El Reencuentro: un 'déjà vu' infinito

Anoche, viendo 'El Debate’ de ‘El Reencuentro’, tuve un déjà vu. Chari, cual vampiro emocional, chupaba toda la energía de Rubén hasta dejarlo seco. Pero no es que mi mente quisiera hacerme creer que eso ya lo había vivido, como parte de una ilusión. Es que YA lo había vivido, ya lo hemos vivido y en realidad nunca hemos dejado de hacerlo. Porque entre ‘GH 12’ y este nuevo experimento al que después de darle más vueltas que Tamara a su nombre artístico, han dado en llamar ‘El Reencuentro: diez años después’, sólo ha habido un breve impasse para que Chari recogiera los frutos cosechados con su portada de Interviú y su suegra se paseara por los platós de La Fábrica de la Tele cual miembra de la Academia de la Lengua defendiendo su concepto de “suelta”.

Y aunque este “nuevo” formato parecía apetecible y despertaba nuestra imaginación haciéndonos pensar en pérfidas combinaciones de exconcursantes, una vez más, Telecinco vuelve a evidenciar sus problemas con los cásting. E ilustraré mi teoría con unos ejemplos, al azar: ¿Cómo se coló Esther Aranda en OT? ¿Cómo es posible que en un ‘Gran Hermano VIP’ –very important people- se cuele gente a la que no conocen ni en su casa a la hora de cenar? ¿Con 500 posibles candidatos, qué hace Coyote Dax en ‘El Reencuentro’? Se nota que sólo son los segundones de los verdaderos protagonistas.

Y es que al final todo esto no es sino una continuación agónica de Gran Hermano. Porque Telecinco es muy dado a explotar y aprovechar sus productos más rentables. El año pasado lo hicieron con Arturo e Indhira. Ahora le toca el turno a los gaditanos y su desequilibrada relación de ¿amor? Para muestra, dos botones. Primero fueron –qué casualidad- los favoritos del público, y por tanto intocables.

Ahora, con su expulsión disciplinaria después de que Chari se trastornara del todo y se agredieran mutuamente con toallas de destrucción masiva, siguen acaparando el protagonismo y asegurando la audiencia al programa. Indhira y Arturo nos ofrecieron el mismo show el año pasado. ¿Otro déjà vu? La única diferencia es que en lugar de vasos de agua cargados por el diablo y lasañas voladoras con muy mala leche, ahora hay amagos de bofetadas y agresiones textiles. Me llama la atención que la dirección del programa no los expulse de inmediato, si tan graves son los hechos, y les deje explayarse de esa forma: más de diez minutos -y eso sin contar con que el vídeo pueda estar editado- dura la secuencia completa de la bronca, tiempo suficiente para que la cosa pudiera haber ido a mayores.

Salden sus cuentas pendientes, pero sin salpicar

El verdadero problema de este programa no es de forma, es de fondo, por eso Jordi (¡qué grande eres!) González tiene que esforzarse constantemente en justificar la existencia de este formato y recordar su leit motiv: saldar cuentas pendientes. O, en el caso de Chiqui y Sofía Risto, “vivir una convivencia más plena”. O la verdadera intención que se oculta bajo una pátina de corrección y compostura: alimentar los rumores de una relación amorosa entre ambas que dieron que hablar tras su participación en ‘Supervivientes', aunque esta trama se les vino abajo el primer día. Megafail. Pero al avispado espectador de Telecinco, con una formación de diez años en telerrealidad, no se la clavarán jamás. Él sabe cuál es el objetivo principal. Como decía Joshua con su robótica voz en ‘Juegos de Guerra’: “ganar el juego”; llenar horas de parrilla con vídeos polémicos, edredoning y broncas. Con el vídeo de la toalla agresora ya tienen aseguradas unas cuantas semanas de audiencia.

Porque “cuentas pendientes” es sólo un eufemismo de mal rollo guionizado. No habrá perdón, ni catarsis. Nos venden puro humo, las buenas intenciones son sólo una forma de burocracia televisiva. (Qué curioso… ¿No es esto lo que hacen continuamente en ‘Sálvame’?) Tampoco se han molestado mucho en ocultar sus intenciones. Con Chari, Rubén y Saray pretendieron crear un triángulo amoroso en base a un no beso que al parecer se dieron (o no) el totito de Cádiz y la ex señora bobarda. Sin embargo, una vez más la realidad supera a la ficción, porque, como hemos visto, Chari no necesita a nadie para convertirse en el Jekyll de los celos. Ella solita se crea sus propias tramas. Yo recomendaría a Telecinco que la metan en ‘La Caja’, aprovechando este ramalazo de creatividad que les lleva a fusionar programas: lo mismo le hacen un ‘Cambio Radical’ a Paqui ‘la coles’ –la suplente de Belén Esteban- que se sacan de la manga este reality de realities.

Carnaza fresca

Con las nuevas parejas de exconcursantes de 'La Casa de Tu Vida', me he demostrado a mi misma que tengo pasta de guionista telecinquera. Ya lo preví (como tantas otras personas) porque era la combinación más jugosa. Las rubias fueron compañeras de concurso y después hicieron trizas su amistad en el saloncito de 'A tu lado' (prehistoria de 'Sálvame'). Probablemente tuvo mucho que ver que una de ellas le birlara el novio a otra de las concursantes en su cara. Ahora han reunido a los cuatro de nuevo en la casa y han demostrado que todos tenemos un precio. Por 60.000 euros son capaces de revivir esa historia tan sórdida y a la vez tan triste. ¡Pero tan rentable para la audiencia!

A la sombra de Gran Hermano

Lo que está muy claro es que ‘El Reencuentro’ necesitaba de este “escándalo” para recuperar los puntos de audiencia que ya había perdido en la segunda gala y de paso evitar lo que parecía inevitable: el aburrimiento al que nos abocaba desde su estreno. Sin embargo, polémicas aparte, esto no es ni será Gran Hermano, que es lo que verdaderamente triunfa, aunque se empeñen en intentar desprestigiarlo un poquito más cada edición.

Gran Hermano es el molde original, el programa de programas, el paradigma del éxito del formato reality del que salen estas copias baratas a las que han privado de todo lo bueno: gente anónima que poco a poco van descubriéndonos su verdadero ser, que se deja llevar por la magnificación, que si quieren tirarse un pedo aquí, se lo tiran. En estos experimentos no hay espontaneidad, ni siquiera esos vídeos de presentación que tanta vergüenza ajena nos provocan pero a la vez tanto nos gustan. En lugar de eso tenemos un programa que, con las nuevas incorporaciones para la prueba semanal -Tamara/Ámbar/Yurena/It y Pocholo, con pinta de homeless- camina por la delgada línea que separa la telerrealidad del bizarrismo.

El share se lo aseguran tirando de novedad y polémica: Rubén y Chari aún están frescos en nuestra memoria, aún despiertan el morbo de verles discutir y más aún si hay toallas mojadas e insultos de por medio. Las consecuencias de la actuación de Chari pueden ser épicas, sobre todo después de haber implicado a su exsuegra y tomarse la revancha por haberle llamado suelta. Después del reencuentro de ambas en ‘El Debate’, seguramente podremos verlas juntas de nuevo en cualquier plató de Telecinco, en un encarnizado debate sobre semántica, maltrato y otras cuestiones de actualidad.

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