'Agent Carter' 1X07 Review: una aplastante derrota

Por Alfredo Díaz Piedra

El capítulo anterior, como viene siendo la tónica general de la miniserie, nos dejaba asuntos pendientes, nos hacía creer que lo que habría de avecinarse en el siguiente sería prometedor. Y no ha defraudado en absoluto esas expectativas dicho capítulo, es decir, el de esta semana, pues los acontecimientos acaecidos dentro de las oficinas del RCE en este último episodio han sido, sin dar rodeos, gordos, y también ciertamente tristes.

(¡¡Ojo, spoilers!!)

Dr. Ivchenko, alias Dr. Fausto

Fue un descuido por mi parte no advertir que ese "psicólogo" que en el último capítulo ya había conseguido adentrarse en el RCE y ganarse la confianza de Dooley no era otro que el Dr. Faustus. Desde el despacho de Dooley se comunica por morse con Dottie, la implacable asesina rusa, sin levantar la más mínima sospecha.

En el otro extremo de las oficinas, Peggy y Jarvis, que acude al lugar tratando de rescatarla, y es detenido también, son los únicos que logran descubrir esa comunicación. A partir de ese momento, el capítulo adquiere un ritmo trepidante.

Leviatán, por lo visto, y sea quien sea, llegaría en noventa minutos. Peggy y Jarvis han de persuadir a Dooley, Sousa y Thompson de dicho advenimiento, cosa nada sencilla pues ambos son, a todas luces, los culpables que llevaban buscando todo este tiempo. Para que se fíen de su palabra, Peggy les relata toda la historia acontecida hasta el momento, e incluso les cuenta, y les muestra cómo Stark la engañó con respecto al contenido del recipiente esférico que ella guardaba en su habitación. Con todo, al único al que logra convencer es a Sousa. Por suerte esto resulta ya suficiente para que Dooley mande hombres a buscar a la supuesta asesina que se está comunicando con Ivchenko desde el edificio de enfrente. Varios agentes cruzan la calle, cosa que Ivchenko advierte.

Así, mientras Sousa, Thompson y otros agentes van en busca de Dottie, el buen doctor se mueve rápido, y termina de controlar a un Dooley que ya parecía estar bajo su influjo desde el capítulo anterior. Ivchenko ya sacó de otro agente la información sobre a dónde debía ir a buscar: el laboratorio, donde varios científicos averiguaban cuanto podían de los inventos recuperados. Bajo hipnosis, Dooley encierra a Jarvis y Peggy en la sala de interrogatorios, para que no resulten una molestia, y va con Ivchenko al laboratorio. Una vez allí no tardan en hallar lo que el psicólogo hipnotizador iba buscado, que no es, como cabría pensar, el famoso vial de sangre, sino el misterioso Objeto 17.

Al otro lado de la calle, Sousa y Thompson, sabiendo que toda precaución es poca ante la posibilidad de encontrarse cara a cara con la asesina rusa, pues una niña similar casi había logrado acabar con ellos en su misión en Rusia, avanzan por los pasillos del edificio. Es el agente Sousa el primero en toparse con ella, y a pesar de su discapacidad (si no lo hemos mencionado hasta ahora, lo sentimos y lo advertimos: va en muletas por una herida sufrida durante la guerra) logra salir airoso de su enfrentamiento con ella, que huye al ver cómo él alcanza su revólver. Consigue huir del resto de agentes tras una impresionante maniobra de descenso de escaleras estilo parkour años 40 que deja a sus perseguidores anonadados.

Peggy y Jarvis consiguen escapar de la sala de interrogatorios echando el cristal abajo, se encuentran con Thompson, que los libera: después de su encuentro con Dottie la versión de Peggy se corroboró, ya saben que es de fiar. El problema es que en el lapso que han estado unos fuera, y otros encerrados, Ivchenko ha tenido tiempo de, con un Dooley sumiso a su voluntad, entrar en el laboratorio, robar el Objeto 17 y huir, dejando además un problema de regalo que mantenga a los agentes ocupados...

Un adiós importantem y una promesa por cumplir

...Y es que en el laboratorio descubrió otro invento, una especie de chaleco-armadura, un prototipo inacabado e inestable, y que descubrimos que acaba enfundándose el bueno de Dooley, que aparece en su despacho, dormido. Despierta cuando toda la agencia se percata de lo que ha pasado y lo ven con el artilugio puesto y dormido sobre su mesa.

Jarvis conoce el funcionamiento del chaleco y no tiene buenas noticias: es un prototipo altamente inestable y peligroso, pues se sobrecalienta y acaba provocando una explosión. Los científicos de la agencia están perplejos y no tienen ni idea de cómo cortar el proceso de calentamiento. Ante esa perspectiva, Dooley toma una decisión por motu propio: se hace con la pistola de Thompson, y entre lágrimas, a modo de despedida, hace prometer a Peggy que atraparán a los responsables de todo aquello, cosa que ella, aunque duda, seguramente impactada ante la situación, termina prometiendo.

Tras esa promesa, a modo de despedida, el jefe echa a correr, dispara contra las ventanas y salta edificio abajo segundos antes de que el chaleco hiciese explosión, salvando así a toda la oficina, y seguramente a gran parte del edificio.

Los fugitivos Ivchenko y Dottie, tras conseguir huir de la agencia, prueban la eficacia del misterioso Objeto 17. Ella entra en una sala de cine, y deja el artilugio allí, camuflado dentro de un carrito de bebé. Sale, y ambos atrancan las puertas de la sala, al tiempo que las personas de dentro comienzan a inhalar un gas. De repente todos parecen volverse locos de ira, y sin ton ni son empiezan a matarse unos a otros. Para cuando una acomodadora abre la sala, todos los asistentes a la sesión están muertos. ¿Será ese misterioso invento la razón de la matanza de Finow de la que tanto hemos oído hablar a lo largo de la serie? Seguramente. Veremos si el próximo, y último capítulo nos revela dicho misterio.

Y mientras, a los buenos los despedimos esta semana con un sabor muy amargo. Resulta este séptimo capítulo una aplastante derrota para la RCE, no solo porque hayan dejado escapar a los malos, sino por la muerte de su jefe, uno de los protas hasta ahora.

Y a nosotros también ha de darnos algo de pena: si bien él era el jefe de la agencia que menospreciaba el talento de Peggy, también de forma puntual demostró no tener la mente cerrada, y confió en ella cuando tuvo motivos suficientes para hacerlo. Por algo a última hora es a ella a quien hace prometer que cogerán a los responsables de su sacrificio. Solo cabe esperar que en este último capítulo que se nos avecina, la agente Carter logre cumplir con su promesa, y vengue a su jefe.

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