'Anatomía de Grey' 12x18-19: las consecuencias del código rosa

Por Juan Carlos López Sáez

Descartadas las catástrofes naturales, los accidentes, y muertes del entorno de Meredith, Shonda ha jugado al quién es quién con sus personajes y ha escogido a un secundario al que hundir vilmente, durante un doble episodio, porque le das más emoción al asunto.

No es la primera vez que la resolución de un fallo médico centra la trama de un episodio, pero lo de esta semana ha sido un despropósito.

Situémonos: al principio del episodio se escapa un niño por el hospital, y como todos sabemos que hay poco movimiento en los hospitales, se activa un código rosa - se bloquean todas las puertas para que nadie entre o salga-. Y mi pregunta es: ¿Al que ideó este código no se le ocurrió que precisamente en un hospital podría dar problemas bloquear las puertas? Pues como Shonda también ha pensado en esto, nos muestra sus consecuencias.

(¡Cuidado SPOILERS!)

El precio de querer destacar

Warren, ese personaje que conocíamos solamente como el marido de Bailey, ya demostró hace unas semanas que lo de seguir normas en momentos críticos no va con él, y en este caso, se comporta como si Rambo asistiera un parto.

Warren tiene la constante obsesión de querer demostrar que ya está preparado y que no le hace falta estudiar porque fue enfermero durante unos años, tanto es así que aprovecha cualquier oportunidad para hacerse el héroe (parece que se ha equivocado de serie). Durante el bloqueo de puertas, Warren y DeLuca se encuentran atrapados ante las puertas del ascensor con una embarazada en su recta final, que acaba de sufrir un accidente y que está teniendo una crisis que hace peligrar su vida y la del bebé. Viendo que no pueden salir ni avanzar, Warren realiza una cesárea improvisada para sacar al bebé.

Justo en ese momento, aparece Bailey y ve a su marido ante un inmenso charco de sangre, y con el recién nacido en brazos

Entre el deber y el amor

En ese momento, Bailey intenta mantener la sangre fría, y ordena a Warren quedarse quieto y callado en su despacho mientras ella investiga que ha pasado para que tuviera que recurrir a eso. Y como si fuera Sherlock Holmes, Miranda recopila todas las versiones de los implicados y presuntos culpables, porque Robbins era quien tenía que ocuparse de la paciente.

Pero en el momento en el que Warren y DeLuca se fueron con la paciente, ésta estaba estable y solamente eran una prueba rutinaria, por lo que la presencia de Robbins no era necesaria.

Miranda busca con desesperación algo que salve a su marido de ser el culpable, y todo mientras la paciente y el bebé están en estado crítico a punto de fallecer, a la vez que el marido, que era quien conducía, parece haber perdido toda actividad cerebral, y se firma el contrato para no reanimarlo en caso de parada cardíaca.

Los vídeos de las cámaras de seguridad muestran como Warren y DeLuca dicen la vedad, pero también que antes de realizar el primer corte se abrió el ascensor, por lo que Warren actuó de forma errónea.

La paciente fallece en el quirófano, y el bebé no sobrevive, algo que desespera a Miranda por la gravedad del asunto, y acude a reanimar al marido para evitar que otra muerte se produzca en la malograda familia, a pesar de que Amelia le advierte que se ha firmado para no reanimarlo, pero contra todo prognóstico, el paciente despierta y podrá recuperarse.

Para no ser élla quien decida si Warren es o no culpable, Bailey pide a Meredith, Owen y Maggie que actúen como jurado para decidir como actuar ante un caso tan complicado. Tras las versiones de los implicados, y Warren declarando que no vio abrirse las puertas del ascensor, los tres deciden que fue un accidente, pero Bailey tiene que actuar como la directora que es y decidir el castigo de su marido.

La dura decisión

En un caso normal significaría la expulsión de Warren, sobretodo porque ya demostró anteriormente no seguir las normas, pero Miranda decide suspenderle seis meses para así no acabar con su carrera, pero esos seis meses le suponen a Warren retrasarse mucho en comparación a su compañero, y lo ve como el final de su carrera como médico, y puede que también de su matrimonio.

Se avecina otra guerra

Por su parte, Robbins anima a Callie a seguir la relación con Penny a pesar de que vayan a separarse por la beca, pero no ve venir que una enamorada Callie acabará decidiendo mudarse a Nueva York para estar con su chica, y eso conlleva que Sophia se marche con la pareja.

Tras ver su error y lo que supondrá, Arizona acude a sus abogados para impedir que Callie se lleve a su hija lejos de ella, poniendo en peligro la buena relación de la ex pareja.

La reconciliación

April y Jackson no llevan bien el error de élla al haber solicitado una orden de alejamiento, y les afecta a la hora de trabajar, haciendo imposible que ambos puedan intervenir al mismo paciente. Pero mientras busca el contrato prenupcial para poder atacar a April en el juicio por la custodia de su hijo, Jackson descubre que en el momento de firmar ese contrato ambos se querían, y decide recuperar ese sentimiento.

Cuando se lo hace saber a April, ésta no tarda en acercarse a Jackson y le coge la mano para que sienta las primeras patadas del bebé.

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