Hannibal 3x07 Review: ¿Alguno de los dos sobreviviría sin el otro?

Por Israel V. López

Desde la cancelación de la serie tengo la sensación de haberme convertido en una especie de paladín de ‘Hannibal’, todo aquel con el que hablo o me escribo trata de hacerme ver que la serie se ha convertido en un pufo, que tiene sus lagunas de guión y mil historias más de las que, o no me acuerdo, o paso de escucharlas. Yo, como buen guerrero fiel, sigo empecinado en ver todos los pros de la serie, que son muchos, y disfrutarla como si fuera la última temporada, que lo será.

Paso de amargarme con lamentos de cancelación, buscar los huecos en las tramas o las comparaciones con las películas. Prefiero saborear cada bocado, asombrarme con cada plano y encontrar los guiños a las películas y novelas. ¿Acaso, si este fuese nuestro último día en la tierra, no lo estaríamos disfrutando en vez de amargarnos? Pues eso.

Bienvenido a las Granjas Muskrat, a partir de aquí los SPOILERS podrían devorarte como un cerdo.

“¿Has visto el visto el último episodio de Hannibal?”

Para escribir sobre Digestivo hay que retornar a Dolce, ambos episodios están estructurados como un cierre de temporada, o por lo menos como el cierre de esta parte de la historia entre Will y Hannibal. El primero es onírico y el más desfasado en la mente de Bryan Fuller hasta la fecha, por eso estuvo dirigido por uno de los grandes artífices de la serie, Vincenzo Natali.

El director de ‘Cube’ dijo que “veía el episodio como Alicia en el País de las Maravillas con tanta ensoñación”. Escenas como las del chute hipersensual de Bedelia, el polvo lésbico caleidoscópico entre Margot y Alana o la última cena a tres, con Will, Jack y Hannibal, son oro puro que remarcan toda esa ensoñación fiorentina de la que hemos disfrutado durante la primera mitad de la temporada con planos hiperlentos, hundimientos en el agua, fluidos que formaban figuras y un extenso etcétera de recargamiento visual. Una sobredosis de cóctel Du Maurier al alcance de unos pocos.

Sin embargo Digestivo vuelve a los derroteros de la primera temporada, más thriller, más policíaca, esa en la que Will era el protagonista absoluto y nos quedábamos absortos con su manera de resolver las escenas de los crímenes, “This is my design”. Al igual que el personaje de Will, que ha luchado consigo mismo durante estos 7 episodios por saber en quién se quería convertir, salimos de un letargo para entrar en algo más real y tangible.

La casi apertura craneal a Will, que estuvo a nada de convertir a Hugh Dancy en el nuevo Ray Liotta, marca la ruptura de lo que podemos entender como el idilio italiano de Boticelli con la realidad cruel y ansias de venganza de Mason Verger.

“Somos parte del otro, ¿alguno de los dos sobreviviría sin el otro?”

Soy muy fan de la frase de Alana “Hannibal siempre está jugando” porque en realidad es así. Juega con todos como un titiritero, no importa que te haya apuñalado, casi comido o convencido de comerte, al final le amas y le sigues como un fiel cordero. Somos, espectadores incluidos, sus pájaros enjaulados a los que observa en su comportamiento e influye en sus decisiones.

Luego hay personajes como Mason Verger, que rebajan el nivel de psicópata a zumbado de la cabeza con ansias de venganza. Sus fines son los de comerse a Hannibal Lecter con la cara de Will Graham (lo normal), y hacerle la vida imposible a su hermana Margot, algo que viene haciendo desde siempre. Su última ocurrencia es la de darle un heredero e hijo a Margot Verger, implantando sus óvulos en una cerda. Menudo retorcido, y menuda recreación de escena con la cerda y el bebé. ¡Un premio ahí!

Todas nuestras madres nos han recordado desde bien pequeñitos eso de que con la comida no se juega, algo que a Mason y a su propio cocinero el Dr. Cordwel se les ha olvidado. De hecho este último está cerquita de quedarse sin cara después de un bocado de Will en pleno pómulo, para mayor satisfacción de Lecter. El doctor es tratado como uno de los gorrinos de la granja, marcado y atado, esperando a su muerte lenta, desmenuzada, para ser servido día sí y día también como alimento de Verger. Ese momento marujas entre Lecter y Cordwel hablando de recetas con partes del cuerpo humano da para hacer 3 programas de cocinillas en la tele española.

De nuevo, y por enésima vez, Lecter escapa con la ayuda de Alana (estamos locos) ya que es el único que puede ayudar a Will a no morir y que su rostro sirva como nueva cara de Mason. El detalle: en la novela esta liberación de Lecter la realiza Clarice Starling. El señor Verger estrena cara, sí, pero la de Cordwel, al que Hannibal le da un buen final sirviendo a su amo. Pero de poco le dura el nuevo rostro, ya que entre Alana y Margot lográn reducirle y lanzarlo al tanque de agua de su habitación en el que una morena le come la cara y se le mete por la boca ahogándolo. Una muerte digna de un tiparraco como Mason y muy bondiana.

“No tengo tu apetito. Adiós, Hannibal”

El peso dramático del episodio lo encontramos en el tramo final del mismo. Lecter ha salvado a Will, ayudado por Chiyoh a la que le brinda unas palabras para despedirse de ella, que en la novela son para Clarice Starling. “Los elementos más estables, Clarice, aparecen en el centro de la tabla periódica, más o menos entre el hierro y la plata. Entre el hierro y la plata, eso te cuadra a la perfección”.

La taza rota es un tenemos que hablar, mis sentimientos no son los mismos, tú me has hecho cambiar pero ya no te quiero, no siento lo mismo por ti y nuestra relación no puede seguir así. Will abandona a Hannibal en una escena más propia de una comedia romántica de pañuelos por el suelo. Pero el doctor se resiste a ello. La palabrería utilizada tiene una doble lectura en todo momento aunque son inertes ante la decisión de Graham. Le deja, le abandona, no quiere buscarle ni encontrarle, no quiere saber nada de su nakama, de su maestro. Al doctor Lecter le han roto la taza, la patata, el corazón, y sin palabras, sólo con la mirada de un perro apaleado se va.

Como decían en ‘Friends’, “aunque es un pero elegante” y no todo acaba ahí. Cuando Jack Crawford llega a la casa de Will con toda la caballería del FBI, Graham, que vuelve a ser el analista con sus gafas (ese detalle), les notifica que Hannibal ha huido. Aunque (el “pero” elegante) Lecter aparece y se entrega: “Al final has atrapado al destripador de Chesapeake Jack”, “no te he capturado, te has rendido” Siempre un paso por delante, siempre jugando, siempre más inteligente que todos, Hannibal tiene su plan.

“Quiero que sepas dónde voy a estar, donde podrás encontrarme siempre”. Will, recoge la pelota.

De esta manera acaba la trama onírica de Florencia. En el próximo episodio, que en USA ha pasado de la noche de los jueves a los sábados, saltaremos unos años hacia adelante para entrar de lleno en la trama de ‘El Dragón Rojo’ y conocer a Francis Dolarhyde el “Hada de los dientes”.

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