‘Juego de Tronos’ 6x09 Review: nacido para ganar

PorEider Calvo

(¡SPOILERS! Tan enormes, intensos y desgarradores como este capítulo)

Estoy temblando. De verdad. Temblando. Con más adrenalina que sangre en las venas. Poniente no ha conocido final más épico que este. Desde el primer segundo de metraje hasta el último, conteniendo la respiración, disfrutando de lo que sin duda es un despliegue técnico y de efectos especiales asombroso. El mejor capítulo, con diferencia, de esta sexta temporada. Solo de pensar que nos queda un único episodio para terminarla… y que luego tendremos que esperar otro año… A ver, ¿Hola? ¿quién está el último en la cola para pasar por la jauría Boltoniana? ¿tú, la chica rubia? Estupendo. Sí, sí, yo me apunto; total, tengo más impaciencia que estos canes hambre…

Bueno, pues en esto que voy esperando mi turno, vayamos por partes.

Danza de dragones

En el episodio anterior, los Amos de Bahía de los Esclavos, no contentos con el pacto trazado con Tyrion, optan por aparecer con su eterna flota para arrasar Meereen. Bien, pues en ello andan: proyectando munición ígnea que está haciendo algo más que caldear la ciudad.

Ojo, que aquí la culpa no es de nadie, ¿eh? El enano Lannister le ha dejado bien clarito a la furiosa Dany que, gracias a su gobierno, la ciudad está “en alza”. Como la Reina se muestra sobradamente escéptica ante el descaro del hombre, no le queda más remedio que ceder el poder y conocer el plan de la mujer, que consiste, básicamente, en la destrucción total. Amenazas de crucifixiones, fuego y cenizas después, Tyrion comenta que “probablemente” no apruebe algo así, y que lo mejor sería optar por una solución mucho más diplomática.

Y así es como Missandei, Gusano Gris, Dany y el enano se reúnen con sus invasores para negociar sus “términos de rendición”, en palabras de este último. Pues como asegura la Targaryen, no es su subordinación sino la de los Amos la que vienen precisamente a negociar. Y mucho menos después de escuchar las condiciones de sus enemigos, que podríamos resumir en: Inmaculados y traductora revendidos, dragones masacrados y los que no entren en esta ecuación fuera de Meereen.

Visto que no había acuerdo posible, la Madre saca a Drogon a pasear. Y con “pasear” me refiero, evidentemente, a cumplir su estrategia de aniquilamiento absoluto. Luego sus dos hermanitos, probablemente animados por los bramidos del otro, derrumban la pared que custodiaba las catacumbas y se unen a la fiesta. Daenerys dice la palabra mágica que, como todos sabemos, es “Dracarys”, y los dothrakis también tienen su parte de protagonismo contra los Hijos de la Arpía. Luego Gusano Gris degüella a dos Amos y al restante le perdona la vida para que pueda extender la verdad de su Reina por doquier. Finalmente, Meereen se convierte en un infierno marino, donde todo es muerte, fuego y sangre.

No hace falta decir qué bando resultó vencedor.

Women’s rules

Por su parte, los hermanos Greyjoy han llegado a la ciudad antes que su tío Euron. Con la deseada flota para Daenerys, por supuesto. Así que solicitan audiencia con la que pincha y corta, y Tyrion la acompaña cual fiel (y probablemente avergonzado tras el jaleo meeriniense) consejero. Luego reconoce a Theon como aquel que se burlaba de él en el pasado por su baja estatura, y Dany parece concederle varios segundos de venganza que invierte en dedicarle al abusón unas dulces palabras, que sonaron muy parecidas a “no parece que hayas pagado por sus actos, porque aún sigues vivo”.

Todo amor. Dónde va a parar si no.

El caso es que luego Asha y Daenerys pasan a tratar asuntos de Estado. El pacto, según la hermana Greyjoy, es simple: yo te ayudo a conquistar Poniente, ofreciéndote mi flota con mis tripulantes y, a cambio, te cargas a Euron para que pueda recuperar el Trono de Sal que me corresponde por derecho. Parece haber buen rollo entre estas dos, porque la Madre de Dragones no tarda en sellar el trato… aunque no sin antes aclararle a Asha que, para que ella facilite su gobierno en las Islas del Hierro, primero sus habitantes deberán renunciar a su modo de vida, basada en el saqueo, los asaltos y las violaciones. Con el asentimiento de Asha, asistimos al nacimiento de una nueva alianza.

Ahora sí que sí, damas y caballeros. Ya tenemos ejército y flota para transportarlo. ¿Próxima parada? Poniente.

La batalla de los bastardos

En el Norte, Sansa, Jon, Davos, Tormund y Lyanna se reúnen con los Bolton y sus secuaces. Según Ramsay, la vida de Nieve y la de sus hombres será perdonada si le entrega a su esposa, se arrodilla ante él y le reconoce como Señor Indiscutible del Norte. “Soy un hombre piadoso”, añade el muy. Jon, por supuesto, se niega, a pesar de que amablemente su némesis puntualiza que les superan en número. Como el ex Lord Comandante sabe eso mejor que nadie, sugiere a Bolton un uno contra uno: el que gane el combate, ganará la batalla. Nada más fácil.

Pero Ramsay no es idiota. Es consciente de que en un combate mano a mano contra Nieve no tendría nada que hacer. Y, leches, si es que tampoco le hace falta: tiene un ejército el doble de grande. Puede vencer sin problemas, y así se lo hace saber a su rival. Luego, además, se encarga de arrojar la cabeza del huargo de Rickon al suelo, para que sus oponentes puedan recordar la vida de quién tiene en su posesión. “Morirás mañana, Lord Bolton”, sentencia Sansa tras la osadía de Ramsay; una mirada congelada recortando la silueta de su agresor, “dormid bien”.

Con la marcha de Stark, y antes de concluir el breve encuentro, Bolton suelta una puntilla más que tiene que ver, cómo no, con sus hambrientos perros y las ganas que tienen de conocerles: “No han comido en siete días”… y aunque todavía ni se lo imagina, lamentará con creces no haber alimentado correctamente a la jauría.

Lucharán por la mañana.

La noche cae implacable sobre el campamento del bando de los buenos. Davos, Jon, Sansa y Tormund convienen su estrategia de ataque, en el que acuerdan que hay que tener cuidado con los flancos. “Tienen hombres, nosotros paciencia”, comenta el Caballero de la Cebolla como si eso dijese algo. En fin, la cosa pinta tremendamente mal, y más aún cuando estoy en tensión permanente porque no termino de creerme que Ramsay no vaya a aprovechar la oscuridad de la noche para atacar ya mismo. No es un hombre de palabra, podría hacerlo sin problemas.

Aunque, quizá, eso sería demasiado fácil. Cree con tanto ahínco en la derrota de sus contrincantes que es bastante posible que espere. Siendo sincera, no es para menos: ya les superan en número, y con creces, dato en el que Sansa insiste a pesar de que no le hagan mucho caso. “Se han ganado batallas con menos expectativas”, zanja Jon.

Tras discutir con su medio hermana, el bastardo sale a buscar a Melissandre. Quiere asegurarse que, en caso de morir, no vuelva a ser resucitado. No sirve para nada, pues la bruja roja alega que seguirá los dictámenes del Señor de Luz, coincidan o no con sus planes. “Si estás aquí, es por algo”, es más o menos lo que le dice. El problema, es que nosotros aún ignoramos el porqué de su regreso: ¿para morir de nuevo? ¿para salvar a Rickon, quien tras desconocer el paradero de Bran, parece alzarse como el Señor de Invernalia? ¿o para acabar con Ramsay aunque ello le cueste la vida?

A la mañana siguiente descartamos la opción de Rickon. Sansa tenía razón: su hermano no iba a sobrevivir. Cuando Ramsay lo condujo maniatado hasta una zona visible de lo que será el campo de batalla y levantó el cuchillo, cerré los ojos, aguardando el final. Pero este no llegó y alabé la técnica de la HBO para querer provocarnos un infarto de un instante a otro. Deberían cotizar para nuestra Seguridad Social. A fin de cuentas, ‘Juego de Tronos’ trae normalmente más disgustos que alegrías…

No obstante, el que no elimine a Rickon a puñaladas, no descarta una opción mucho más ramsayniana: “vete corriendo hacia tu hermano y, si consigues alcanzarle, te salvas”. Claro que, evidentemente, mientras tanto él se encargará de llenar su pequeño cuerpo de flechas. De todos modos, visto que tampoco le queda mejor opción, el pobre Rickon sale corriendo en dirección a su hermano. Jon, entendiendo las intenciones de Ramsay, parte a caballo para acortar la huida de este. Durante la carrera, Bolton va “fallando” sus tiros. Y digo “fallando” entre comillas porque el cabrón estaba esperando el momento justo: exactamente cuando Nieve parece estar a punto de salvar al jovencísimo Stark.

Porque seamos serios. Ramsay es un perfecto cazador, además de que no se arriesgaría a dejar partir a Rickon sin tener cien por ciento seguro de que podría cargárselo por el camino, ¿no creéis? El caso es que, con la muerte del niño, ya está encendida la mecha, y de pronto Nieve se encuentra en el lugar menos indicado en el peor momento: los jinetes de Bolton se acercan veloces hacia él, blandiendo sus espadas en lo que parece ser un uno contra casi seis mil. Sin embargo, ello no amedrenta al bueno de Nieve; desenvaina la suya propia y aguarda para, sí, esperar el final, pero no sin antes haber sesgado un par de almas.

Afortunadamente su propio ejército llega a tiempo y, al menos al principio, pasa sin pena ni gloria por el medio de la batalla. Pronto arranca una guerra en la que los pájaros son flechas y una masa ingente de cadáveres dificulta la movilización. Veinticinco minutos de refriega, amigos. Casi media hora la que nos tienen en vilo. Después los hombres de Jon caen precisamente en aquello que la noche anterior trataron de evitar: son rodeados por los flancos, en un muro impenetrable de escudos y lanzas que avanza firme hacia delante, estrechando el cerco, asfixiando a sus oponentes en una escena de lo más claustrofóbica.

Luego Tormund arroja a Nieve al suelo para salvarle de lo que sin duda habría sido un golpe mortal y, por culpa del corrillo formado por el ejército de Bolton, es pisoteado por sus propios hombres. Ves que le falta el aire y que todo apunta a que va a morir. Pero entonces piensas que el Señor de Luz no habrá traído de vuelta al medio Stark para simplemente matarlo de un modo diferente, ¿no? De alguna maldita manera, este capullo que tan malos ratos me está regalando tiene que sobrevivir a esta.

Efectivamente, lo hace. Encuentra un recoveco y explota las fuerzas que le quedan para salir al exterior, buceando por entre ese amasijo de hombres inquietos y más cadáveres en lo que parece ser la victoria aplastante de Ramsay Bolton quien, dicho sea de paso, permanece impoluto en su caballo, a metros de distancia de la masacre. A pesar de la puntual salvación de Jon, siguen teniéndolo realmente crudo para ganar la batalla. Muchos menos hombres siendo presionados como si quisieran meterlos en una lata de sardinas. Reconozco que, perdida en el fragor de la batalla, pensé en los Caminantes Blancos. Que lograrían atravesar el Muro y aparecerían por arte de magia para no dejar individuo con vida, excepto a Sansa, Davos y Jon, quizá.

Pero no. Sucedió algo muchísimo mejor: para sorpresa de Ramsay, el ejército del Valle de Arryn, liderado por Meñique, llega para echar una mano cuando todo parecía decidido. Sansa está con él, por supuesto, confirmando el destinatario de la misiva que en secreto envió. Sin embargo, dudo mucho que Meñique haya intervenido desinteresadamente (es Baelish del que estamos hablando, ¡por los Dioses!). Así que, naturalmente, la pelirroja Stark habrá tenido que llegar a un acuerdo con él… que probablemente descubramos en el próximo episodio.

Visto el panorama, Bolton decide refugiarse en Invernalia junto a los pocos hombres que también a él le quedan. Pero el gigante salvaje que no recordaba que se llamaba Wun Wun, logra tirar las puertas abajo antes de ser rematado por el propio Ramsay. El mismito que de repente le dice a Jon que ha tomado en consideración ese uno contra uno. No te digo… ahora sí, ¿eh? Pero como Nieve tiene más ganas de reventarlo a puñetazos que Tyrion de emborracharse, acepta. Y aunque Bolton trató, evidentemente desde la distancia, de terminar con él a flechazos, el otro bastardo termina por alcanzarlo y dejarle con un pie y tres cuartos en la tumba. Solo la mirada de Sansa le detiene.

Entonces los estandartes de la Casa Stark regresan, tras cinco temporadas, a Invernalia. El cometido que el Señor de Luz reservaba para Nieve se ha cumplido: nacido, renacido, para ganar; para recuperar su hogar.

La oscuridad se cierne sobre el castillo norteño, pero Sansa aún tiene algo que hacer antes de acostarse. Va a ver a Bolton, quien permanece encerrado en las perreras con la cara ensangrentada. Comprobaremos entonces que el psicópata aprovecha hasta el último segundo para intentar dañar, aunque ahora sea solo psicológicamente, a su exmujer: “soy parte de ti, no podrás matarme”. Y aunque las palabras de Sansa no me convencen del todo (dudo mucho que vaya a olvidar a Ramsay, pues demasiadas secuelas le ha dejado), los perros salen de sus celdas abiertas y lo demás deja de cobrar importancia. Bravo, HBO, creo que no hay mejor final para darle a este cabrón.

Porque cuando hay hambre, las lealtades sobran. Y esos perros llevaban siete días sin comer.

Después de esta flagrante victoria, os dejo el avance del próximo episodio, The Winds of Winter (“Vientos de Invierno”), para que vayáis abriendo boca: Cersei y Loras se someten a la Fe de Los Siete durante el Festival de la Madre; Meñique presiona a Sansa para que le dé aquello que ha pedido a cambio de ayudarla a recuperar Invernalia; Davos fuerza a Melissandre a confesar algo que hizo ante Nieve; volvemos a ver a Bran y, finalmente, Tyrion advierte a Daenerys que ahora ha entrado en el “Gran Juego”, y que este es aterrador.

Comienza la cuenta atrás. ¿Oyes eso? Son los vientos de invierno…

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