'Anatomía de Grey' 12x12 Review: el secreto de la felicidad

Por Juan Carlos López Saez

Shonda se ha puesto nostálgica y ha tirado de flashbacks para demostrar que no siempre fue dura y cruel, y que hubo una Meredith llena de buen karma.

El episodio es mucho más ligero de lo que han venido siendo los anteriores tras el parón navideño, dando un respiro a los personajes y dirigiéndose hacía la comedia romántica que fue en sus primeros años.

(¡Cuidado SPOILERS)

El aprendizaje de Meredith

Hay ocasiones en las que viene bien echar un vistazo al pasado para valorar el presente, y en el caso de Meredith, una persona coherente llegaría a la conclusión de que su mayor error fue entrar a trabajar en el All Saints. Pero la protagonista solo piensa en su faceta profesional, y los errores de novata al reencontrarse a la que fue su primera paciente, que la recuerda como una pésima doctora que no sabía como desenvolverse en un hospital.

Meredith está obsesionada por demostrarle que no queda nada de esa novata, pero la paciente es de Amelia porque acude por un aneurisma. El anterior lo trató Derek, y en esta ocasión es mucho más complicado por su tamaño.

Mientras la paciente está en manos de Amelia y Edwards, que prometen a la paciente estar a la altura del difunto Derek Sheperd, Penny sirve de topo para que Meredith se entere de todo lo que concierne a la paciente.

Amelia en su anuncio de compresas

Poco queda de la Amelia que parecía un fantasma deambulando por el hospital, y es que como en el caso de Maggie, parece que el sexo es el secreto de la felicidad, y ahora que Amelia tiene a Owen en su cama, se ha olvidado de sus problemas con la bebida y con Meredith, llegando ambas a colaborar juntas sin reproches de por medio.

Y no solo en lo personal, el karma de Amelia está cargado del lado bueno porque la operación del aneurisma que parecía imposible de ejecutar sin que la paciente sufriera secuelas, sale a las mil maravillas y hace que deje de verse como la sombra de su hermano.

El acercamiento a Riggs

Mucho peor le va a Grey con su paciente de cáncer a la que cuando iba a dar de alta se le presenta una infección que complica su estado, y le obliga a pedir ayuda a Riggs, al que desprecia tras descubrir que llama charcutería a la morgue, considerándolo una falta de respeto hacia los pacientes.

Al trabajar juntos, Meredith comienza a considerar el dar una oportunidad a su nuevo compañero, y no se le ocurre mejor forma que pedirle que aclare la muerte de la hermana de Owen como forma de romper el hielo.

Por fin descubrimos que la muerte se produjo en un accidente de helicóptero en el que iba la hermana de Owen con su paciente, y el pelirrojo no perdona que Riggs respetara que el paciente era de su pareja y no suyo, por lo que no debía ser él quien viajara en el vehículo.

Tras la confesión, Riggs le deja claro a Meredith que es una cotilla y que no son formas de entrarle a una persona con la que no tienes apenas relación, ya que a él no se le ha ocurrido preguntarle por Derek nada más verla.

El aguafiestas de Webber

Webber me pone nervioso, y es que parece el Morgan Freeman de la televisión, yendo de mentor en todo momento aunque nadie le haya pedido su opinión. Y en está ocasión hay dos personajes que acaban algo hartas del veterano.

Por una parte, Webber descubrió el idilio de su hija Maggie y DeLuca, al que escoge como el interno al que formará personalmente, pero con la intención de asegurarse de dejarlo sin tiempo para sus aventuras sexuales con su hija.

Maggie descubre el plan de su padre atando cabos, y le pide de buenas maneras que deje respirar al chico para satisfacerla, y a cambio le invita a una cena. Habría sido interesante que Richard se negara y ver la reacción de su hija ante la idea de verse sin sus orgasmos diarios.

La otra es Arizona, que pidió a Richard que fuera su compañero de ligue para que la ayudara a escoger a las chicas con las que debía salir (esta trama no la entenderé jamás, pero supongo que es porque no sabían donde colocar a ambos personajes), y como Richard se aburre y se niega a jubilarse, comienza a actuar como un stalker con Arizona, quien le agradece que le ayudara a ser una golfa (lo dice ella textualmente) en lugar de volver a meterse en una relación formal, pero que no tiene que controlar cada paso que hace, ya que el sexo le ha devuelto la felicidad.

La bipolaridad de April

Y por último, volvemos con April tras el dramón de la semana pasada cuando acabó firmando el divorcio a la vez que se enteraba de que estaba embarazada. Tras montar el drama que montó, le han bastado unos días para volver a ser feliz por el embarazo, importándole un comino su matrimonio y Jackson.

Ni si ni no

Jo descubre que Alex guarda todavía su alianza de matrimonio, aquella que le dio en el momento que élla iba a decirle que estaba harta de que pasara tanto tiempo con Meredith, y que él vio como la ocasión perfecta para pedir matrimonio.

Cuando hablan sobre el anillo, él pide una respuesta pero Jo sigue sin saber que decir y lo evita.

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