Ya no quedan boy scouts

Tal vez es eso lo que les faltó a los chicos del maíz. Más campamentos de los de hacer nudos y explorar, más veranos en casa de la abuela. Más atención. No sabemos en qué momento se salieron del camino para meterse en ese atajo oscuro, pero sí sabemos que un reality no va a cambiar sus vidas a largo plazo.

Después de ver anoche el retorno de este show, más que campamentos para ex internos de reformatorio, yo haría un ‘Especial Supernanny’ con regresión infantil incluida, para enseñarles qué es un límite. Ese parece ser el problema, y hasta ello mismos lo saben. Pareciera que nunca superaron esa etapa de los dos años, cuando los niños retan a los padres para ver hasta dónde pueden apretar. Los chicos de ‘El Campamento’ siguen apretando.

Sorprende el optimismo de algunos padres que, después de enseñarnos cómo sus hijos revientan todo lo que se les pone por delante, les amenazan puño en alto y les roban en su cara para pillar porros, después de estas escenitas previamente planificadas en una escaleta, nos dicen: “creo que se me está yendo de las manos”.

Lo curioso es que alguno de los supuestos comportamientos que deben aprender a moderar, más que propios de un delincuente juvenil son de un juvenil a secas. “¿Obsesión por la imagen? ¿No le gusta respetar las normas? Vaya, parece que tenemos un adolescente rebelde de los de toda la vida que necesita un poco de disciplina”. Para ello, qué mejor que un Teniente-Coronel del Ejército de Tierra, que así, todo rotulado, da mucho cague.

Aunque nuestros adolescentes campistas no tienen miedo de nadie. Si acaso de la luz del sol, porque en cuanto les quitan las gafas se derrumban, tan malotes que parecían. Claro que el argumento de la violencia y la conflictividad pierde peso cuando necesitas de una cabecera para escenificarlo, en plan raperos del Bronx, aunque en algunos casos parece más un anuncio de “Otoño en La Planta Joven de El Corte Inglés”. Ojo, no digo que no sean violentos en su día a día. Lo que digo es que montar semejante circo para, supuestamente, ayudar a unos chavales a reformarse, no es justificable en ningún caso.

Los vídeos de presentación de 'Gran Hermano' han degenerado y se han convertido en eso que vimos ayer en Cuatro. Las escenitas domésticas, según @pgaguado se ha apresurado en asegurar en twitter, no están guionizadas, al igual que el resto del espectáculo que presencié ayer, atónita. Supuestamente, no hay manipulación; eso será si obviamos el hecho de que provocar a alguien para sacarle de sus casillas y tener así unas buenas tomas de portazos, insultos y amenazas, es, a todas luces, manipular, crear una situación. Guionizar, al fin y al cabo.

Si los profesionales que participan en el programa quieren que nos tomemos en serio su trabajo, ellos deberían tomarse en serio el suyo. Tal vez el resultado hubiera sido más digno si lo hubiesen envuelto con otra capa, algo más tipo reality-reportaje (pero en ningún caso tomando a Samanta Villar o a Adela Úcar como referentes). Otorgarle la seriedad de la que presumes, y no pensar únicamente en el producto final, en cómo dar juego (y audiencia). Sí, es televisión; de eso se trata. Pero entonces, ¿a qué viene tanto numerito? Si realmente ésta es su última oportunidad en la vida, como reza la promo, triste destino depender de la audiencia de un reality-show.

Entre los niños histéricos de ‘Supernanny’, los insoportables teenagers de ‘S.O.S adolescentes’ y los rebeldes sin causa de ‘El Campamento’, Cuatro va a ser la responsable directa de una caída de la natalidad en nuestro país. ¿Quién va a querer traer a un delincuente en potencia a este mundo?

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