática ama de llaves (Frances Conroy) y su extraña relación con la casa. Un adolescente (Evan Peters) que vive entre el mundo real y las alucinaciones de una mente que amenaza con desbordarse. Un sótano habitado por seres que no son de este mundo. Y un trasfondo de oscuridad. El resultado: un thriller psicológico que nos produce una sensación de montaña rusa, gracias también a su creatividad a la hora de plantear un montaje que no parece seguir las normas clásicas.

Todo con tal de evocar siempre esa sensación. No de miedo, sino más bien de angustia, de algo que se mete dentro de tu mente, que te deja paralizado y te hace perder el control y la voluntad. Ese es el poder que utiliza la casa para someter a sus habitantes. Y del que se sirve la serie para engancharnos, desde el minuto uno.

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