'Agent Carter' 1x08 Review: hasta pronto con dudas resueltas y nuevas aventuras

Por Alfredo Díaz Piedra

Y llegó el final, el octavo y último episodio de esta primera temporada (y esperamos-suponemos que no única) de 'Agente Carter'. Hasta ahora, la serie no nos ha decepcionado en ninguno de sus capítulos, y hemos disfrutado de verdad de cada uno de los siete anteriores, repletos de acción, suspense, y con una ambientación fantástica, que convierte la serie en única.

Solo cabía esperar que este episodio final resolviera las dudas sueltas que aun teníamos, un gran desenlace y, con suerte, que se nos infundiera alguna duda más justo al final, que nos diera pistas de una posible continuación...

(¡Cuidado, SPOILERS!)

Un regreso esperado

La semana pasada teníamos que despedirnos para siempre del jefe Dooley, algo que nos dolió un poco, de modo que dar la bienvenida de nuevo a otro personaje genial como es el playboy de Howard nos alegra más de lo normal. Vuelve el hombre que montó todo el follón porque sabe que el desenlace es inevitable: el Dr. Ivchenko y Dottie han probado ya su gas, el Objeto 17, en un cine. El gas provoca una psicosis exacerbada y hace que las personas se maten unas a otras. De hecho, mientras revisaban el escenario de la masacre, Sousa accidentalmente lo inhala, y a punto está de matar a Thompson.

Recuperado al poco, junto con Peggy y Jack intenta averiguar los planes de Ivchenko (alias Johann Fennhoff), y es en ese momento, en la agencia, cuando el multimillonario, al lado de su fiel Jarvis, hace su reaparición. Al instante todas las armas de la oficina les apuntan, pero no tarda en explicar la visita a nuestro trío de agentes: quiere desvelar qué ocurrió realmente en Finow, que no fue otra cosa que un experimento con el gas robado. A Howard se lo robó un general del ejército (algo parecido le habían contado a Dooley capítulos atrás). Stark no pudo evitar esa masacre, pero quiere redimirse ayudando a la RCE a recuperar el gas. Parece que Fennhoff quiere vengarse por algún motivo de él, así que se ofrece como cebo para capturarlo: darán una rueda de prensa, esperando que eso capte su atención.

Un cebo, y un buen engaño

Mientras tanto, el dúo de villanos parece llegar a un hangar privado, pero justo en la radio el doctor oye la noticia de la rueda de prensa y cambia sus planes. Parece que la idea de atraerlo ha funcionado, pero no todo será tan sencillo.

Rueda de prensa, Thompson, a regañadientes, alabando a Stark, que está encantado con tanto halago forzoso, una multitud de periodistas escuchándolos, todo parecía correcto... Hasta que una bala pasa entre ambos, que parece que han tenido la suerte de sus vidas al evitarla. En medio del caos que se produce, Jarvis trata de evacuar a su jefe, y consiguen llegar hasta un coche de policía en un callejón, pero en cuanto se sube Howard el coche emprende la marcha. Se la habían jugado. La bala falló a posta, solo era una forma de provocar que a Stark lo evacuaran, pero se habían dado cuenta demasiado tarde y ahora el millonario iba directo a reunirse con Fennhoff.

Debían averiguar, y rápido, que planeaba el doctor, ¿para qué querría el gas? Seguramente para esparcirlo y que afectase a cuantas más personas mejor, pero Nueva York es muy grande, había miles de objetivos posibles... Entonces Peggy cae en la cuenta: aquel era el día del aniversario de la victoria aliada, y se iba a celebrar de forma multitudinaria en Times Square.

En su cautiverio, Howard es incapaz de recordar el nombre que Dottie le dio cuando meses antes lo embaucaba para descubrir sus secretos, cosa que a ella parece molestarla pues no para de golpearlo a cada intento fallido. Van de nuevo camino de aquel hangar, su plan nos parece claro ya: usar un avión para esparcir desde el cielo la toxina. Por suerte para nuestros protagonistas, Jarvis se da cuenta del plan de Fennhoff: hacer que Howard sea quien expulse el gas desde uno de sus propios aviones, hipnotizándolo, y sabiendo que necesitan dicho avión, no tarda en deducir su posible ubicación: un hangar lleno de cachivaches que su jefe ha conseguido ocultar todo este tiempo a la RCE.

El asalto final

Los buenos están ya de camino, pero Howard, atado a una silla, no puede evitar mientras tanto el clásico discurso del villano sobre por qué actúa como actúa. En este caso, Fennhoff desea vengarse de Stark porque en Finow tuvo que ver morir a su hermano. Una vez explicado esto, hipnotiza al millonario: le hace creer que usará el avión para recuperar el cuerpo del Capitán América.

Peggy, Sousa, Jarvis y Thompson llegan al hangar. Deciden que, por si no consiguen recuperar a Howard a tiempo, lo más sensato es que Jarvis (el único que sabría pilotarlo) tome otro avión, por si llegado el momento es necesario neutralizar al hipnotizado playboy. En otra parte, Peggy logra encontrar a la pareja de villanos, que están comunicándose por radio con su secuestrado. Cuando la ven, Fennhoff huye, pero no así Dottie, que se queda a pelear contra la agente Carter, una pelea que parece que estaba esperando ansiosa. Cuando parecía que tenía a nuestra protagonista contra las cuerdas, consigue con su cháchara típica de villana en plena pelea, cabrear a Peggy lo suficiente para que ésta consiguiese sacar fuerzas de flaqueza y en un último intento, derribar y tirar ventana abajo a su contrincante. Peggy se asoma por la ventana, y ve el cuerpo inerte de la agente rusa, ensangrentado. Había ganado ese asalto.

Por su parte Sousa y Thompson tienen que vérselas con Fennhoff., que consigue despistar al segundo y tumbarlo con una palanca. Sousa los ve y se acerca, apuntando al doctor, que trata de hipnotizarlo para que dispare a su compañero, que está en el suelo recuperando el conocimiento. Sousa se acerca cada vez más, hasta ponerse al lado de Fennhoff, Thompson está indefenso y parece que a punto de morir, pero en vez de dispararlo Sousa suelta un gancho al doctor dejándolo KO. Para sorpresa de Thompson, su astuto compañero había estado usando todo el tiempo unos tapones para evitar que Fennhoff lo hipnotizase.

Los dos malos ya estaban neutralizados, pero aun había que evitar que Stark, que cree que va rumbo a rescatar a su amigo el Capitán América, lanzase el gas sobre Times Square. Peggy trata de razonar con él por radio, traerlo de vuelta a la realidad, mientras el tiempo se agota y Jarvis, a sabiendas de ello, se impacienta. En una lacrimosa conversación Howard y Peggy expresan lo mucho que ambos echan de menos a Steve, y ella, en con unas palabras finales que bien parece que está aplicándose a sí misma, le dice a su amigo que tiene que dejarlo ir, que nunca volverá y ha de aceptar esa realidad. Sus palabras logran el efecto buscado y Howard vuelve en sí en el último suspiro, para alegría de Peggy y de Jarvis, que ya se veía derribando a su jefe.

Y, ¿fin?

Se acabó, los buenos habían ganado, y cuando Peggy entra en las oficinas del RCE al día siguiente sus compañeros la reciben con aplausos, sabiendo que acababa de salvar la ciudad. Thompson y Sousa también se lo agradecen, cuando entra en la sala un congresista otorgándole todo el mérito a Thompson, que se va con él, dejándose agasajar. Sousa se cabrea, pero no Peggy, ella no quiere la gloria, ya ha demostrado a sus compañeros su valía, ha ganado una batalla importantísima, y con eso le basta.

Más tarde, Jarvis y ella se despiden (¿de momento?), y éste le da, para que ella lo custodie, el vial de sangre del Capitán. El mayordomo se lo robó a su jefe, que lo cree extraviado en la batalla. Es un gesto de buena fe para con la que ha sido su fiel compañera en estos ocho episodios, y ella se lo agradece.. En la escena siguiente, derrama el vial al río, entre lágrimas, aplicándose para sí las palabras que le dijo a Howard sobre dejar ir a Steve. Un final triste y alegre a la vez: es una especie de despedida, de nuevo, entre la pareja, pero a la vez representa el paso de ella hacia adelante para seguir con su vida sin el Capitán...

... Pero aun falta una cosita más por ver, y es que como decíamos al comienzo, encontramos antes de irnos esa escena final, indicio de posibles aventuras futuras de la agente Carter. La escena en sí consiste en la entrada en su celda de Fennhoff, y de cómo su compañero se presenta, y le viene a decir de forma enigmática, que lo conoce, y que si quiere puede ayudarlo a escapar y seguir con su "trabajo". La figura sale de las sombras de la celda, y no tardamos en reconocer al enigmático preso: no es otro que Armin Zola, el peligroso genio y líder de HYDRA.

Nos despedimos así de las aventuras de la agente Carter, pero parece que no será un 'adiós', sino más bien un 'hasta pronto'.

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