'Black Mirror', una fábula moderna

Érase una sociedad hechizada por el poderoso influjo de la tecnología; una sociedad que ha sucumbido al progreso, perdiendo sus valores por el camino. Érase un mundo donde los mass media y los social media marcan el tempo y determinan nuestras actitudes, modelando, incluso, nuestro sentido de la ética. Este es el escenario que nos retrata 'Black Mirror', una crítica demoledora en forma de miniserie que remueve conciencias y deja un poso que lleva tiempo digerir, y que se podrá ver esta noche en TNT.

Y detrás de ella, un nombre, Charlie Brooker y un canal, Channel 4. El primero es el responsable de 'Dead Set', un magistral ejercicio de metatelevisión, que narra un apocalipsis zombi estableciendo como escenario principal la casa de 'Big Brother' y para el que contó incluso con algunos de los concursantes reales entre su reparto. Por su parte, Channel 4 es el canal generalista británico que gracias a su apuesta por una ficción tan osada y tan impactante, ha revelado (y demostrado al resto de televisiones) que hay una audiencia dispuesta a respaldar propuestas como ésta. ¿Podemos presumir, entonces, inteligencia y buen hacer en la adquisición de la miniserie por parte de Mediaset?

Lo que hace 'Black Mirror' es retratar la sociedad 2.0 en un futuro cercano, una distorsión de nuestro presente en la que se han traspasado ciertas líneas y se han sacrificado valores en pos de esta "carrera tecnológica". El desconcertado espectador se enfrenta así a una distopía de su propia realidad, la que ya está viviendo, en la que se le advierte, en forma de fábula audiovisual, de los peligros que pueden derivarse de la omnipresencia de las pantallas negras. Nos presenta este presente-futuro como un espejo, para que nos miremos en él y seamos conscientes de cómo nos estamos deshumanizando. Y lo hace a través de tres historias autoconclusivas e independientes, pero que defienden el mismo mensaje y en las que siempre subyace una historia de emociones humanas.

En The National Anthem desmonta todas las cábalas que puedas haberte hecho a partir de lo que has leído de la serie en tan sólo cinco minutos: el secuestro de la princesa Susannah (una versión actualizada de princesa del pueblo) moviliza a toda la nación. Su libertad dependerá de que el primer ministro británico cumpla con las condiciones exigidas por sus captores y cometa un acto reprobable y repugnante, que debe ser emitido en directo en la televisión nacional. Es el punto de partida que utiliza Brooker para ilustrar el poderoso impacto de la imagen, que modifica nuestra propia escala de valores (no podemos apartar la vista, aunque nos llegue a repugnar lo que vemos y sepamos que es indigno) y cómo las redes sociales amplifican el efecto que pueda tener una historia sobre los ciudadanos e incluso modifican el curso de los acontecimientos.

La historia de 15 Million Merits se ambienta en una realidad distópica que recuerda en cierto modo a una revisión del Gran Hermano de Orwell, solo que aquí los humanos se someten voluntariamente al gran ojo: los cientos de pantallas que rodean a un grupo de personas que parecen vivir -no se explica exactamente si es la única realidad- internados en un gran centro de ocio tecnológico. Allí pasarán sus días pedaleando sobre bicicletas estáticas para conseguir los créditos que les permitirán participar en un talent show, su única meta en la vida. De nuevo, los entresijos de la televisión dentro de la televisión. Por algo Brooker es crítico televisivo.

La trilogía se cierra magistralmente con The Entire Story of You, la historia dramática de una pareja devorada por los celos y la desconfianza, debidos en parte a la capacidad de almacenar sus recuerdos que tienen los humanos en esta nuevo escenario distópico de Brooker. Las vivencias -dolorosas o satisfactorias- pueden ser rememoradas una y otra vez. Nada queda en entredicho porque todo está registrado. Lejos de facilitarles la vida, esta tecnología somete a sus protagonistas, que se convertirán en esclavos de sus propios recuerdos porque nunca podrán pasar página, sin más; de nuevo, la mirada inquisitoria sobre las posibles consecuencias de la omnipresencia tecnológica en esta era digital.

El mensaje queda claro. De hecho, es tan contundente, que lo que no se ve es casi tan perturbador como lo que se permite ver. Brooker nos deja sobre la mesa varias cuestiones y casi nos las tira a la cara: ¿Hacia dónde nos dirige la tecnología? ¿Qué podemos esperar del futuro? ¿Estamos ya atrapados en la red de pantallas negras? ¿Qué imagen nos devuelve nuestro reflejo en este espejo? En mi opinión, Charlie Brooker trata de enfrentarnos a nosotros mismos, tal vez para darnos un toque de atención y que nos replanteemos qué haríamos si fuéramos espectadores en The National Anthem, ¿apagaríamos la televisión asqueados o sucumbiríamos a la poderosa atracción del morbo? ¿Qué ocurriría si pudiéramos tener el control sobre nuestros recuerdos? ¿Podríamos manejarlo o nos controlarían ellos a nosotros? 'Black Mirror' está hecha por y para la provocación; es una serie necesaria que te removerá por dentro, te angustiará, te emocionará, te impactará y se te enganchará a las entrañas. Imprescindible, no, lo siguiente.


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