'Juego de Tronos' 6x05 Review: "¡Sujeta la puerta!"

Por Eider Calvo

(¡SPOILERS! Y de los grandes; más malos que Ramsay. Ahí queda eso)

Ahora mismo estoy en shock. Qué. Puñetero. Capítulo. HBO se está luciendo esta temporada. Guau. Sin palabras estoy (tanto como para escribir “guau”, así que imaginad el nivel), lo cual en mi caso es un tanto contraproducente, pero pondré mi mayor empeño por sacar adelante esta review.

Empecemos por el principio, aunque todo Poniente sabe que preferiría comentar ya el final. Nos advirtieron que se avecinaba un Señor Episodio, pero Los Siete saben que tampoco esperaba esto. Como si la resurrección de la Targaryen como Diosa de los Infiernos no hubiera sido suficiente, llega “La Puerta” y me deja blanca (¿Lo pilláis? “blanca” como… Sí, lo sé, debería dedicarme a otra cosa).

En fin. El asunto ha ido tal que así.

Un encuentro hostil

En el Muro, la loba pelirroja se reúne con el capullo que le entregó a Ramsay. Por suavizar un poco el momento, diría que no estaba especialmente contenta de verle. “Supe que huiste de Invernalia y temí lo peor”, es la frase con la Meñique decide romper el hielo, “No sabes cuánto me alegra ver que estás bien”. Hay que tener valor para pronunciar esas palabras, sobre todo porque Sansa ha sido escoltada hasta el lugar de su reunión por Brienne.

Como no podía ser de otra manera dadas las circunstancias vividas, la bienvenida que la joven Stark le da es todo menos cálida. Llena de aversión hacia el hombre que tiene delante, básicamente se dedica a mandarlo a la mierda. Apenas escucha la, por supuesto desinteresada, propuesta de Baelish sobre darle su merecido al psicópata Bolton capitaneando para ello el reformado, gracias a su tío-abuelo el Pez Negro, ejército de Tully…

… Al menos, hasta que se da cuenta, durante una reunión preguerra con Jon y compañía, que es bastante posible que no puedan recuperar Invernalia sin él. Los Umber y los Karstark, dos de las Casas “más poderosas del norte”, han declarado su lealtad a los Bolton, pero juntando al resto de norteños tal vez consigan equilibrar la balanza numérica. El problema, como apunta Davos, es que Nieve no es un Stark cuya causa el Norte vaya a estar “dispuesto a recordar”.

Pero Sansa, sí. Y es entonces cuando te das cuenta de que esta guerra tiene nombre de mujer. Así que, decidida, ordena a Brienne partir hacia Aguasdulces para solicitar el favor de su pariente, aun cuando esta no está demasiado inclinada a obedecer después de haber escuchado a la loba modificar conveniente la fuente de la cual ha obtenido la información sobre los Tully.

La segunda oportunidad

Arya sigue recibiendo madera por todos lados. Y aunque tiene la cara como un cromo y más ganas de tumbarse en el sofá que Tyrion de salir de las catacumbas en su momento, se levanta una vez más del suelo para plantarle cara a La Niña Abandonada. La otra, haciendo gala de una arrogancia a la altura de Joffrey-Afortunadamente-Muerto-Baratheon, le demuestra a la pequeña de los Stark que puede derrotarla sin vara.

Efectivamente. Puede. El “nunca serás uno de los nuestros” de película americana que sentencia al final deja a Arya además con la moral por los suelos. Sentimiento que se intensifica cuando su mentor, que al parecer ha estado presenciando el combate, añade que “tiene su parte de razón”. Luego se la lleva hacia la Sala de los Rostros mientras me aburre con la historia de la fundación del templo y la ciudad libre de Braavos. El asunto es que termina por entregar a la loba un vial lleno de veneno con el que tendrá que demostrar que merece servir al Dios de Muchos Rostros, añadiendo para ello el de una tal Lady Crane a la colección. “No habrá una tercera oportunidad”, le anuncia antes de dejarla ir.

Resulta que el objetivo de Arya actúa en un teatrillo callejero que parodia la (patética) muerte de Robert y el (todavía más patético) espíritu de Joffrey. Crane hace de Cersei, y todo son risas hasta que las medianamente logradas versiones de Ned y Sansa Stark entran en escena. Concluida la función, la loba ingresa en los camerinos y descubre que su víctima solo bebe ron. Más claro, el veneno incoloro que lleva en el frasco.

Jaque a la heredera

Mientras tanto, en Las Islas del Hierro están de período electoral. El Trono de Sal necesita volver a ser ocupado porque un Gobierno en funciones no vale para nada, y si no, que nos lo pregunten a los españoles. Asha, Yara, como más rabia os dé, se presenta como candidata y esgrime un discurso sublime que casi convence a lo que intuyo que es algo así como el consejo real. Y digo casi, porque su literal falta de hombría no la hace, en opinión de algunos, meritoria de semejante honor.

… Sobre todo teniendo de vuelta al masculino Theon, quien aunque ahora tampoco goce de virilidad alguna, se sabe que otrora estuvo ahí. Y como de órganos reproductores va la cosa, aparece Euron Greyjoy, recordemos, asesino de su padre y tío de ambos hermanos, para recordar a los presentes que la suya sigue donde debe estar y en perfectas condiciones de salud. Así que, naturalmente, le escogen a él.

Tras un extraño y asfixiante ritual de sucesión al trono, la primera orden de Euron como Rey del Hierro es la de encontrar y asesinar a sus dos sobrinos. Los cuales, a La Fe gracias, han huido en los mejores barcos del reino una vez haber entendido que, con su tío al mando, su noble posición les va a servir lo mismo que a los hambrientos perros de Ramsay un saco de huesos.

Es entonces cuando Euron se vuelve hacia sus hombres y les pide que construyan mil navíos. ¿A cambio? les promete “el mundo”. Hay que ver lo romántico y al mismo tiempo agotador que me está pareciendo todo.

La heroína de Tyrion

“Tyrion Lannister tenía razón”, reconoce Jorah cabizbajo observando a Daenerys tras haber dejado medianamente atrás el asentamiento dothraki, “te amo. Te amaré siempre”… pero me tengo que ir porque tengo un psoriagrís más grande que el templo que quemaste en el capítulo anterior. Además, ¿te lo dicho? no tengo ni puñetera idea de cuál es la cura. Vamos, lo que viene a ser la solución a este problema que literalmente me está comiendo vivo. Vete a saber incluso si existe. Así, te lo cuento todo en pequeñas píldoras y poquito a poco para que puedas ir asimilando la (terrible) idea.

Entonces la Madre de Dragones respira hondo y “salva” a su querido Mormont con una frase escueta, sencilla y que no admite opción a réplica: “te ordeno buscar una cura, porque cuando conquiste los Siete Reinos te necesitaré a mi lado”. Oh, mira tú. Qué bonito, qué rosa, qué todo. Pues nada, hijo, después de esta no te queda otra: tienes que sobrevivir. Como sea. Porque estás aquí para servir a tu Reina que a fin de cuentas es lo que (te) importa. Y punto pelota, como diría mi abuela.

Mientras tanto, en Meereen, Tyrion y Varys se reúnen con Melisandre 2 o Kinvara, “alta sacerdotisa del Templo Rojo de Volantis”, porque el enano la considera valiosa para mantener la paz en la ciudad. Esta, al contrario que Melisandre, cree que Daenerys es su “princesa de Luz” y, como a buen entendedor pocas palabras le faltan, ni el escepticismo del eunuco evita su beneplácito. Hala, otra arpía roja de probablemente un millón de años que llega para, seguramente, liarla gorda. Y encima, para escarmiento de Varys, parece tener más pajarillos que él: “conozco tu pasado y el nombre que susurraron las llamas cuando el brujo de tu infancia te cortó la parte de tu cuerpo más venerada por el dorniense medio” o, lo que es lo mismo, “deja de entrometerte en mi camino o te quito de en medio pronunciando un nombre y un apellido”.

A todo esto, se aceptan sugerencias al respecto.

Guerra blanca

Bran continúa a lo suyo: viajando con el anciano del árbol de visión en visión. No obstante, por una vez, sus viajes en el tiempo despiertan algo más de mi interés habitual. En esta ocasión, aparecen en mitad de No Me Importa, donde un grupito de Hijos del Bosque (o “bichos verdes”, como secretamente me dedico a denominarlos en mi cabeza) revelan el nacimiento de los Caminantes: ellos mismos y su mala sangre, introduciendo en el pecho de los hombres que capturaban una especie de filo pedregoso. La justificación que dan para defenderse por semejante despliegue de inconsciencia es simple: “librábamos una batalla contra Los Primeros Hombres y nos superaban en número”. Lástima que generasen un ejército de zombies congelados que luego no pudieron controlar.

La segunda alucinación la protagoniza Bran solito, en un pequeño acto de rebeldía que luego lamentará con creces. Esta vez el invierno ha llegado a No Me Importa, hace mucho frío y el aliento del joven Stark es poco más que hielo. ¿Al frente? un ejército de Caminantes Blancos; imperturbables, estáticos, en posición. Todos ellos con diferentes malformaciones corporales (el de la media cabeza tiene su gracia), si es que podemos utilizar el término “corporal” para referirnos a eso que les proporciona cierta integridad física.

El caso es que el valiente lobito, consciente de que no pueden verle ni sentirle, atraviesa las filas de esta particular versión de muertos vivientes mientras observa con ferviente interés y mayor asco a todos sus miembros. Al final, como puede comprobar, están los cuatro Jinetes del Apocalipsis, capitaneados por el llamado y temido Rey de la Noche (el Caminante calvo, para que nos entendamos). Este, encima, fija su fría mirada en él y es entonces cuando Bran cree no tenerlas todas consigo: ¿es imposible que esté viéndole, verdad?

Bueno, pues sí, le ve. Peor aún, baja del caballo muerto ese y le agarra del brazo mientras toda su guardia blanca (que de blanca tiene bien poco) aguarda, esperando instrucciones. Afortunadamente, o eso pensé yo entonces, el joven Stark logra volver a la cueva de Muy Lejano y le cuenta al medio árbol lo que le acaba de pasar. Yo esperaba escuchar un “hay que ser idiota” u otra clase de reproche semejante después de que todos vieran que el antebrazo de Bran, efectivamente, había sido tatuado con la marca personal del Señor Caminante, que al parecer tiene las mismas funciones que un GPS.

Pero no. Todo lo que este le dice es que salga por patas (bueno, ya me entendéis) y que, como por su culpa seguramente ahora morirá, ha llegado el momento de que Bran tome su lugar. Y todo va bien hasta que Meera abandona la cueva para darse de bruces contra el mismito ejército de Caminantes que el imbécil de Stark júnior ha visto durante su última no autorizada escapada.

Los Hijos de los Bosques que permanecen junto a ellos crean rápidamente un círculo de fuego para ganar tiempo mientras Meera intenta despertar a Bran (ajá, alucinando otra vez el chiquillo, de vuelta a Invernalia con el joven Willys) con la intención de, evidentemente, arrancarle de esa condena a muerte. Le cuesta lo suyo, pero al final consigue que Stark tome control del cuerpo de un paralizado por el terror Hodor y se pongan en marcha, segundos antes de que Meera se cargase a un Jinete Blanco con una lanza de, aunque no se sabe a ciencia cierta parece lógico pensar, vidriagón.

Luego tenemos la muerte gratuita de Verano y todo se complica un poco. De verdad, señores de la HBO, ¿era necesario matar al pobre lobo? ¿Os faltaba (más) sangre? No llegarían al cupo medio, supongo. Me imagino a los directivos reunidos contemplando el guion del capítulo: “Ramsay no aparece en este episodio, así que no puede cargarse a nadie, ¿qué hacemos?” “Podemos matar al lobo” “¡Qué genialidad, suban el sueldo de este hombre!”.

Tras este pequeño desvarío mental, el trío de Muy Lejano consigue llegar a la puerta “de atrás” de la cueva, aunque con un pequeño gran inconveniente pisándoles los talones. Es entonces cuando Meera ordena a Hodor (a Bran en Hodor, más bien) que “sujete la puerta” o, y en esta ocasión comentarlo en inglés es importante, “Hold the door”. Y así es como el único personaje completamente bueno de ‘Juego de Tronos’ encuentra su final: sosteniendo la puerta para frenar el paso de esa horda de cadáveres que termina con él, salvando las vidas de Meera y Bran. Un acto arriesgado, temerario aunque valiente que repercute directamente en su pasado, generando en Willys un ataque epiléptico que reduce su hasta entonces seguramente bastante más extenso vocabulario a una simple palabra: “Ho(ld the)door”.

Pues nada, hasta aquí hemos llegado, con el paquete de pañuelos a mano y concentrando toda nuestra mala leche en los créditos finales mientras, por 382.173 vez, reflexionamos si nos compensa seguir viendo una serie a la que, dicho sea de paso, le gusta el sado lo mismo que a Cersei el vino.

Sin embargo, como buenos masoquistas, ya sabemos que estaremos un episodio más pegados a la pantalla del ordenador, con cuya preview, por cierto, me despido: capítulo 6x06 “Blood of my blood” (“Sangre de mi sangre”). Y dicho esto me marcho al bar a “ahogar” mis penas. Con suerte hasta echo a Euron del trono. Id vosotros a saber.

Preview 6x06: “Blood of my blood”

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