'Juego de Tronos' 6x08 Review: el contundente aullido de la loba

Por Eider Calvo

(Atención ¡SPOILERS! Y ya empezáis a saber cómo los reparto yo en mis reviews. A diestro y siniestro y con menos piedad que Joffrey mientras Sansa le llora a lágrima viva pidiendo clemencia)

Tremendo. Otro final de los que te dejan la piel de gallina. Digno de enmarcar. Grandes momentos los que nos está regalando esta sexta temporada (y los que todavía están por venir). En el capítulo que vengo a comentar hoy, cerramos una de las tramas que iniciamos en la temporada pasada, asistimos a un esperado reencuentro, Perro vuelve a ser Perro y Cersei parece guardar un secreto que quizá podría cambiarlo todo.

Pero desarrollando un poquito más los acontecimientos…

Perro justiciero

En el capítulo anterior, pudimos ver a Clegane recuperando el hacha, aunque no precisamente para continuar ejerciendo sus labores como leñador, recordemos, en ese perdido paraje de Poniente, sino para asegurarse de procurar una aparentemente bien sangrienta venganza a los asesinos de aquel grupo de simpáticos feligreses donde parecía haber encontrado su lugar en la vida.

Efectivamente, tiempo después ahí le vemos, acercándose sin mayores miramientos al grupito de cuatro de La Hermandad sin Estandartes. En menos de lo que los pajarillos de Varys tardan en cambiar de lealtades, Perro se carga, de forma atroz, a los cuatro desgraciados. No obstante, le falta uno, y ni preguntándole al único que logra dejar medio vivo antes de asestarle el golpe final, logra averiguar su paradero. “Eres pésimo muriendo”, comenta refiriéndose a las últimas palabras con las que su víctima decide congraciarle.

Luego todo sigue siendo sangre, vísceras flotantes y tal. Muy acorde a su estilo.

Caminando un poco más, presupongo que siguiendo sus bien entrenados sentidos homicidas, llega al corazón de la Hermandad, a quienes encuentra a punto de colgar a tres de sus deshonrosos componentes. La mano ejecutora nos resulta vagamente familiar, ¿verdad? Ajá, Beric Dondarrion, nada menos, el devoto al Señor de Luz capaz de resucitar las veces que hagan falta mientras el hipster de Thoros de Myr esté allí con él (para que veas, Nieve, el nivel).

Recapitulando un poco (varias temporadas), Dondarrion peleó a muerte contra su entonces Perro prisionero cuando este todavía viajaba con Arya, logrando el segundo alzarse con la victoria. Es entonces cuando asistimos al milagro, y Beric-Jesucristo regresa del inframundo para demostrar a su verdugo hasta dónde puede llegar el poder del amorcito de Melissandre, de quien hace tiempo que no sabemos nada, por cierto.

Entonces Clegane reclama su venganza y Boric le para el carro cual Gandalf y su mememizado “no puedes pasar” de 'La comunidad del anillo': “puedes cargarte a dos, pero no a los tres”. De hecho, resulta hasta gracioso, pues da la sensación de que el tío está diciéndole algo como “no seas abusón y quieras quedarte toda la diversión para ti solo”. Pero no, no es eso, porque al final Perro ahorca a dos y con el tercero reparte bien de sangría.

Cumplido su propósito, Dondarrion aprovecha la relativa calma de Perro para proponerle unirse a su compañía con la intención de tratar de sufragar el mal provocado por sus hombres. O esa es la versión oficial porque, ¿quién no querría tener a semejante bestia apoyando su causa? No, si el eterno renacido este tonto no es.

Tensión sexual no resuelta

De vuelta en Aguasdulces, con Brienne y Podrick a puntito de entrar en el campamento establecido por el rubio Lannister, por quien, como indudablemente descubriremos a lo largo del capítulo, la guerrera guarda profundos sentimientos. Lo admito: casi lloro de emoción cuando Bronn le comenta a Podrick que Jaime querría tirarse a Brienne y viceversa, pues hay que ver “cómo le mira”. Luego simplemente se pone a alabar el aparentemente generoso miembro viril de Payne y yo me levanto a por un café.

Mientras tanto, en la tienda del Lannister, Brienne y él mantienen una, permitidme expresarme de esta manera, “conversación llena de mensajes subliminales que se pueden leer entre líneas” (habla mi lado fangirl, así que lo siento por aquellos que apoyáis el Tormund/Brienne). A grandes rasgos, la valiente mujer le comenta sus planes acerca de resolver el asuntillo del Pez Negro diplomáticamente, algo a lo que la serie nos tiene poco acostumbrados. El caso es que Jaime termina por dar su brazo a torcer (tampoco es como si hubiera opuesto demasiada resistencia), no sin antes avisar a su interlocutora que, de no lograr su objetivo de convencer a tío Tully para que devuelva a Frey lo que este recibió miserablemente (esa boda roja...), él mismo irrumpiría con todo su ejército para asegurarse de que así fuera.

Luego hablan de la espada de empuñadura de león que Brienne tiene en su propiedad, antigua posesión de Jaime, claro, y hace el amago de devolvérsela. Es entonces cuando asistimos a uno de los momentos más canon y “románticos” de estos dos: Lannister le detiene y, con voz suave, confirma a la mujer algo que buena parte del fandom ya sabía: “es tuya. Siempre será tuya”, asegura refiriéndose a sí mis... a la espada, por supuesto. Qué duda cabe.

Entonces una conmovida Brienne se reúne con el Pez Negro para tener la misma suerte que su platónico amor: Brynden no cede, ni siquiera cuando la guerrera le muestra la misiva de Sansa reclamando su ayuda contra los Bolton. Aunque he de decir que el argumento desgranado por el hombre para frustrar los intentos de la rubia mujer tienen su a qué: “me parece estupendo que mi sobrina quiera luchar por recuperar su hogar, pero este es el mío, y aquí me quedaré para impedir que me ocurra lo mismo que a ella”.

...Y todo sale según sus planes hasta que Jaime lanza al desgraciado de Edmund, tras una algo violenta conversación sobre hermanas donde Jaime miente asegurando que Cersei es todo lo que quiere, a reclamar lo que le corresponde por derecho: el fuerte de Aguasdulces. Hecho el lío para Tully, pues su propios hombres están más que inclinados a obedecer a su señor, verdadero heredero del fuerte, a pesar de la sabia advertencia de Brynden de que es una (bastante obvia) trampa.

Bueno, pues Lannister se marca un tanto, sobre todo cuando Edmund da la orden, una vez en el interior del castillo, de bajar las armas y abrir las puertas, además de asesinar al Pez Negro, el mismito que aparentemente está a punto de huir dirección a Invernalia con Brienne y Podrick. O eso nos hacen creer hasta que este se niega y, tras un loable y breve discurso, se lanza a las armas para morir luchando por lo que cree. Y aunque la HBO nos ahorra su muerte, sabemos que esta se ha perpetrado cuando un soldado avisa al propio Jaime de lo ocurrido mientras se encuentra parado en el... ahora mismo no me viene a la cabeza otra palabra mejor para describirlo, “mirador” de la fortaleza, observando el horizonte.

Hasta que depara en ella. En Brienne, alejándose de Aguasdulces junto a su escudero en una barca, amparados por el silencio de la noche. Entonces Jaime, solo de nuevo, alza su mano para despedirse de la mujer; la expresión de su rostro delatando algo más, mucho más, profundo, íntimo y tal vez hasta revelador. Lo que parece ser un secreto de dos, concluye cuando Brienne imita el gesto del Comandante con un rostro tan desgarrado y atribulado como parecen ser sus sentimientos hacia él.

Espero que estos dos vuelvan a reencontrarse pronto. Demasiados feelings que necesitan ser aclarados.

Nueva política de reformas en la capital

Cersei está que echa chispas, para variar. Los Siete consiguen sacarla de sus casillas (venga, cuéntame algo que no sepa). En esta ocasión, un grupo de radicales feligreses liderados por Lancel Lannister ha irrumpido en la Fortaleza Roja reclamando audiencia con la leona. No hace falta preguntarnos quién demonios les ha dejado entrar ¿verdad? Tommen-Títere-Baratheon, of course.

El caso es que el primo de la rubia le dice que tiene que tiene que venir con ellos porque el Gorrión Supremo demanda su presencia. Bueno, creo que no hay cosa que menos importe a la madre del rey que complacer los deseos del Septón, así que, evidentemente, se niega.

...A lo que el atrevido Lancel aclara que, en caso de desobedecer, habrá violencia. El zasca de Cersei es claro, breve y directo: “Elijo la violencia”.

Claro que yo también me pondría así de chula si tuviera al Frankenstein de dos metros ese protegiéndome las espaldas, el mismito que no tarda ni medio segundo en enganchar a uno de los fieles del cuello y destriparle cual cerdo en el matadero. La explícita demostración de fuerza provoca que el resto del grupo, Lancel incluido, pongan pies en polvorosa. La leona, divina ella, se despide con un bonito mensaje: “decidle al Septón que será bienvenido siempre que quiera visitarme”. Di que sí, que aunque tú no termines de encajarme, el cabrón del iluminado este me cae varias veces peor.

Más adelante, la mujer asistirá al anuncio real de su hijo, quien frente a una numerosa audiencia, pronuncia la norma que echará por tierra los estudiados planes de su madre: fin a los juicios por combate en Los Siete Reinos; Cersei y Loras serán juzgados según acuerde la Fe durante el Festival de la Madre. Pues hala. Ya no hay Montaña que valga, me temo. Lo peor es contemplar la rota expresión de la Lannister cuando comprende que ha sido despreciada por su propio primogénito.

Pero mirad, me juego mi candidatura al Trono de Hierro a que todo esto del fin de los juicios por combate y demás forma parte del urdido plan de Margaery, a la que anteriormente pudimos ver fingiendo seguir las directrices del Septón con la intención de que ello le permita ejecutar, más tarde, su ansiada venganza. Tommen no deja de ser un simple peón del tablero, por mucha corona que lleve.

La que parece tener otro as en la manga es Cersei, quien de susurros con Dr. Frankenstein, llega a sus oídos que cierto “rumor”, el cual ignoro, esconde más, mucho más de lo esperado. No obstante, por si os apetece, circulan varias teorías por ahí que indican por dónde podrían estar los tiros.

Un regreso de lo más oportuno

A Tyrion las cosas no le han salido como pensaba. Es verdad que, comentándole a Varys mientras pasean por Meereen, la paz ha llegado a la ciudad; sus integrantes ríen, animados, y caminan sintiéndose seguros por sus calles. Pero lo que todavía no sabe, es que esta es solo provisional. Tras despedirse del eunuco, que se embarca en una desconocida misión que, imagino, tiene como meta adquirir aliados que apoyen la causa de la Madre de Dragones en Poniente, y una ronda de los peores chistes que he oído en mi vida (y mira que en Navidad mi familia se echa algunos que pa' qué) con Missandei y Gusano Gris (cata de vinos incluida), el gobierno encabezado por el enano en funciones observa desde La Gran Pirámide cómo lo que parecen ser decenas de buques se acercan a la ciudad con intención de hacerla suya.

Como explica entonces Missandei, los barcos pertenecen a los Amos de Bahía de los Esclavos que, pensándolo mejor, han decidido que la oferta de Tyrion no les interesa, por lo que vienen a Meereen a “reclamar lo que es suyo”. Vamos, esclavos. Rápidamente, el trío se reúne en, valga la redundancia, lo que yo considero que es la sala de reuniones (una de tantas) para decidir qué hacer, a ser posible deprisa.

Pero no hay razón para entrar en pánico, amigos, porque mami Daenerys aparece por el balcón para anunciar su regreso. Ojo a la cara de la tía, esta sí que está cabreada y no Cersei. Puedo imaginar lo que está pasando por su cabeza en ese momento: “me voy una temporadita, os dejo al mando, ¿y os cargáis la ciudad?”. Ah, sí, de fondo podemos ver a Drogon volando por ahí. A ver si esta vez echa una zarpa y se carga, cuanto menos, media flota a base de llamaradas, porque si no me da a mí que les va a ir peor que otrora a Hediondo bajo el dominio de Ramsay.

Una chica tiene un bien pronunciado nombre

El episodio arranca con la actuación de Ladry Crane, encarnado a Cersei, mientras llora la muerte de su ficticio hijo Joffrey. La interpretación es tan sorprendentemente buena, que deja a medio Braavos sin habla. En cuanto a mí, casi hace que sienta lástima por Joffrey, y eso es decir mucho.

Tras un aclamado aplauso, la actriz regresa al camerino trasero para relajarse y retomar su adicción al ron. Al menos, hasta que un ruido hace que abandone su asiento para investigar su procedencia. Destapada una cortina, allí está ella, Arya, con las manos llenas de sangre, presionando sobre su estómago herido. Con premura, Crane se dispone a ayudarla y, en una perfecta imitación de madre, sana a la loba y le procura un sendo (y necesitado) descanso. Incluso, le pide que se una a su compañía y deambule con ellos por Poniente.

Sin embargo, todo se complica a la mañana siguiente, cuando mientras la chica duerme, un joven rubio en apariencia seductor, se cuela en los aposentos de Crane, en cuyo lecho Arya descansa, y acaba con su vida. En un abrir y cerrar de ojos. Poco nos cuesta adivinar que se trata de la Niña Abandonada quien, dicho sea paso, cada vez que ve a Arya, parece como si la versión femenina de Ramsay se apoderara de ella. Qué sonrisa de psicópata, sádica y visceral, tiene la muy condenada. Con la mirada clavada en Stark, quien, atónita, observa el cadáver de la pobre mujer, murmura su sentencia de muerte: “Un nombre se le pidió al Señor de Muchos Rostros. Ahora le prometieron otro nombre”. No hay que ser maestre para entender que se está refiriendo a la joven.

Entonces, sin más dilación, comienza la carrera a muerte más gloriosa de toda la serie: Arya, quien abandona su condición de loba por la de gata, salta por la ventana de la recámara de Crane, en un intento desesperado por escapar de aquella vil mujer, y cae limpia y perfectamente de pie en el suelo. Ni se despeina, oye. Segundos después ya ha echado pies en polvorosa, y no es para menos, pues su cazadora parece que se ha escapado de un cómic de Marvel; válgame Los Siete, ¿qué forma de perseguir a alguien es esa? De “Sin Nombre” a “Mujer Araña” en cuestión de un minuto. Abrumador.

Luego Arya vuelve a emplear sus habilidades de felina para ejecutar un triple salto mortal que… hace que caiga rodando por una escalinata de la ciudad, llevándose consigo varias cestas de fruta y el eterno odio de sus recolectores. En ese momento reconozco que le grité a la pantalla del ordenador algo que sonó muy parecido a “¡¿Pero es que estás loca?! ¡Levántate ya, joder, que la tienes detrás!”.

Y lo hace. Con las manos ensangrentadas y más adrenalina en las venas que Ramsay cuando saca a sus perros a pasear. Pero está herida y fatigada, hecho que no sorprende, pues tras esa alocada huida, tan llena de piruetas, saltos y golpes, ni el mismísimo Septón se salvaría de salir escaldado. Como una loba apaleada, se arrastra por una callejuela de Braavos, dejando un reguero de pistas sangrientas por donde pasa la mano; hasta el inútil de Tommen sería capaz de rastrearla en esas condiciones.

Así que, naturalmente, La Niña Abandonada la encuentra, de rodillas en el interior de una habitación de paredes de piedra, donde la llama de una vela constituye la única fuente lumínica que tienen… hasta que Arya la apaga con Aguja. Y es entonces cuando presientes el resultado de aquel baile de espadas, aunque no puedas verlo.

La otrora ciega Stark sabe pelear en la oscuridad. Su verduga, no.

Cae la noche sobre la Casa de Blanco y Negro de la ciudad libre de Braavos. El anterior mentor de la loba deambula por la Sala de los Rostros, apreciando su inmensa colección, hasta que depara en un elemento que, definitivamente, no había estado ahí antes: la cara de La Niña Abandonada. “Finalmente, una chica es Nadie”, declara, solemne, tras darse la vuelta y encontrarse frente a su joven ex aprendiz, quien con su puntiaguda arma le apunta directamente al corazón.

“Una chica es Arya Stark de Invernalia”, le corrije uno de los personajes más legendarios de todo Poniente; porte erguido, elevando ligeramente la cabeza y condenando al hombre frente a ella con la energía de su mirada: “y vuelvo a casa”.

Sublime. No hay palabras (salvo las de la propia Arya) para describir este increíble final. La peculiar sonrisa de su antiguo mentor mientras le observa alejarse revuelve todos mis esquemas. Parece ser que conocía el destino de la chica incluso antes de iniciar su propia preparación. En fin, sea como fuere, parece que la no-tan-pequeña Stark abandona Braavos para regresar de donde nunca tuvo que haberse ido: su hogar.

En el próximo episodio, sin embargo, la Casa de Arya será apostada en una cruzada a muerte entre Bolton y Nieve. Auguro una larga carnicería… y un único vencedor, por supuesto. ¿A qué bando secundáis? Creo que ya tenéis bastante claro con quién (Nieve) está mi lealtad. Bueno, igualmente ahí os quiero ver, queridos, en “la batalla de los bastardos”, penúltimo capítulo de esta estupenda temporada. Disfrutad de la preview.

(‘Juego de Tronos’ 6x09: The Battle of Bastards)

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