'La Caza' 2x03/4 Review: cambio de papeles en busca de más víctimas

Por Jesús López Reina

Stella Gibson parece que está ya a punto de dar por concluido el caso del asesino en serie de Belfast, a la espera de poder capturar a Spector. Sin embargo, las tramas se complican y parecen alargar el desenlace. A todo esto se suman coartadas por doquier y las ‘cazas’ carnales a las que nos tiene acostumbrados Stella. A este ritmo superará en ‘víctimas’ a Paul Spector…

La comisaria Gibson sigue centrada en dar con el paradero de Rose, algo que no da por perdido. Mientras que la cosa se ha complicado mucho más para Spector. Su matrimonio, que se tambaleaba en la cuerda floja, ha provocado que su mujer pierda la confianza y confiese ante la policía “toda la verdad”, es decir, lo poco que su mujer sabe y que le quita la coartada que le había proporcionado.

Coartada por novia

Sin embargo, el espaldarazo de su mujer queda sorprendentemente neutralizado por la coartada de Katie, la niñera, que deja cada vez más patente su debilidad por nuestro asesino, un punto débil que él ya conoce. Por tanto Katie afirma a la policía que estuvo en casa de Spector en la noche del último crimen y que estuvo acompañada por él en todo momento, hablando y escuchando música.

Tras dar la coartada, Katie hace saber a Paul que le ha dado la excusa que necesitaba como muestra de su amor, pero él dice que no necesita ayuda (cosa que todos sabemos que a estas alturas no es cierto). Pero la niñera le pide a cambio la verdad, una confesión sobre si él es el asesino o no, algo que inexplicablemente parece no impedir el amor que Katie siente por él.

Spector vuelve a hacer alarde de lo manipulador que puede llegar a ser, negando que es el asesino, que no tiene nada que ver con los crímenes, pero que quiere entorpecer la investigación porque nuestra comisaria es inglesa y no irlandesa, como si se tratara de dos aficionados del Madrid y Barça. Una vaga excusa, muy poco creíble también para la inteligencia del espectador, que con un poco de astucia logra hacer que Katie lo crea.

Cada uno busca a su víctima

Mientras tanto, para Gibson no es problema mezclar el trabajo con el placer. Siempre nos lo ha dejado claro, pero lo que no sabíamos era que estaba abierta a todas las ofertas en cuanto a sexo se refiere. En una cita con la patóloga del caso, Reed Smith, Gibson no duda en besarla en la boca para quitarle de encima a un moscón de discoteca que pretendía ligársela.

Un favor, que como suele ocurrir en estas circunstancias, lleva una cosa a la otra y finalmente las dos mujeres se ven frente a la puerta del ascensor del hotel dispuestas a consumar la tensión sexual en la habitación de Gibson. Este momento, que hubiese resultado memorable, no ocurrió ya que la patóloga se echó atrás antes de entrar en la habitación.

Decía memorable, porque hubiese sido una bomba que Gibson se hubiera acostado con su patóloga en su habitación del hotel mientras que Spector asiste como público, escondido dentro del armario, del que Stella parece no tener la necesidad de entrar ni salir. Y es que el psicólogo asesino ha violado la intimidad de la comisaria introduciéndose en su habitación, donde ha leído su diario secreto de sentimientos donde todo queda reflejado. Sin embargo, la entrada solitaria de Stella a la habitación hace que nuestro asesino se esconda, pero no queda sin un buen espectáculo.

Un minuto más tarde llama a la habitación (borracho) Jim pidiendo a Stella una noche de pasión, algo que a nuestra protagonista ya no le interesa y le golpea, mientras que Spector abandona de manera sigilosa la habitación para, después, que Stella descubra la presencia del asesino en sus aposentos donde ha dejado una nota en su diario con la que confirma que ya conoce todos sus secretos.

Por tanto, Stella Gibson tiene acorralado a Spector y Paul Spector tiene a Gibson asomada al precipicio de su intimidad al descubierto, algo que la ha convertido ahora en una mujer frágil.

Torpezas del asesino

Dignas de mención también son las apabullantes torpezas que tiene Paul como asesino, los guionistas se empeñan en mostrar que es un hombre meticuloso pero hay veces que nos echamos las manos a la cabeza... La última ha sido una prueba que Spector le ha propuesto a la niñera y que ésta ha aceptado de manera inmediata, que no es ni más ni menos que un allanamiento de morada en la casa de Paul, con foto final como prueba de que la prueba ha sido superada con éxito.

Una ineptitud si tenemos en cuenta que el asesino debería saber que la casa estará siendo vigilada por la policía y que la que comete el delito, en este caso, es la niñera que le da la coartada. Aunque al final Katie desconoce que ha sido descubierta, la policía la sigue y la identifica. Un punto menos para Spector.

Para terminar nos quedaremos con el final del último episodio emitido. Gibson se pone de nuevo a la caza echándole el ojo a otro agente, al que posiblemente pretenderá llevarle a la cama y la duda de qué ha hecho Paul Spector con la pobre Rose. Aún estamos sin noticias de ella, ¿sobrevivirá?

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