‘Juego de Tronos’ 5x07 Review: el arma de doble filo de Cersei

Por Diego HidalgoDiego Hidalgo

(¡Cuidado SPOILERS!)

Sam se las tiene que apañar por sí solo en el Castillo Negro

Hay dos hechos en este episodio que van a cambiar radicalmente la historia de Sam después de su regreso de Más allá del Muro. Uno es la marcha de Jon, de nuevo, a tierra salvaje (al cual le obsequia con la flecha de Vidriagón… por si acaso se cruza con algún Caminante Blanco. Quién sabe); y el otro, es el triste fallecimiento del maestre Aemon Targaryen.

En la última noche del anciano, en la que incluso empieza a delirar con el hijo de Elí, la relación entre Sam y Elí (ambos le cuidan) se forja sentimentalmente. Tras su muerte y posterior funeral en la hoguera, Sam se encuentra solo en el Muro después de la marcha de dos personas imprescindibles para él y tal como le recuerdan: “estás perdiendo a tus amigos, Tarly”. Sin embargo, todavía le queda la persona más importante y a la que ama: Elí.

Es precisamente la marcha de estos dos amigos lo que activa el detonante que provoca que el carácter y la personalidad de Sam evolucionen drásticamente. Estando solo sin la ayuda del Lord Comandante (Jon), él tiene que cuidar de Eli, a la cual intentan violar al instante (todavía con la violación de Sansa en la memoria del espectador). El buenazo de Sam saca fuerzas de donde no las tiene para defenderla, pero ni así puede contra los dos Guardias de la noche que le propinan una buena paliza. Casi en las últimas, Sam “el Mortífero” va a jugarse la vida para defender lo único que le queda en el Muro, pero, parece que Sam no está tan solo allí. Fantasma, hace presencia provocando la huida de los dos Guardias.

Tal valentía hace surgir en Elí un sentimiento de amor hacia Sam que solamente se había materializado hasta ahora en gratitud, respeto y amistad. Por fin Sam sale de la “friendzone” para tener sexo con ella y romper sus votos de la Guardia de la Noche, algo muy importante para él. Después de este evento tan esperado para algunos (sobre todo para el propio Sam), la pareja tendrá que salir del Castillo Negro pronto para evitar futuros problemas, tanto internos como externos.

Sansa, la doncella encerrada en la torre

Ahora Sansa Stark sí que está casada con un auténtico monstruo y no como cuando estaba con Tyrion. Éste lo era sólo por fuera, Ramsay, por dentro. Después de la polémica noche de bodas, Sansa permanece prisionera en su habitación con la única finalidad de que su marido mantenga sexo con ella siempre que le venga en ganas.

Cansada, y para no sufrir de nuevo las calamidades que sufrió en Desembarco del Rey, Sansa intenta escapar cuanto antes de allí gracias a la ayuda de otro prisionero de Ramsay: Theon. Bueno, Hediondo. Sansa, recordándole quien es en realidad (“Tu nombre es Theon Greyjoy), le pide que encienda le vela que traerá la ayuda de la anciana tal como prometió en episodios anteriores (”El Norte no olvida“). Y aunque nos hagan ver un pequeño atisbo de esperanza, Theon no es Theon, es Hediondo, y se lo cuenta todo a Ramsay.

Sansa, al igual que el espectador, ante la esperanza de poder escapar en breve de las garras de Ramsay, le recuerda irónicamente si el verdadero heredero del Norte no será el hijo que espera su padre y no él, un bastardo. A Ramsay es un tema que le causó cierta rabia, pero esta vez, más tranquilo, le cuenta que los bastardos pueden llegar lejos, al igual que su hermano en la Guardia de la Noche. Pero las esperanzas de escapar se esfuman cuando encuentra a la anciana desollada y crucificada brutalmente por el monstruo que tiene ahora mismo como esposo.

No toda venganza vive de violencia

Véase el caso de Olenna Redwyne. Ésta quiere que los responsables del encarcelamiento de sus nietos, Margaery y Loras Tyrell, paguen por ello. La Reina de las Espinas trabaja desde las sombras y desde el diálogo para conseguir sus objetivos (como ya comprobamos la temporada pasada).

Es en este episodio donde la vemos mantener un par de charlas clave. La primera, con el Gorrión de la Fe, en son de paz y ofreciendo un ultimátum de recursos hacia Desembarco del Rey. No obstante, el Gorrión también es un hombre curtido y sabio, y no caerá ante sus palabras. Por otro lado, Olenna recibe la visita de otro experto en trabajar desde las sombras y desde el diálogo: Meñique, quien le ofrece un regalo como ya hiciera con Cersei tiempo atrás, “un apuesto joven”.

Se produce el encuentro anunciado desde el principio: Tyrion y Daenerys

El esclavista que captura a Tyrion y Sir Jorah logra vender a este último después de hablar maravillas de él a los postores. Tyrion nos sorprende a todos salvando su vida esta vez con la fuerza física y no con la palabra, como lo lleva haciendo todos estos años. El “Gnomo” pide al comprador de Jorah que lo lleve con él también ya que son un equipo. Tyrion afirma ser un gran luchador. Todos ríen más. Éste coge sus cadenas, y en una de las escenas más surrealistas y divertidas (para el pobre esclavista no, claro) Tyrion propina una paliza al sujeto que le tiene encadenado.

Como toda película de gladiadores, los inicios de los recién llegados son en escenarios pobres que les permitirá ir subiendo de estatus. En la primera hornada de gladiadores, ni Jorah ni Tyrion hacen presencia, sin embargo, cuando el primero escucha que la Reina está allí como espectadora, entra en pleno combate ocultando su rostro con un casco. El combate ni le despeina, y tras deshacerse de sus contrincantes, Jorah muestra su rostro ante Daenerys (por cierto, acompañada por su futuro esposo y horripilada por los combates), quien le rechaza nada más verle. Este rechazo se convierte en una sorpresa gracias al regalo (título del episodio) que le tiene preparado: Tyrion Lannister.

Una de las Serpientes de Arena se desmelena

La escena entre Tyene Arena y Bronn se ha convertido en una de las escenas más potentes (y sensuales) de la temporada. Entre barrotes, la Serpiente de Arena utiliza su sexualidad para llamar la atención de Bronn, al cual envenenó con su daga en la batalla del episodio anterior.

Sus hermanas no se sorprenden ante sus insinuaciones y poco a poco vamos conociendo más sobre estos personajes que se van construyendo a cuentagotas durante la temporada (salvo las tramas de Sansa y Tyrion, la temporada está desarrollándose muy lentamente teniendo en cuenta que sólo faltan 3 episodios para su final). Además de ser luchadoras, valientes y vengativas, al menos, una de ellas también utiliza su sexualidad para conseguir sus objetivos, mostrar su poder, o simplemente, para provocar a sus rivales.

Finalmente, Tyene Arena le da la poción a Bronn después de que éste confesara (obligado) que es la mujer más hermosa de todo el mundo.

Cersei y Margaery, vecinas de celda

Si en el episodio anterior Margaery era la que terminaba inesperadamente mal, en éste, el revés lo sufre Cersei. Su hijo, el Rey Tommen, está furioso con la decisión de la Fe por encarcelar a su prometida. Cersei le promete que hará todo lo que sea por él, pero dicha promesa para ella no significa lo mismo que para su hijo. Por cierto, en Dorne, su hija parece que tampoco quiere volver a Desembarco del Rey, por lo que poco a poco Cersei ve como sus hijos se alejan de ella.

La Reina Madre visita a Margaery, encarcelada y muy afectada físicamente, para contarle las mentiras que puede que se crea Tommen, pero no ella. Margaery sabe que todo lo sucedido fue por los hilos que movió Cersei. Y justamente, fue así. Sin embargo, Cersei todavía no conocía que estaba jugando con un arma de doble filo, como ya avisé yo en su tiempo. El Gorrión de la Fe, después de un gran diálogo, tiene una sorpresa para ella: su sobrino, que ya no es un Lannister una vez se alistó en la Fe, confiesa sus pecados (no sabemos cuál de ellos todavía).

La Fe apresa a Cersei ante su impotencia (y prepotencia), y si quería a Margaery cuanto más lejos mejor, ahora estará muy cerca de ella compartiendo un mismo destino. Lástima que no compartan celda también.

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