El fútbol ya no lo aguanta todo

Hubo un día en el que pareció que el fútbol lo aguantaba todo. La mala gestión, el despilfarro, la falta de coherencia… Pero afortunadamente no es así, es cierto que aún existe más tolerancia que en otros aspectos de la sociedad, pero los malos actos parece que no quedan impunes.

Lejos de querer juzgar nada, llama la atención lo sucedido en la última semana en el seno del Fútbol Club Barcelona. Me cuesta hablar de todo lo que se aleja del terreno de juego, lo verdaderamente apasionante de este deporte, y creo que el mejor favor que se le puede hacer al fútbol es resaltar los valores que provienen del verde, de lo que representa un club para su masa social, su historia y todo aquello que por desgracia está perdiendo vigencia en el Periodismo deportivo generalista, en algún sector de las hinchadas y en el público de a pie, que por culpa de corruptelas varias está perdiendo la fe en un deporte maravilloso.

La denuncia de un socio del club, que cuestionó las cifras presuntamente oficiales del costo del fichaje de Neymar el pasado verano, terminó derivando en una tormenta que de momento se ha cobrado la primera víctima en la persona del Presidente de la institución, Sandro Rosell, que presentó su dimisión irrevocable. Su segundo de a bordo y Vicepresidente, Josep María Bertomeu, es el nuevo Presidente.

En este artículo no pretendo juzgar nada, entre otras cosas porque me faltan elementos de juicio y conocimiento real del caso en profundidad. A lo que sí está obligado el Barcelona es a conocer su historia y activar los mecanismos para que el club no se vaya a la deriva. Bertomeu “debutó” como Presidente en partido oficial ante el Málaga el pasado domingo. Sonriente, se fotografió con varios aficionados que se acercaron al palco, intentó transmitir tranquilidad y estabilidad institucional. Me parece correcto e inteligente.

Lo que no me parece tan recomendable es comenzar a lanzar dardos envenenados para desviar la atención, dardos que por supuesto aprovecha el Periodismo, ávido de nuevos elementos que prolonguen la historia y, si es posible, la encarrilen vía puente aéreo, hacia Madrid. Si todo este asunto concluye en una nueva batalla política, periodística y social entre Barcelona y Madrid, lo que más divierte en este país nuestro, será imposible extraer conclusiones en uno u otro sentido. Los favoritismos y el “bufandeo” entran a escena y convierten la misma en algo grotesco, en una polémica ficticia que desvía la atención y perpetúa la polémica en el tiempo.

Es muy sencillo, que actúe la justicia, porque si dejamos de creer en ella no hay nada que hacer. Pero no convirtamos al fútbol en el muñeco del pim pam pum. Retire o no la querella el socio Jordi Cases, la justicia puede proseguir con la investigación, ajena a todo el ruido mediático e interesado que rodea el tema. No juzgo a Rosell ni a su Junta Directiva, para eso hay otras personas mucho más preparadas y con toda la información en sus manos. Mi intención es alejar al fútbol de todo lo que le hace un daño irreparable.

En lo deportivo, el equipo parece al margen de lo que sucede en la directiva. El pasado domingo se celebraron los 700 partidos de Xavi Hernández con la camiseta del club, números de otro tiempo. Xavi o el capitán Carles Puyol personifican la mejor imagen que puede proyectar el club hacia el exterior y a eso se debería agarrar la masa social. Desde ellos se puede volver a construir todo. Una vez más, y no sé cuántos ejemplos van, desde el césped se cuida mucho más un deporte del que desde fuera vive mucha gente en los clubes, en el Periodismo, en las aficiones, en la política… Gente que obra bien y otra que no tanto…

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