'Fargo' 2x08 Review: cuando parecía que ya lo habíamos visto todo...

Por Diego Hidalgo

(¡Cuidado SPOILERS!)

Si parecía que ya lo habíamos visto todo en ‘Fargo’, esta semana nos ha sorprendido a todos con un episodio casi casi embotellado, es decir, un episodio donde la historia se desarrolla en un mismo escenario con pocos personajes. Concretamente en el típico escenario de película de terror de los ochenta, una vieja y pequeña cabaña al lado del lago, pero sin perder el particular seña de identidad de la serie en ningún momento.

Pensar o ser

Así de enigmático (muy ‘Twin Peaks’) empieza el episodio. Peggy, quien tiene como rehén a Dodd, permanece en el sótano de su casa asimilando todavía lo ocurrido. Allí mismo se le aparece la figura de un hombre con un mensaje de lo más misterioso: “No pienses en la persona que quieres ser, sé esa persona”.

Este mensaje marcará el devenir de los acontecimientos para Peggy, abrirá su mente descubriéndose a sí misma y se dará cuenta de lo que se ha convertido realmente: en la mala, algo que siempre ha querido desde lo más profundo de su ser. Aunque eso sí, todavía no sabe muy bien cómo afrontar su nuevo rol.

Cuando Ed vuelve a casa tras haberse escapado de Lou, la pareja decide llevarse a Dodd hasta otro lugar para no recibir visitas indeseadas. Y efectivamente, nada más abandonar su hogar, allí hará presencia tanto la pareja policial, como Hanzee.

La cabaña en el bosque, un retiro espiritual para parejas

Ed y Peggy llegan a una cabaña familiar en un apartado lago de Sioux Falls. Allí, mientras mantienen maniatado a Dodd, la pareja se encontrará con una relación más fortificada que nunca gracias a este acontecimiento. Quién iba a decir que una pareja típica de los 70’, estancada en la rutina y con el sueño americano a la vuelta de la esquina, iba a vivir todo esto.

Gracias a ello Ed y Peggy forman ahora un equipo más unido donde trabajan juntos, se respetan el uno al otro y donde ninguno es más importante que el otro.

Cuando Ed no está…

Ed examina la cartera de Dodd para saber con quién están tratando, y para su sorpresa, se enteran que tiene de rehén nada más y nada menos que al hijo mayor de los Gerhardt. Este descubrimiento se convierte en una gran alegría para la pareja porque su plan, a partir de ahora, consistirá en intentar “vender” a Dodd a cambio de la ansiada paz.

Para evitar problemas con el teléfono de la cabaña, Ed se marcha a una gasolinera de la carretera para hacer la llamada a los Gerhardt dejando, de esta forma, a su mujer con Dodd. Es aquí (cuando está sin Ed) cuando la parte oscura de Peggy intenta salir a la luz. La escena más anecdótica entre la extraña pareja formada por Peggy y Dodd posiblemente sea cuando ésta le apuñala un par de veces en el pecho con el extremo del cuchillo de cocina por su mal lenguaje.

Es chocante ver cómo las dos personalidades de Peggy coexisten a la vez ya que justo después de apuñalar a Dodd le pide perdón por haber atropellado a su hermano e incluso le da de comer unas judías.

Otras historias de la cabaña

Las “vacaciones” de Ed y Peggy en la cabaña del lago parece que van a durar más de lo esperado debido a que Ed no recibe respuesta de la casa de los Gerhardt. Las horas pasan y la pareja debe convivir con el rehén produciéndose curiosas y divertidas escenas como cuando Ed se ve obligado a ayudar a orinar a Dodd en una pequeña cacerola; o cuando tienen que cubrirle la cabeza con una funda de almohada porque a Peggy le parecía siniestro que les observara durmiendo. Normal.

Hanzee, el villano más querido

En este episodio, paralelamente al secuestro de Dodd, nos topamos con una trama que nos hará empatizar con Hanzee, el indio en busca de su jefe, pese a que se trate de un villano.

Hanzee se convierte en un villano empático tan característico del universo de los Coen como por ejemplo el Anton Chigurh (Javier Bardem) de ‘No es país para viejos’ o, sin ir más lejos, el Malvo de la primera temporada de ‘Fargo’. Un “malo” muy inteligente, frío, profesional y que no cesará hasta cumplir su objetivo.

Aquí, Hanzee, cuando examinó la casa de los Blumquist se encontró en el frigorífico con una nota con la localización de la jefa de Peggy en el congreso al cual tenían pactado acudir. A esta pista se aferrará Hanzee y no le irá nada mal. Cuando llega al hotel de la jefa de Peggy, entra en su habitación e intentará interrogarla, pero da la casualidad de que Peggy en ese mismo momento la llama para ver qué tal va y, también, para despejarse un poco de tanta tensión.

Durante la llamada, Constance no cesa de pedirle la localización bajo la cercana presión de Hanzee. Al final logra algo de información necesaria y Hanzee, comprensivo, creemos que no le habrá dañado (nos cortan la escena dejándonos esa duda, pero yo creo que no, y más si cabe viendo sus posteriores acciones).


Está a punto de dar con los Blumquist, pero antes de esto hay que mencionar la escena que nos hará querer más si cabe a Hanzee. En Sioux Falls, hace una parada en un peculiar bar con unos parroquianos más racistas de lo normal con los indios (recuerdo que allí tuvo lugar una sangrienta batalla entre nativos americanos y los Estados Unidos).

“No servimos a alguien que no se sienta estadounidense” le dice el propietario del local a Hanzee. Éste le afirma que combatió en la guerra para defender a su país, pero para evitar más problemas decide largarse de allí. Sin embargo, algunos tipos salen fuera y continúan sus ofensas en el callejón.

Hanzee, sin perder los nervios (físicamente), ya no aguanta más insultos y dispara en las piernas de éstos, incluso entra al local y dispara al dueño en el pecho. La policía aparece allí rápidamente, pero Hanzee ni se inmuta, y tras sacar una escopeta de su vehículo, decide disparar también a los agentes de policías desahogando toda su ira interna.

Próxima parada: la cabaña de Ed y Peggy.

¡Dodd se escapa!

Cuando Ed vuelve de su última salida para telefonear (esta vez a Mike Milligan, quien sí acepta el trato) se encuentra la silla de rehén de Dodd por el suelo y a su mujer tumbada en el fondo de la habitación.
Dodd se había escapado mientras Peggy veía atentamente una película de la Segunda Guerra Mundial (de la cual se extrae un mensaje que sirve perfectamente para su historia: “Esta guerra es más grande que nosotros”).

Mientras Ed avanza analizando lo ocurrido, una soga le levanta del cuello. Dodd busca venganza, pero se topará con el lado oscuro de Peggy cuando ésta le clava un cuchillo en el pie y a continuación, le golpea con uno de los objetos de la cabaña dejándole K.O. consiguiendo así, salvar a su marido de la horca.

Las tramas se unifican en la cabaña.

Parecía que todo había vuelto a la normalidad cuando de repente Hanzee hace presencia en plena escena. Llamativamente, éste se pone a hablar de cortes de pelo con Peggy. Dodd, igual de sorprendido que nosotros, le ordena que les dispare de una vez, pero “su indio”, cansado de él le dispara en la cabeza.

Éste afirma que está “cansado de esta vida” (en este episodio hemos visto tanto la parte mala de Peggy como la parte buena de Hanzee) y le pide que le corte el pelo.

Tras un amago de utilizar las tijeras para clavárselas en el cuello, Ed ve por la ventana que Lou y el Sheriff se están acercando sigilosamente a la entrada. Pero, ¿cómo saben dónde están? Fácil, Hanzee está buscado y aparece en todos los periódicos. En uno de sus “interrogatorios” en busca de los Blumquist, le reconocen y avisan a la policía. Irónicamente, la parte buena de Hanzee (al no matar al “interrogado”), le ha acabado delatando.

Hanzee se da cuenta también de que fuera están los agentes de policía, por lo que se pone en pie rápidamente y abre fuego. Con tanto caos, Peggy decide finalmente clavarle las tijeras a Hanzee en el hombro, pero duro, termina huyendo de allí. Peggy y Ed, de nuevo se encontrarán frente a frente ante la policía, pero esta vez de una forma totalmente distinta a la anterior.

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