'Jane The Virgin' 1x21 Review: una llamada lo cambia todo

Por Betty M. Martínez

Llevamos 21 episodios de 'Jane the Virgin'. Durante los 20 anteriores he elogiado la capacidad de los guionistas para sorprenderme con giros argumentales inesperados y para hacerme reír en los momentos más insospechados. Sin embargo, esta semana algo ha cambiado.

No ha habido instantes de boca abierta ni escenas para guardar en la memoria ni grandes carcajadas. Ha habido pequeños detalles que han conseguido que ya esté deseando ver el próximo episodio. Season finale. ¿Vemos cuáles han sido esos pequeños detalles?

¡¡CUIDADO SPOILERS!!

Amigos de los viejos tiempos

Esta semana hemos tenido a Jane muy ajetreada. Tenía que cumplir su calendario de escribir diez páginas diarias de su primera novela, prepararse para el parto, soportar la fase de “anidamiento” (gran momento de la abuela Alba), mentalizarse para ir la reunión de su high school. Y todo esto intentando superar la ruptura con Rafael y lidiando con su abogado el tema de la custodia del bebé. Sin olvidar, que tiene que vivir sabiendo que la mujer que intentó matar a su adorada abuela sigue libre y sin cargos.

Definitivamente no son buenos días para Jane, pero, por suerte, tiene quien la apoye. Su amiga Lina, su familia, y… Michael. Hay que decirlo. El detective Cordero es un gran estratega. Le dan una medalla y llama a Jane para que lo acompañe al evento. Como amigos, dice, pero, digo yo, de paso aprovecha para recordarle que es un héroe que desmanteló la red de Sin Rostro. Punto para Michael.

Además, después de la reunión de Jane con sus ex compañeros, tiene el detalle de enviarle un mensaje para saber cómo le fue. En otras circunstancias sería un simple gesto de cortesía, pero a estas alturas, los detalles hay que leerlos desde otro punto de vista. Sobre todo, cuando esa “inocente” pregunta se convierte en un incesante ir y venir de mensajes que concluyen con una tradicional conversación telefónica. Como en los viejos tiempos. Y, como en los viejos tiempos, el corazón de Jane late con tal fuerza que brilla con tal intensidad que conseguimos verlo nosotros a través de la pantalla. Segundo punto para Michael.

Si a todo esto añadimos que Xiomara evita que Jane conteste la llamada con la que Rafael pretendía recuperar el terreno perdido tenemos ya el tercer punto para el detective. Por cierto, tengo que decirlo. Muy mal, Xiomara. Ya sé que todas las madres quieren lo mejor para sus hijas y que tú crees que lo mejor para Jane es Michael, pero la decisión de contestar o no esa llamada era de Jane, no tuya. ¿Ya se te ha olvidado cómo te sentías cuando Liliana de la Vega se metía en tu relación con Rogelio? Pues recuérdalo antes de rechazar llamadas que no son para ti.

Lo único bueno de la mala decisión de Xiomara es que hemos tenido sin interrupciones una escena preciosa entre Jane y Michael. Preciosa y estresante porque, si las cosas se estaban complicando, ahora ya son un caos. Michael reconoce que en un mundo ideal él querría ser algo más que un amigo para Jane, pero en el mundo real esa amistad para él es suficiente. En fin, que si fuera cierto muñeco de madera le crecería la nariz hasta no sé dónde, pero ha conseguido que el brillo corazón de Jane me obligue casi a buscar unas gafas de sol. Cuarto punto para Michael.

Estamos a dos de que se lleve el set y, o los guionistas nos dan un giro inesperado, que no sería descartable, o es muy posible que los consiga la próxima semana si sigue a este ritmo.

Y yo tengo el corazón partío, que diría Alejandro Sanz. Nunca he tenido problemas en criticar a Rafael por su falta de cafeína, pero siempre me he considerado más #TeamRafael que #TeamMichael. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Quizá porque soy una romántica y su historia poco convencional me ha conquistado. Quizá porque me enternece ver que un aparente chico duro se deshace en atenciones hacia la madre de su hijo. Quizá porque apenas tiene aliados dado que Xiomara y Rogelio se han posicionado claramente con su rival (aunque creo que el narrador también es del equipo de Rafael, su “Vamos, Solano, suéltalo” lo ha delatado). Quizá porque sé las verdaderas razones por las que alejó a Jane de su lado.

Pero, a pesar de mi apuesta por Rafael, reconozco que Michael tiene su mérito. Salvo su alianza inicial con Petra, se ha mantenido en su lugar. Cerca de Jane, pendiente, atento, dispuesto a ayudarla en cuanto lo necesitara, sin pedir nada a cambio, silencioso, sin molestar, consciente de que su guerra era con Rafael y no con ella. La verdad es que se merece una oportunidad de recuperar lo que Luisa le quitó.

Señores guionistas, con tanto drama, me están poniendo muy difícil organizar mis ideas.

La más lista de la clase

Sí hay una idea que tengo entre ceja y ceja. Lo peor del acercamiento entre Jane y Michael es que reduce las distancias entre Rafael y Petra. Y eso sí que sería un drama. Michael ha jugado limpio, pero Petra sí que iba a necesitar una rinoplastia tras su charla con Jane en el hotel. Que si yo no soy una amenaza para el bebé (Rafael te echa a patadas del Marbella si le pones un dedo encima a la criatura, seguro), que si no tiene segundas intenciones, etc.

Vamos, como diría Stephanie, la pesadilla de Jane en el instituto, “usar las debilidades de una persona en su contra”, o sea, el juego sucio de toda la vida. Petra sabe que Jane tiene buen corazón y apela a él con su mejor cara de niña buena para que “no castigues a Rafael por mis errores”. Tú fíate de mí, piensa Petra, que ya voy yo ahora corriendo a decirle a Rafael que he conseguido que tú no le quites la custodia del bebé. Punto para Petra.

Y una vez más lo tengo que decir ¿soy muy repetitiva? Petra siempre cae de pie. Bueno, casi siempre. Jane siempre ha sido una buena estudiante y no suele dejar pasar por alto las buenas lecciones, aunque la maestra sea un tanto dudosa, como Stephanie. Bravo por Jane, que sacó a la heroína moderna que lleva dentro, esa a la que no le importa ensuciarse las manos con tal de conseguir justicia. Un poquito de teatro cortesía de Rafael y Magda está ya tras las rejas por intentar matar a Alba gracias a las claras prioridades de Petra. Lo primero es recuperar a Rafael, todo lo demás es absolutamente secundario… Y prescindible, me atrevería a decir. Y no voy a dar más detalles, que ha sido de lo mejor del capítulo, que, como ya he dicho, ha sido un poquito flojo en momentos sorpresa y para uno que hay no se lo voy a fastidiar a nadie.

Jesucristo Superstar

Y del high school de Jane nos vamos a la actuación en Las Vegas de Rogelio y Xiomara. Bueno, a los ensayos. Veamos, esta pareja sigue siendo ex pareja con intención de ser buenos amigos por el bien de la hija que tienen en común. Y, con ciertas tensiones, totalmente entendibles dados sus caracteres, lo van llevando de una forma bastante civilizada hasta que Rogelio (cómo ha mejorado como cantante desde su interpretación del bebé de mi bebé. Debería interpretar el tema principal de una telenovela. Sería un éxito) pierde los nervios en el ensayo.

Yo pensé que era por la cercanía física de Xiomara durante el baile, pero tuvo que venir la gran sabiduría de Alba a sacarme de mi error. El gran Rogelio de la Vega, el Santos capaz de matar a varios tiburones en Playa del Carmen (y de comprar un collar horroroso para su hija, lo siento, si no lo digo, reviento), tiene miedo a las alturas. Eso sí, su secreto está a salvo. Rogelio, si consigues el papel en Jesucristo Superstar en Broadway para poder optar al EGOT (Emmy, Grammy, Oscar y Tony), acuérdate de darle las gracias a Xiomara.

La trama de esta semana de Xiomara y Rogelio es apenas una anécdota. Lo sé. Su relación está casi igual que al principio del capítulo. Lo sé. No tiene relevancia en el marco de la serie. Lo sé. Pero ha sido el único momento en el que medio me he reído en todo el capítulo y creo que había que comentarlo.

Y poco más puedo decir. Mi conclusión al final de este episodio es que el guionista de la sección de humor de ‘Jane The Virgin’ estaba de vacaciones o de baja médica y el responsable del drama ha querido aprovechar la coyuntura para lucirse. Y lo ha hecho. Y solo nos queda un capítulo. Y no quiero ni imaginar lo que nos tienen preparado para la semana que viene.

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