'The Fades': terror con denominación de origen

Tras Sherlock y Black Mirror, The Fades (BBC 3) es otro de los claros ejemplos de serie británica de calidad de los que estamos disfrutando en los últimos tiempos. Su mayor fallo, el primer capítulo, es flojo y no está a la altura del resto. Pero si se le da una oportunidad, a partir del segundo se descubre una atractiva trama que te mantiene enganchado hasta el último de los seis episodios, siendo el corto número de entregas el mayor acierto de la serie (condensando lo que en Estados Unidos convertirían en una interminable temporada de más de 20 aguados capítulos).

Con motivo de su estreno en España este miércoles en Syfy y de la visita a Madrid de una de sus actrices, Natalie Dormer (Los Tudor, Juego de tronos), hablaremos del argumento, que es sencillo pero interesante: los Fades son almas que, tras no ascender al cielo, vagan por la tierra hasta que deciden adquirir forma corpórea y atacar a los humanos, de los cuales están obligados a alimentarse.

Se echaba de menos una buena serie de terror. No hará que el espectador se esconda tras una manta, temeroso de lo que va a salir en pantalla, pero supera con creces los sustos edulcorados a los que nos tienen acostumbrados la fauna de series como Supernatural o True Blood. Tiene una estética muy bien definida y conseguida, sobre todo el oscuro entorno en el que se desenvuelven los Fades, donde la excelente iluminación juega un papel vital. Recuerda a las alcantarillas donde habitaban los vampiros de Blade II, aquellas escenas tan excelentemente ambientadas por Guillermo del Toro.

A todo aquel neófito en lo que a series inglesas se refiere, puede chocarle la personalidad de los protagonistas y cómo interactúan entre ellos. Son individuos introvertidos a los que les cuesta expresar sus sentimientos. Cuando hablan, en multitud de ocasiones ni se miran y permanecen largos lapsos de tiempo juntos sin dirigirse la palabra. Actitudes que en nuestra sociedad chirrían, pero que conforman la imagen del joven inglés de clase baja que nos han transmitido las producciones británicas de última hornada.

Hay escenas en las que uno incluso se distrae del argumento descentrado por la actitud de los personajes; sucede sobre todo con Mac, un friki que puede llegar a irritar al espectador al nivel del Rudy de Misfits, pero que a la vez protagoniza alguno de los momentos más brillantes de la serie.

Obviando los efectos especiales de mercadillo, el último episodio acaba con un final trepidante que deja con ganas de más. Sin embargo, el mes pasado se hacía público que no habrá segunda temporada de The Fades. Para consolarnos, podríamos aferrarnos al refrán de “lo bueno, si breve dos veces bueno”. Aunque en este caso soy más partidario de otros como “siempre se van los mejores” o “pagan justos por pecadores”, ya que la próxima temporada no podremos disfrutar de producciones tan buenas como ésta o Awake mientras tenemos que seguir aguantando renovaciones de bodrios como Girls o Glee

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