'Corazón que miente' Review Final: ¿Un nuevo ritmo para una vieja historia?

Por Betty M. Martínez

Ya he dicho en más de una ocasión que estoy bastante cansada de esa manía de Televisa de incluir por sistema palabras como corazón, amor o pasión en los títulos de sus telenovelas. Así que cuando empecé a ver ‘Corazón que miente’ lo hice con bastante recelo. De hecho, fue su elenco lo que consiguió que me sentase ante la pantalla. Hoy, setenta capítulos después, puedo decir que no me arrepiento del tiempo invertido en ver esta historia.

Desde luego no han descubierto la pólvora porque la historia es de lo más manida, pero la forma de contarla sí ha tenido un aire diferente. Ha sido lo suficientemente corta como para no saturar a la audiencia con giros y regiros sin sentido y lo suficientemente larga como para dejar cerradas todas las tramas abiertas.

¡¡CUIDADO SPOILERS!!

Un nuevo ritmo telenovelero

Parece que Televisa está desarrollando una nueva estrategia que apuesta por novelas cortas en vez de las kilométricas tradicionales. Lo ha hecho con ‘Corazón que miente’ y lo ha repetido, por ejemplo, con ‘Las amazonas’. Como ya he dicho, a priori, esta puede ser una buena decisión porque nos ahorran esa retahíla de capítulos en los que no pasa absolutamente nada digno de mención. Sin embargo, hay que tener cuidado con los recortes para no descompensar la trama y ‘Corazón que miente’ ha pagado la novatada con algún que otro desajuste.

‘Corazón que miente’ ha destacado en todo su desarrollo por una agilidad a la que no estábamos acostumbrados. Y eso se ha agradecido porque, en el fondo, el argumento no podía ser más convencional. Una huérfana se enamora del príncipe azul a pesar de que el ogro de su padre le robó el gran sueño de su infancia. La relación se tuerce, ambos buscan consuelo en terceros y al final los malos pagan sus fechorías y los buenos comen perdices. De manual. Pero el hecho de que nos contaran todo esto en menos de cien capítulos lo ha hecho ¿cómo decirlo? Menos ¿pesado?

Eso sí, el final de la historia ha pagado las consecuencias de ese nuevo ritmo. No sé si Nova, siguiendo una de sus peores tradiciones, ha recortado secuencias, pero en los últimos capítulos se han pasado pisando el acelerador.

En menos de dos semanas hemos descubierto que Alonso es hijo de Leonardo y, casi por arte de magia, pasan de ser los peores enemigos a tener una breve, pero perfecta relación paterno-filial. Sinceramente yo hubiera agradecido recortar alguna de las subtramas y desarrollar con más detenimiento este cambio emocional. Ha sido una de las claves de la historia y ha tenido muy pocos minutos.

Y casi lo mismo podría decir de la aparición de Antonio Miranda como padre de Mariela. Ha estado tanto tiempo desayunando, comiendo, merendando y cenando con Denise que en algún momento pensé que nunca se descubriría su verdadera identidad.

Lo dicho. Me gusta esta tendencia a las historias cortas, pero creo que el ‘tempo’ se les fue de las manos. Estiraron tanto cuestiones secundarias que se quedaron sin tiempo para profundizar en lo principal. Es más, en el capítulo final como te despistaras cinco minutos no te enterabas de la resolución de uno de los ejes centrales de la historia. El sueño de Mariela y su abuelo de construir un hospital. ¿No se merecía el punto de partida de la telenovela una escena más lucida y algunos minutos más?

Una pareja que funciona

Al margen de esto, sigo insistiendo en que el elenco ha sido de lo mejor que ha tenido esta telenovela empezando por sus protagonistas. Tanto Thelma Madrigal como Pablo Lyle han cumplido más que correctamente con su cometido y, sobre todo, han conseguido que nos creamos el romance entre Mariela y Alonso. Aunque no siguieras la historia, cada vez que los veías juntos en un plano sabías sin ninguna duda que eran la pareja protagonista. Había química y eso no siempre se consigue. Ellos lo lograron. Mi aplauso.

Sin embargo, también han pagado los platos rotos de ese nuevo ritmo. Conocimos a Mariela como una mujer moderna, fuerte, decidida, valiente, que era capaz de defender sus convicciones donde fuera y ante quien fuera. Sin embargo, según avanzaba la telenovela esa fuerza fue desapareciendo. Era como si se fuera marchitando. Entiendo que cayera en brazos de Leonardo por exigencias del guion, pero la Mariela de los primeros capítulos no hubiera iniciado una relación bajo la idea de “darse una oportunidad”. Fue una historia demasiado forzada que dejaba demasiado claro que no iba a ninguna parte.

Por su parte, Pablo Lyle no ha tenido demasiada suerte con el personaje de Alonso a la hora de lucirse. Ha sido demasiado plano, lineal. Es más, me atrevería a decir que ha habido momentos en que era hasta aburrido. Pablo Lyle cumple con las premisas básicas de galán, pero Alonso Ferrer es un personaje que no tardaremos demasiado en olvidar por apático. Y, desde luego, el tener que competir con un personaje como Santiago no le ha ayudado.

Se han pasado la telenovela diciéndonos que Alonso era el hermano estrella y Santiago el estrellado, pero Federico Ayos ha interpretado un personaje al que le han pasado tantas cosas y tan diferentes que le han permitido mostrar una amplia gama de registros y de todos ellos ha salido bastante airoso. Puede estarle muy agradecido a ‘Corazón que miente’ porque le ha regalado un papel para lucirse y se ha lucido.

Unos terceros en discordia que brillan

Quienes también han brillado han sido los terceros en discordia. Tanto Diego Olivera como Dulce María han bordado sus papeles y, además, han tenido la suerte de tener personajes bien construidos.

Creo que no me equivoco al asegurar que Leonardo ha sido el personaje que más giros ha tenido y todos ellos estaban perfectamente ajustados en tiempo y lugar. Vivimos intensamente su amor por Lucía y el dolor tras su pérdida. Nos conquistó al hacerse cargo de Mariela. Conseguimos entender sus sentimientos por su protegida antes incluso que él mismo. Y lloramos con la última secuencia en la que participó.

En cuanto a Dulce María, tenía un reto importante ante ella. ‘Corazón que miente’ suponía su regreso a la televisión interpretando, además, a la villana. Bueno, eso nos dijeron, pero no ha sido tanto así. Renata ha sido la tercera en discordia. La mujer que le disputa el amor (y el dinero) del galán a la protagonista, pero ha estado muy lejos de actuar como una villana convencional porque, de hecho, han sido bastante pocas las jugarretas que le ha hecho a su rival. De hecho, le jugó bastante más sucio a Demián que a Mariela.

Y, además, tampoco ha tenido suerte con el nuevo ritmo en su etapa final. Nos dieron todos los detalles de su falsa amistad con Florencia, de su romance con Santiago, de su coqueteo con Alonso, de su negocio con Fabricio. Al final su delictivo pasado nos los contaron varias veces otros personajes, pero me faltó algo más. ¿Tal vez un flash back? Todos sabíamos que Renata ocultaba algo, pero me hubiera gustado que Dulce María fuera más protagonista de esa resolución. De todas formas, ha convencido en este nuevo rol.

Primeros actores que nunca fallan

Alejandro Tommasi ha estado sencillamente sublime como Demián Ferrer. Ha sido un villano de manual con la particularidad de que ha ido pagando sus maldades sin darse cuenta. Apostó por Alonso como heredero ideal cuando ni siquiera era su hijo (probablemente el golpe que más le ha dolido de todos los que recibió después). Depositó en Rogelio toda su confianza para que ejecutara la parte más sucia de sus crímenes y su lacayo se lo pagó engañándolo con su mujer. Acogió a Renata en su casa como mejor solución para inyectar capital en la empresa, pero ella intentó hasta lo imposible para arrebatarle su fortuna. Falsificó las cuentas de la empresa para captar a Antonio Miranda como socio y él no solo le arrebató sus acciones y su puesto directivo, sino que, encima, se lo regaló a Mariela. Un aplauso para Alejandro Tommasi porque ha ejecutado a la perfección el rol de cazador cazado en su propia trampa.

Y, ¿qué decir de Helena Rojo que no se haya dicho ya? Es una auténtica señora en pantalla y lo ha vuelto a demostrar. Ha sido una abuela amorosa. Una madre atormentada por los errores del pasado. Una suegra implacable con los errores de su yerno. Una hábil estratega a la hora de quitar caretas a arpías. Impresionante.

Y la que ha sido la gran sorpresa para mí de todo el elenco. Alexis Ayala interpretando a un cura y haciendo de ¡¡bueno!! Han sido muchas las escenas memorables del padre Daniel, pero yo siempre recordaré su visita al “local” de la tía Marta. El encuentro entre un feligrés y su párroco en un club de alterne era una situación bastante surrealista y más en una telenovela de Televisa, pero lo resolvieron de la mejor manera posible. Con un gran sentido del humor. Será, sin duda, una de las escenas que más tarde en olvidar.

Habría mucho más que comentar. Alejandro Ávila como el despiadado Rogelio. Lourdes Reyes como la gélida Rafaela. María Sorté como la madre adoptiva de casi todos. Gerardo Murguía como el pusilánime licenciado Moliner.

Pero no puedo acabar sin mencionar el gran trabajo de Emmanuel Palomares y Ricardo Margaleff. La historia entre Lisandro y Cristian no necesita ningún comentario porque los que hemos visto ‘Corazón que miente’ sabemos que ha sido una de las más intensas y emocionantes de toda la telenovela. Televisa, bienvenida al siglo XXI.

En fin, ‘Corazón que miente’, como todas las telenovelas, ha tenido sus pros y sus contras, pero creo que es justo quedarnos con lo más positivo. A pesar de algunos desajustes, ha estrenado un nuevo tempo narrativo que puede dar mucho juego en el futuro.

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