'Alcatraz': 10 horas de mi vida que nadie me devolverá

Lost solo hay una. Y ya va siendo hora de asumirlo. Llevamos 2 años oyendo milongas sobre distintas series a las que proclaman como sus herederas pero al verlas llega la decepción. Y Alcatraz está metida en ese saco, por muy producida que esté por el propio J.J. Abrams (creador de la isla más famosa de la historia de la televisión).

Para empezar, Alcatraz falla en lo más elemental: el piloto. Y si el capítulo inaugural decepciona, malas cartas… El argumento es un refrito de los desaparecidos de Los 4400, con la divisiónFringe y la isla deLost. No aporta nada novedoso y plantea una serie de preguntas cuyas respuestas deberíamos estar ávidos por conocer, lo cual no sucede, principalmente a causa de quienes nos las plantean.

Y es que el casting del show de la FOX es su otro gran punto débil:

• Sarah Jones, su protagonista, es floja, sosa y no despierta ningún sentimiento en el espectador, ni positivo, ni negativo, siendo uno de los personajes más insípidos que he visto en los últimos años.

• Jorge García hace de lo único que se le da bien: friki bonachón. De hecho, si nos dicen que está interpretando a “Hurley” dePerdidos cuando regentaba una tienda de cómics, nos lo creemos. Tiene un registro, está encasillado y no parece que vaya a evolucionar mucho como intérprete.

• Sam Neill es la gran decepción. Un actor de larga trayectoria que ha desaprovechado un personaje muy jugoso sobre el papel, un antihéroe con un lado muy oscuro, realizando una interpretación digna de un principiante sin talento, con miradas intensas en momentos que no vienen a cuento o caras inexpresivas que no sabes si quiere expresar odio, amor o que le molesta un juanete.

Por el contrario, los secundarios son el único oasis en esta larga travesía por el desierto que supone Alcatraz. Sobre todo el magistral personaje del alcaide, que debería haber tenido más minutos e incluso algún capítulo monográfico dedicado a él.

Y como amarga guinda a este malogrado pastel, la season finale. Ni usando una vistosa persecución automovilística a modo de fuegos de artificio para distraer al espectador, consigue dejar buen sabor de boca. Las primeras respuestas que nos dan a las preguntas que se plantearon a principio de temporada son decepcionantes. Lo que se esconde tras la misteriosa puerta de la isla es cutre y parece sacado de los decorados de una película de Ed Wood. Y el cliffhanger que debería haber dejado a la audiencia deseosa de la llegada de una segunda temporada… lo habría conseguido si los espectadores hubieran establecido algún vínculo emocional con los protagonistas.

Los datos no engañan

Tanto en Estados Unidos como en España ha perdido más de la mitad de los televidentes desde el estreno al último capítulo emitido (de 10 millones a menos de 5 en USA y de 2 millones a algo más de 800.000 en La Sexta). Se antoja complicada la renovación, y si la consiguiera, se debería dar un giro a la trama como el que se hizo en la tercera temporada de Fringe. Pase lo que pase, cuando nos vuelvan a hablar de Alcatraz no nos vendrá a la cabeza ni J.J. Abrams, ni Jorge García, sino Sean Connery, Nicolas Cage y las ya clásicas reposiciones de La Roca.

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