'Jane the Virgin' 1X14 Review: Pasión intergaláctica

Por Betty M. Martínez

'Jane The Virgin' tiene muchas cualidades y una de las más destacadas es que es imprevisible. No puedes dar nada por sentado y mucho menos hacer afirmaciones categóricas o rotundas. ¿Por qué digo esto? Porque la semana pasada yo arranqué mi review criticando las introducciones con la Jane adolescente porque consideraba que rompían la línea temporal de la trama sin aportar demasiados elementos de interés. Pues bien. Visto el capítulo 14 tengo que decir eso de “Donde dije digo digo Diego”.

Creo que esta vez esa visión del pasado ha sido muy útil para entender la trama de este episodio. Eso sí, en mi favor también he de decir que los guionistas han innovado y han incluido a Rafael en esos flashback. Podría decirse que guionistas y espectadores seguimos ese proceso de adaptación mutua, propia de toda relación. Y hablando de relación vamos a ver qué le ha pasado esta semana a nuestra pareja favorita.

(¡Cuidado SPOILERS!)

La confianza lleva tiempo

A priori el capítulo prometía continuar con la intensidad del anterior. Recordemos que estábamos pendientes de saber si el bebé estaba bien o tenía algún problema de salud. Así que lo esperable era que nos enteráramos de los resultados de la amniocentesis, pero ya sabemos que en esta serie no hay que esperar lo esperable y arrancamos con la preparación del baby shower. ¿En serio? ¿Nos han tenido todo un capítulo con el alma en un puño por si el bebé tenía problemas y ahora nos dan la callada por respuesta? ¿Hemos compartido con Jane las dudas sobre amniocentesis sí, amniocentesis no para que ahora no haya ni una sola mención a los resultados? Señores guionistas, esto no vale. No es justo que hayamos estado una semana elucubrando qué pasaría y que, de repente, la protagonista esté como si nada hubiera pasado ¡¡eligiendo cunas!!

Dejando a un lado esta decepción argumental, la verdad es que el baby shower, perdón, la preparación del baby shower ha dado para mucho. Nos ha servido para comprobar una de esas verdades universales: “la confianza lleva tiempo”. Y, por mucho que nuestra pareja protagonista vaya a tener un hijo, hay que reconocer que son casi casi un par de desconocidos y eso da lugar a situaciones como las que hemos visto en este capítulo. Además, son casi como dos galaxias. Como ya vimos en la introducción, cada uno ve la vida de una forma distinta, pero, claro, también hay que reconocer que han cambiado mucho en los últimos tiempos y quizá esos cambios sean los que han permitido que vaya asentándose esa relación intergaláctica en la que viven ahora. En fin, menos mal que han podido arreglar todo lo que se desarregló en este capítulo.

Además, esas pequeñas crisis de pareja han venido a certificar una sensación que me ha rondado siempre sobre Rafael. Es casi el hombre de hielo. Me explico. En una de las escenas, Petra dice que Rafael debería ir a meditación. Personalmente, yo creo que no le hace falta. Es el personaje más “zen” de toda la serie.

Que su hermana insemina con su semen a la mujer equivocada, no pasa nada. Que su madrastra es Sin Rostro, no pasa nada. Que su mujer se acuesta con su mejor amigo, no pasada nada. Que su novia desconfía de él y busca ayuda en su ex novio, no pasa nada. Que su madrastra ha matado a su padre, no pasa nada.

Si estuviéramos en una telenovela tradicional, el galán ya habría gastado varios paquetes de pañuelos de tanto llorar, se habría liado a puñetazos con el tercero en discordia (el intercambio de bofetadas ha quedado de lo más simpático, pero muy poco realista), hubiera pegado cuatro portazos y se hubiera quedado afónico a base de discutir con todo el mundo. Pero Rafael no. Él se lo toma todo con mucha calma y relatividad. Es casi seguro que no le va a dar un infarto porque mira que es difícil que le suba la tensión. Como diría Rogelio de la Vega, le falta “drama”.

Jane’s talk show

Y de un galán descafeinado al paradigma de los galanes: Rogelio de la Vega. Señores guionistas, ante todo gracias por no enviarlo a México y por conseguirle un papel en Miami. La verdad es que es increíble cómo ha evolucionado este personaje. Es cierto que sigue siendo el actor que tiene mas seguidores en Twitter que Tom Cruise, pero también es verdad que su esquema de prioridades ha cambiado radicalmente o ¿alguien se imaginaba al principio que renunciaría a un papel de protagonista por un proyecto de familia con las Villanueva? Yo, desde luego, no.

Pero, aparte de esa evolución, la escena de Xiomara, Rogelio y Jane ha sido de lo más divertido del capítulo. Yo no tengo muy claro si emulaban a una sesión de terapia de pareja o a un talk show televisivo, pero sea como fuere, la verdad es que Jane se salió con la suya, que sus padres reconociesen de viva voz lo que todos los espectadores ya sabíamos: que el voto de castidad de Xiomara iba a tener poco recorrido.

Eso sí, tengo que dar un pero. Ya he dicho que agradezco muchísimo que Rogelio no se vaya, pero hubiera preferido que tuviera que “competir” con otro galán. No quiero que se me malinterprete. Respeto mucho a Keller Wortham como profesional y seguro que será un digno Esteban Santiago, pero hubiera sido increíble que ese papel lo hiciera un reconocido actor de telenovelas. Ya sé que Wortham tiene experiencia tras trabajar en varias producciones colombianas, pero me encantaría ver a Jaime Camil “peleándole” un plano a William Levy, Juan Soler, Christian Meier o Fernando Colunga. Ese sí que hubiera sido un buen guiño telenovelero y seguro que Pasión intergaláctica hubiera arrasado en audiencia. Es más, si convirtieran a ese actor en el tercero en discordia por el amor de Xiomara hubiera sido de aplauso seguro.

La cara del Marbella

En fin, cambiemos de tercio. En este capítulo han destacado dos mujeres. Por un lado, Luisa, que, a pesar de no aparecer en todos los capítulos, cada vez que hace acto de presencia, la lía. Y esta vez se ha cubierto de gloria. Podría pasar que se escape con su madrastra, que, además, es una delincuente y la asesina de su padre, pero que le ceda sus acciones en el hotel a Petra ya es demasiado. Al final va a ser verdad que está un poquito desequilibrada porque lo hace normal no es. Eso sí, nos regala grandes momentos. Esa escena en la piscina diciendo “estoy sentada sobre papá” es memorable.

Y llegamos a Petra, que es el personaje que tiene más suerte de toda la serie. Cada vez que cae y parece que no va a poder levantarse, resurge con más fuerza y ahí la tenemos como nueva cara del Marbella y da toda la impresión de que viene con ganas de dar guerra y de amargarle la existencia a Rafael. Por cierto, ¿qué ha pasado con Milos? ¿Ha vuelto a desaparecer?

Bueno, Petra va a dar guerra, salvo que Aaron se lo impida. ¿Fui yo la única que en el capítulo anterior pensó que Román estaba vivo y que Rafael no era tan bueno como parece? Seguro que no. Señores guionistas, buena jugada. Lo que nos faltaba en el tablero del Marbella era el hermano gemelo del asesinado amante de Petra. Ahora la pregunta es ¿bueno o malo? Aparentemente es bueno, muy en la línea de personalidad zen de Rafael (confieso que he buscado el jainismo en Google y… existe). Sin embargo, el encuentro con Petra en el ascensor ha sido extraño. Es como si Aaron dijese algo sin decirlo. Habrá que estar pendiente de él.

Pero sin duda alguna, el mejor momento del episodio ha sido… el final. Si últimamente me quedaba en shock, esta vez no me sorprendió demasiado, pero sí me hubiera gustado que durara unos segundos más. Os pongo en situación: Rafael le ha pedido a Jane que vivan juntos. No me digáis que no es un momentazo!!

¿Qué ha respondido Jane? To be continued.

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