'Dragon Ball Super' 1x04 Review: unos polizones inesperados

Por Diego Hidalgo

¡CUIDADO SPOILERS!

Continúa la fiesta de Bulma a bordo de su crucero

La fiesta del cumpleaños de Bulma sigue en alta mar con todos los protagonistas de la serie a bordo. Bueno, todos menos Goku y Vegeta, quienes siguen entrenándose en sus respectivos escenarios.

Sus mujeres no pueden estar más cabreadas con ellos. Bulma, porque quiere que su pareja esté con ella en su cumpleaños (¿cuántos cumplirá?... mejor no preguntarlo, si no, recibiréis un buen golpe como Krilin); y Chi-Chi al enterarse de los suculentos premios de la partida de Bingo, que claro, cuantos más miembros de una misma familia participen más posibilidades habrá de llevarse un buen premio a casa.

Un primer premio del Bingo muy especial: las siete bolas de dragón

Gracias a Goten y a Trunks, quienes no paran de jugar y corretear por todo el barco, descubrimos los primeros premios del Bingo. Estos premios nos muestran el enorme poder económico de la familia de Bulma, ya que si por si fuese poco celebrar una fiesta en un crucero privado (vemos en un plano que el barco está bautizado como “Princess Bulma”), los premios que regala en una simple partida de bingo incluyen un coche deportivo, un diamante gigante o una avioneta.

Dentro de una fortaleza de seguridad eléctrica (que Trunks traspasa simplemente quitando el enchufe de la pared) se esconde el primer premio de la partida de Bingo: ¡las siete bolas de dragón!

Por fin vemos estos objetos mágicos tan preciados que dan nombre a la serie y que tantos buenos momentos nos han dado. Tan preciados son que provocan la visita de unos individuos inesperados que hacía mucho tiempo que no veíamos en la serie: Pilaf y su banda.

Pilaf se reencuentra con su antiguo sueño de dominación mundial

El grueso del episodio corresponde a la trama de Pilaf y su fiel banda: Mai, la chica; y Shu, el perro ninja. Sin embargo, ahora tienen la apariencia de unos niños y que, aunque no lo expliquen en el episodio, próximamente sabremos por qué.

El inicio del episodio sitúa a Pilaf y a los suyos en un pequeño islote, hambrientos, y con la esperanza de encontrar un tesoro enterrado que nunca llegará a ser descubierto.

La suerte se vuelve de su lado cuando las bolas de dragón salen a la luz por Trunks y Goten. En ese mismo momento, el radar de bolas de dragón de Pilaf se enciende automáticamente mostrándole el paradero de éstas. Paradero muy cercano y que, para su sorpresa, se aproxima hacia su posición. Se trata del crucero de Bulma.

Con tanta emoción (ya que en seguida le viene a la mente sus antiguos sueños de dominar el mundo gracias al deseo de Shenron), a Pilaf se le cae el radar al agua. Éste se le estropea y le es imposible mostrarle a su banda lo que ha visto en él. Ellos, siempre leales a su líder, creen en su palabra y deciden remar en su bote viejo (debido a la tacañería de Pilaf) hasta el “Princess Bulma”.

Tras un corto, pero accidentado, viaje, Pilaf y su banda al fin logran escalar por la cubierta del crucero. Consiguen subir gracias a la ayuda de Trunks y Goten, quienes les lanzan una escalera. Arriba, los hijos de Goku y Vegeta, les ofrecen comida, pero el orgullo de Pilaf le impide aceptar sobras de otras personas. Sus compañeros, fieles a sus palabras, rechazan también la comida. Pero el tiempo pasa y el hambre aumenta cada vez más en sus estómagos. Pobrecillos. Al final, Pilaf se tiene que tragar el orgullo como se traga más adelante una insana cantidad de comida. Con el estómago lleno, en el próximo episodio, ya intentarán robar las bolas de dragón. Ahora a comer.

De esta trama cabe destacar que es diferente a la que vimos en la película ‘Dragon Ball Z: la batalla de los dioses’, pero también es cierto que el escenario es totalmente distinto y que para llegar allí se necesitaba un nuevo inicio. No obstante, la historia no se ve alterada debido a que el objetivo principal de éstos, robar las bolas de dragón, es el mismo tanto en la película como en ‘Dragon Ball Super’.

Bills se presenta en el planeta de Kaito

Goku sigue entrenando en el planeta de Kaito ajeno a la amenaza que está a punto de llegar. Aunque no tardará mucho en conocer la verdad ya que a Kaito se le escapa sin querer que Bills está acercándose hacia ellos.

Kaito, por obligación, pone en contexto a Goku. Le cuenta que Bills es un Dios, pero no un Dios cualquiera, sino el mismísimo Dios de la Destrucción. A Goku, obviamente le entra el gusanillo de pelear contra él después de que Kaito le confiesa lo peligroso que puede llegar a ser.

Al final del episodio, Bills llega al planeta de Kaito con la ayuda de su compañero Wiss. Kaito, antes de la llegada de éstos, esconde a Goku, quien contempla la llegada del Dios de la Destrucción desde dentro de la casa.

Demasiado infantil hasta la fecha

Los primeros cuatro episodios de la serie, en mi opinión, presentan una temática y unas tramas bastante infantiles que se alejan muchísimo del nivel de los primeros episodios de ‘Dragon Ball Z’, e incluso del inicio de ‘Dragon Ball GT’. Pero sólo llevamos cuatro episodios y es imposible juzgarla todavía. Más si cabe tratándose por ahora de un remake de una historia que ya conocemos. Yo creo que la cosa mejorará muy pronto cuando llegue la batalla y cuando la trama central se desarrolle y se independice de ‘Dragon Ball: la batalla de los dioses’.

Con respecto a este episodio, hay que mencionar que el autor emplea una animación donde los trazos de los personajes son más gruesos de lo normal otorgándole así un toque más caricaturesco e infantil a los protagonistas. Jamás se había visto algo así en la serie, la verdad.

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