'Juego de Tronos' 6x02 Review: conteniendo la respiración

Por Eider Calvo

(SPOILERS. En Mayúsculas. Luego no me os vengáis a quejar)

Estamos de vuelta con 'Juego de tronos', y yo con estas impresiones. Sé que me está llevando más tiempo del que Ramsay se tomaría en torturar gente inocente, pero todavía tengo la imagen de la aparentemente inmortal Melisandre bien clavada en la retina. Así, cruda y pletórica, en todo su milenario esplendor. Pero, amigos, con qué maravilla de arpía roja nos ha bendecido el señor Martin, ¿eh? Qué delicia de mujer (bien, tal vez la palabra “delicia” no es la más apropiada, pero…). Sí, eso era un cumplido. Uno de “los míos”. De hecho, a partir de ahora, me he propuesto dedicarle algunos más (bueno, un par como mucho, tampoco nos vayamos a venir arriba ahora). Porque me ha alegrado el día. Y todos sabemos cómo.

Bueno, ¿dónde nos quedamos la última vez? Sansa y Brienne together al fin; Arya recibiendo más palos que los que La Montaña le propinó al desgraciado de Oberyn en su día; Jamie (y su hija muerta) de vuelta en Desembarco; Tyrion y Varys descubriendo que Meereen está más caliente que cualquier dorniense al que mandan “a dormir al sofá”; la Khaleesi retenida en un templo para viudas despechadas en vete Jorah y Naharis a saber dónde; y el golpe de estado dorniense.

En este segundo episodio algunos de estos asuntos siguen su curso, otros empeoran un poco y los restantes ni se tocan. Como novedad, Bran regresa a nuestras vidas y, al igual que en el capítulo anterior, nos consagran con un sorprendente final.

Un tipo hablador

He de reconocer que lo primero que he pensado cuando he dado al play es que “alguien” (y no miro a nadie porque Bran es irreal) se ha pasado con las drogas. Normalmente ya le pasaba al pobre (las alucinaciones, digo), pero la visión de esta vez ha sido lo suficientemente chocante como para dejarla pasar sin más.

Y es que Hodor, por extraño suene, hablaba. Tampoco pecaba de extrovertido (o, bien mirado, no le dejaban serlo), pero tenía un vocabulario bastante más amplio. Y otro nombre: Wylis. Confieso que nunca me había sentido especialmente atraída a reflexionar sobre él como después de ver este capítulo. Ha resultado ser un personaje mucho más complejo de lo que, evidentemente, parecía a priori; e incluso me inclino a pensar que ha sido un terrible trauma del pasado lo que terminó robándole la capacidad de hablar, el cual posiblemente esté relacionado con el nombre de “Hodor”.

En cuanto a Meera, la jovencita que todavía acompaña a Bran, tiene unas bien contenidas ganas de luchar (y digo “contenidas” por decir algo, porque la chavala parece estar harta de no hacer absolutamente nada más que sentarse a ver cómo Bran sucumbe a las visiones día sí y día también). Sin embargo es retenida allí, en mitad de un paraje nevado alejado de la mano los dioses, exactamente el mismo donde terminaron en la cuarta temporada, esperando a que Bran tenga La Visión que les impulse a moverse. Algo que, conociendo a la HBO y sus malditas ganas de dejar con las ganas al personal, probablemente ocurra a final de temporada.

Amenaza de Fe

Mientras tanto, en Desembarco Cersei se ha convertido en paria. O esa era la idea hasta que Guardaespaldas Frankenstein comenzó a patrullar la capital (¿eso que se ha quedado pegado en la pared es el cerebro del borracho de incontinencia urinaria?). Porque, a pesar de todo, la leona Lannister está decidida a hacerse valer. Y si para ello su bicho de tres metros y medio tiene que reventar las cabezas de media ciudad, pues lo hace y ya está, ¿no?

Por su parte, Tommen se ha dado cuenta de que es un auténtico calzonazos. Vamos bien. Poco a poco. Lo que no entiendo es de quién demonios lo ha heredado: de padre al Matarreyes y de madre a una femme fatale en potencia. Y él con menos sal que un Inmaculado. Menos mal que al final ha abandonado el velatorio de su hermana para irse a aplacar a la madre que ha ordenado retener en la Fortaleza Roja por miedo a volver a perderla, dejando a Jamie plantándole cara al Septón. Cosa que, a simple vista, no parecía excesivamente complicado. Al menos hasta que un grupo de “pobres, impotentes y sin familia”, aunque debidamente armados, miembros de Los Siete se descubren entre las sombras, dispuestos a proteger a su señor.

Es entonces cuando el Gorrión Supremo este, tras verse gratamente rodeado de sus “simpáticos” feligreses, ha declarado sus pretensiones de echar a Tommen del Trono de Hierro e imponer La (su) Fe en su lugar. Valiente idiota. No es como si todo Poniente no quisiera ya ese puñetero sillón forjado en mil batallas (que, por cierto, tiene pinta de ser incómodo de narices), pero habría venido a bien un poco de disimulo, que se supone que tu haber es guiar a las personas por el virtuoso camino de la rectitud y el decoro.

Pero no. El fanático ya ha descubierto sus cartas sobre la mesa, y a pesar de que las de Jamie todavía permanecen ocultas, parecen ser mejores que las suyas. Que tiemble Desembarco… y que comience el juego.

Visita a las catacumbas

“Eso es lo mío: beber y saber cosas”, qué bonita definición de Tyrion acaba de soltar el propio Tyrion justo antes de comunicar a Missandei, Varys y Gusano Gris sus intenciones de liberar al par de dragones que permanecen en las catacumbas de la Gran Pirámide. Apasionado de estas bestias del fuego como sobradamente sabemos que es, no me sorprende su particular interés por las criaturas, aunque he de reconocer que le atribuía un poco más de sentido común y algo menos gallardía.

Pero, oye, aplaudido sea, ya que algo me dice que, por una vez, no está totalmente seguro de lo que piensa hacer. Cosa que, incluso, él mismo reconoce cuando, tras aflojar las cadenas de los dragones (y seguir vivo para contarlo), ordena a Varys que “le abofeteen” la próxima vez que se le ocurra una idea de semejante calibre. A todo esto, qué monada de monstruos. Son hasta adorables, en un sentido retorcido de la palabra. Y ahora libres, por fin, para campar a sus anchas. Tyrion les ha caído bien. Con suerte, a lo mejor hasta le reconocen como el Padre de Dragones. Tendría su a qué, ¿verdad?

“Una chica no tiene nombre”

Arya y su rostro de “he recibido más palizas de las que puedo soportar” continúan mendigando por las calles de Braavos, sustituyendo el cuenco por la vara cada vez que La Niña Abandonada le pregunta por su nombre. Entonces, ella siempre da la misma respuesta: “nadie”.

Sin embargo, tengo la sensación de que Arya siempre será Arya. Esta chica tiene demasiada personalidad como para desvirtuarse de todo lo que la define con tal de unirse al elenco de Los Muchos Rostros. A pesar de ello, supongo que al final lo logrará, engañando a todo el que haga falta si es necesario, y aún a costa de que ello la sentencie a toda una vida de invidencia.

Por lo menos en esta ocasión su mentor ha tenido a bien llevarla de vuelta a la Casa de Blanco y Negro. Su limosneo ha concluido en pos de lo que, intuyo, será un entrenamiento más avanzado en su camino a asesina de élite. Pero algo me dice que seguirá recibiendo varazos. Y es posible que otros golpes con un armamento más afilado y metálico. Ya veréis, al final la pobre no podrá ni reconocerse en el espejo por los golpes recibidos. Oh, wait…

Hijo único

En Invernalia, Papá Bolton va a tener un varón muy sano y muy heredero. La cara que se le queda a Ramsay cuando se entera es para enmarcar. Probablemente ya entonces estuviese pensando en aniquilar a su medio hermano antes de que a este le diera tiempo siquiera a empezar a gatear. Para cuando apuñala a su propio padre, aprovechando el momento tan paternal que estaban compartiendo (al menos para Bolton sénior), no me queda ya ninguna duda: va a cargarse al bebé.

Confieso que cada vez que la serie nos fuerza a ser testigos de este tipo de situaciones, fantaseo con cómo será la muerte de Ramsay cuando esta finalmente llegue. Después de la carrera de atrocidades que lleva encima el muy condenado, uno pensaría que tendrá una muerte épica, pero por el mal camino. No sé si me explico. Con mucho sufrimiento y dolor. Por malo.

“¿Puedo cogerlo?” tiene la desfachatez de preguntarle a la pobre Walda tras acabar con la vida de Roose Bolton. Casi se puede palpar el miedo en el rostro de la mujer nada más oír tan bizarra petición. Confieso que quise cerrar los ojos cuando el bastardo lo tomó en sus brazos, pero inmediatamente pensé que, si había soportado la tortura theoniana, es porque debo de tener estómago para todo.

Lo raro es que su hermanito no dura ni cinco segundos entre sus brazos. Más raro aún, el bebé sigue vivito y coleando cuando Walda lo recupera. Al menos, hasta que el psicópata este les guía hasta el recinto perruno. Luego todo es odio, mordiscos viscerales e ingentes dosis de dolor. Menos mal que la HBO tiene la “consideración”, por decirlo así, de ponernos un plano del cabrón Bolton mientras sus sarnosas criaturas devoran a su recién nacido hermano y madrastra. “Prefiero ser hijo único”, sentencia antes de lanzar a los canes.

Ramsay es Lord ahora, y tiene sus objetivos fijos en el Muro. Y en Jon Nieve.

A casa

El improvisado séquito de Sansa Stark, recordemos, compuesto por Brienne, Podrick y Theon, prosigue su marcha en territorio hostil hacia el Castillo Negro. La loba pelirroja aguarda con impaciencia el reencuentro con su hermana pequeña, y espera que su ahora escudera le bendiga con alguna información. Aunque el testimonio no es excesivo, basta para complacerla. Al menos, hasta que Theon anuncia su inminente salida del grupo. “Me voy a casa”, responde cuando Sansa le pregunta por sus intenciones, pues no cree que su recibimiento por parte de una Guardia encabezada por Nieve vaya a ser particularmente acogedora, sobre todo teniendo en cuenta sus numerosas traiciones a la familia Stark.

Lo que no sabe, pero algo me dice que prontamente descubrirá, es que en Las Islas del Hierro su situación familiar no atraviesa mejores momentos. Su padre (un hombre que, recordemos, no daba un duro por su hijo) ha muerto. Asesinado por su propio hermano, de hecho. Y su hermana Asha, quien todavía se acuerda de él, va a tenerlo más que difícil para heredar lo que le corresponde por derecho: capitanear la Casa Greyjoy.

Pero la situación podría torcerse todavía más en su contra ante el inesperado regreso de Theon, cuya hombría le garantiza una posición algo más ventajosa con respecto al denominado Trono de Sal. El problema, por decirlo así, es la mano ejecutora que ha sesgado la vida del patriarca Balon, el cual imagino que no habrá entrado en escena para no llevarse ni media tajada, ¿verdad?

El ansiado regreso

Mientras tanto, en el Castillo Negro los esbirros de Thorne están a punto de acabar con los pocos seguidores del putrefacto Nieve, que cada episodio me da más grima mirar. Allí, todavía parados delante de la puerta que conduce al despacho del Lord Comandante, y claramente superiores en número, comienzan a destrozar la entrada que les separa de sus víctimas.

Y cuando sus seguidores están dispuestos a luchar por Jon y lo que este representaba para ellos, aparecen los Salvajes Más Allá del Muro, liderados por el pelirrojo Tormund, con un imponente gigante. Qué conveniente habría sido alistarse con ellos ahora, ¿verdad, Alliser? Por cierto, hay que reconocer el valor que tuvo el imbécil de la ballesta disparando contra el gigante. Una de dos: o no tenía bien puesto el seguro o los tiene más grandes que la diana a la que apuntaba (me inclino más por la primera opción). El asunto es, que gracias a su oportuna ayuda, los amigos de Jon recuperan el dominio sobre el Castillo Negro. Vaya, Thorne, tu reinado como Lord Comandante ha durado menos que Drogon en las catacumbas; o sea, nada.

Seguros de nuevo, Davos se reúne con la sacerdotisa roja para pedirle que haga exactamente lo que medio mundo espera de ella. Y a pesar de que la tía no parece especialmente reacia a colaborar en un principio, termina cediendo tras un… llamémosle “enternecedor” momento con el Caballero de la Cebolla, en el que ponen tierra de por medio a sus diferencias.

Entonces es allí, en el mismo despacho, tras pasar un paño húmedo por el grotescamente apuñalado pecho de Nieve, donde Melisandre desata su magia en lo que parece ser un estrepitoso fracaso. Y nosotros ahí, conteniendo la respiración como Tyrion durante su visita a las catacumbas. “De la oscuridad, luz; de las cenizas, fuego; de la muerte, vida” repite como una mantra hasta creer haberlo intentado las veces suficientes como para izar la bandera blanca.

Pero sucede minutos después, cuando la guardia abandona con ella y la cámara enfoca el cadáver de Jon; todo silencio, azul del frío y la muerte y rostro sereno, cuando asistimos al esperado (el maldita y endemoniadamente esperado) retorno de entre los muertos. El cuerpo del hijo bastardo de Ned Stark vuelve a respirar, a inhalar vida, a grandes bocanadas, como quien ha permanecido bajo el agua el tiempo suficiente como para que sus pulmones duelan y emerge con fuerza buscando ese ambicionado oxígeno que alivia su disparada adrenalina.

(NOTA: tras conseguirlo, la actriz que encarna a Melisandre a tuiteado ESTE divertido guiño)

Porque hemos sufrido con y por Jon, pero la espera al fin ha terminado. La lucha continúa; se aproxima una guerra.

(Preview ‘Juego de Tronos’ 6x03: Guarda Juramentos)

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