I (punto) P (punto)

Lo de anoche en 'Supervivientes' llegó al nivel de, parafraseando a Mario Vaquerizo, “pantojismo exacerbado”. El retorno del pequeño del alma de la Pantoja no sólo dio al programa unos datos de audiencia con los que jamás habrían soñado -casi 4 millones de espectadores- y que ya hubieran querido para su biopic ‘Pantojil’ los de la cadena triste, sino que también sirvió de contexto para que I (punto) P (punto) y Telecinco volvieran a ajuntarse. Vasile no escatimó en mimos. Recibió a la tonadillera ramo en mano y mandó su mejor limusina para traérsela a los estudios de Fuencarral. Jorge Javier se puso tierno y pasó de ser la mosca en la sopa de Isabel Pantoja a convertirse en un adulador nato. Tan meloso estaba el ambiente que acabé echando de menos a Jesús Puente y su caravana de las reconciliaciones. Parecía que de un momento a otro oiría su voz nasal diciendo: “Bueno, bueno, bueno, Isabel, Jorge Javier dice que ha cambiado y te pide otra oportunidad”.

Lo de anoche en 'Supervivientes', fue un hito catódico en materia rosa. Se cerró un ciclo. Isabel asegura perdonar, pero no olvidar. ¡Y tanto! Nosotros tampoco olvidamos que la que ahora es tratada en Telecinco como La Gran Artista Isabel Pantoja, fue, en la prehistoria de la cadena, I (punto) P (punto), el blanco (o el rojo) constante del ‘Tomate’, el programa que, según aseguraba una versión 1.0 de Jorge Javier, “Isabel Pantoja no hubiese querido nunca que hiciésemos”. Corrían los años del “dientes, dientes”, el Caso ‘Malaya’ y la corrupción de la memoria de Encarna Sánchez.

Pero anoche todo fue distinto. Todo era buen rollo y cordialidad. Era Isabel, la madre. Y no la presunta, no I (punto) P (punto). No oscura, siniestra, mala… Volvieron a tirar del vídeo de Kiko (en calidad de Paquirrín) cantando ‘Mi pequeño del alma’, que empieza a ser más cansino que Pretty Woman. Pero sirvió de pretexto para perpetrar un homenaje hortera a la madre y su pequeño con su piel de canela. Da la impresión de que en España sólo hay dos madres: Belén Esteban e Isabel Pantoja. La realidad es que todas MA-TA-MOS por nuestros hijos y les queremos mucho, aunque no reventemos el récord guiness de tequieros consecutivos. De todas formas, la cosa debía ir de madres, porque en los cortes de publi promocionaban ‘Bambi’ remasterizada. Momento que aproveché para zappear y descubrir, en el Canal Bio, a Chuck Norris asegurando que 'Walker Texas Ranger' no era una serie no recomendada para niños. Que a pesar de su violencia, tenía unos valores buenísimos. De lo de bajarse capítulos de 'Lost' en casa de Ramoncín, nada de nada; leyendas urbanas.

De vuelta de publi, más de lo mismo. El pantojismo se había hecho dueño de la escaleta. No había tiempo para más: Tamara Gorro, que se había retirado del concurso en las mismas circunstancias que Kiko, no tuvo entrevista. Aída no pudo discutir con nadie. Reyes Estévez se preguntaba en qué momento se dejó confundir por el título del programa, creyendo que todo esto iba de ser un tío deportista, válido para la isla, útil para la supervivencia del grupo. El pobre no sabía que bastaba con ser Toni Genil. O Kiko Rivera. Ser popular. Dar juego. El trato de favor fue evidente, tanto, que parecía que todo este tinglado sólo se había montado para fichar a la Pantoja, que acabó incluso ofreciendo un unplugged.

A todo esto, echaron a Montalvo y dejaron a Toni en la isla. Todo muy lógico. Toni Genil, que, ojo, lleva camino de convertirse en Jacob y quedarse para siempre protegiendo la fuente sagrada de los cocos de la isla.

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