'Juego de Tronos' 6x06 Review: un respiro con golpe a la Corona

Por Eider Calvo

(¡SPOILERS! Ramsay me comenta que más vale que los que no habéis visto este último episodio salgáis pitando de aquí o saca a pasear a los perros. Ahí lo dejo)

Here we are, una semana más, con ‘Juego de Tronos’. Después de la sangría del capítulo anterior, la siempre “considerada” HBO nos concede un respiro; y es que, no sé si os habréis dado cuenta, esta vez no ha muerto ni Dios. Bueno, un par de Caminantes, pero esos no cuentan, ¿verdad?

Por otra parte, no hemos tenido el placer de ver a Jon, ni a Sansa, ni a Brienne y su salvaje admirador. Tampoco a Ramsay, aunque eso siempre es un alivio. Y no tenemos ni idea de cómo le irá a Varys con Kinvara. Sin embargo, como ya nos advertía la sinopsis del presente 6x06, “un antiguo enemigo entra en escena”, además de un viejo conocido.

En no tan resumidas cuentas, allá voy.

El Cuervo de Tres Ojos

Arrancamos con Meera tirando del camastro provisional que sostiene al visionario Bran, cuya última y confusa alucinación nos permite ver, por vez primera, al Rey Loco. Parece costarle mucho, a la pobre; sin la fuerza de Hodor, atravesando Muy Lejano mientras el frío le cala hasta los huesos. Y es que, nunca mejor dicho, “el invierno ya ha llegado” para ellos. Sobre todo cuando Bran al fin abre los ojos y contempla el desesperado rostro de su amiga y protectora a pocos centímetros del suyo, quien sollozante, acuna sus mejillas mientras parece esperar la muerte.

“Ya vienen”, le asegura el joven Stark, y la muchacha solo puede pedirle perdón antes de que la horda de Caminantes que durante un tiempo el fallecido Hodor había conseguido retener, les alcanza. Qué les va a librar de esta ahora, piensas, porque la misma Meera sabe que ella sola no es suficiente. Pero entonces, cuando una vez más todo parece perdido, un jinete encapuchado surge de entre las sombras y derrota con un arma ígnea al grupo de zombies-no-tan-blancos, salvando de paso la vida de ambos jóvenes.

Más tarde, mientras su misterioso salvador desuella un conejo, Meera le pregunta por el motivo de su ayuda. “El Cuervo de Tres Ojos me llamó”, responde el hombre, aquel que “vive de nuevo”, añade ante el escepticismo de la chica, refiriéndose evidentemente a Bran. ¿Y qué mejor que un familiar para acudir a semejante llamada? Descubierto su rostro, el pequeño Stark reconoce a su tío Benjen, del cual no habíamos vuelto a saber nada después de que, en su día, cruzase el Muro para ir en busca de los Caminantes.

El problema, como narra el tío, es que “estos les encontraron a ellos”. A partir de ahí, y tras recibir el filo mortal de una de las invernales criaturas, los Bichos Ver… Hijos del Bosque, quería decir, acuden en su ayuda y revierten el proceso de transformación en Caminante que estaba empezando a padecer el pobre Benjen en sus propias carnes. Ya sabéis, como la licantropía o el vampirismo; si te muerden (o te acuchillan, en este caso), date por perdido, a no ser que tengas la suerte de dar con el grupito de arbustos mutantes. Por otra parte, la reaparición de este personaje es bastante conveniente: “Oye, nos hemos cargado a Hodor, Osha y Verano, ¿quién va salvar a los dos chiquillos ahora?” “Mmm, déjame ver… ¿os acordáis del Stark de la Guardia de la Noche que dejamos por ahí, abandonado a su suerte, en no me acuerdo qué temporada? Podría servir” “Anda, pues sí. Toma, un ascenso” (reunión en la HBO, capítulo dos).

En fin, el caso es que la parejita de Muy Lejano vuelve a estar a buen recaudo, o eso es lo que quiero yo pensar, aunque con una presión añadida para el pequeño Bran: “eres el Cuervo de Tres Ojos ahora, sobrino, y estarás preparado para cuando se requiera de ti”, le dice Benjen en un tono de voz que más bien pareciera indicar algo como “la guerra se avecina, los Caminantes le pisan los talones a medio Poniente y tenemos armado un lío de tres pares de narices por una puñetera silla de hierro, pero oye, tú tómate tu tiempo en aprender lo que (todavía) te hace falta. De buen rollo y eso”.

Menos mal que la expresión de Stark nos hace creer que sabe leer entre líneas: “ponte las pilas, niño, y ayúdanos ya… de alguna forma.”.

Conociendo a los suegros

Samwell, Elí y Little Sam llegan al hogar de los Tarly, que viene a ser una imponente mansión de varios kilómetros de diámetro que no tiene nada que envidiar a las lujosas residencias de lo mejorcito de Beverly Hills (supera eso, Paris). Pero el asuntillo, un detalle tonto, que ahora les concierne, es que el futuro maestre no ha revelado a su familia la verdadera y salvaje identidad de su chica. “A mi padre no le gustan los salvajes”, comenta a modo de disculpa antes de frenar el carruaje a orillas de su hogar.

El recibimiento que la madre y hermana, llamada Talla, del afable Sam le dan es gratamente cálida. Se nota que se alegran de verle. En ese momento se lleva a cabo la presentación oficial del diminuto retoño y mujer y luego Talla proporciona a Elí un baño de agua caliente y uno de sus vestidos. Y todo marcha estupendamente hasta la hora de la cena, en la que el padre de Sam, Randyll, y un tal Dickon que entiendo que podría ser el otro hermano del hijo pródigo, se unen a ellos después de haber pasado la tarde cazando por ahí.

Si exceptuamos que la mirada lanzada por Randyll parecía querer extirpar el corazón de su propio hijo de un instante a otro, y las meteduras de pata constantes de Sam del tipo “Oh, no. En el Muro no cazábamos alces o ciervos, sino conejos y ardillas. Y con “cazábamos” me refiero solo a mi amigo Jon. Bueno, Edd a veces también participaba”, la cena no es que fuera mal, es que fue peor: con la intención de defender al acobardado de su novio de la tiranía de Tarly padre, cuya filosofía de vida parece cimentarse en el culto al bíceps por encima de el del cerebro (me pregunto qué respuesta mordaz tendría Tyrion para esto…), Elí cometió el descuido de revelarse como salvaje, cosa que a Randyll le gustó menos que a un dorniense el celibato eterno.

Descubierto el engaño, Sam recibe un ultimátum: la salvaje se queda trabajando en las cocinas y el pequeño Sam podrá criarse allí, con ellos. Pero a cambio, aquella tendría que ser la última noche que nuestro futuro y querido maestre pasaría en Colina Cuervo. Y esta vez, no podría volver jamás. Visto en semejante tesitura, Sam, siendo plenamente consciente de que lo mejor para su chica y su hijo es que se queden con su familia, le cuenta a Elí su decisión y, con una lágrima surcándole la mejilla, se despide en lo que parece un adiós definitivo… que dura, aproximadamente, sesenta segundos. Vamos, lo que le cuesta al tío dar media vuelta y coger a Little Sam y Elí de la mano con la firme intención, ahora sí, de abandonar la Casa Tarly por y para siempre.

Ah, casi lo olvido. De camino a la puerta Samwell roba la espada familiar “veneno de corazón” de, esperad un momento que repaso los apuntes, 500 años de antigüedad, forjada en acero valyrio de primera clase y uno de los pocos ejemplares que, a criterio de Randyll, quedan en tierra media. Y, si encima, a este despliegue de información le añades una musiquilla pegadiza de fondo y un claim potente del tipo “¿Te gusta asesinar?”, tendremos el homólogo antiguo a lo que hoy entenderíamos como un anuncio de coches: bueno, bonito y caro.

Imaginad lo que ocurrirá cuando se entere el páter…

La victoria de la Fe

De Colina Cuervo a Desembarco del Rey. Resulta que el Gorrión Supremo lleva al calzona… espera, voy a contenerme un poco porque el pobre Tommen todavía no ha hecho nada (supongo que, precisamente, ese es el problema). En fin, a lo que iba: el Septón permite que el joven Lannister vea a su querida Margaery; una esbelta mujer a la que además parecen haber lavado el cerebro con “la forma de ver el mundo” de Los Siete, cosa que me extraña, pues hace dos capítulos la chica parecía decidida a hacerle pagar al pajarraco este por todo el daño que le había causado a ella y a su hermano. Pero bueno, creámosla de momento, como Tommen, quien hasta los argumentos del Niñato del Valle (o el cariñoso apodo con el que he rebautizado a Robert Arryn) podrían convencerle.

Según se ve Margaery está dispuesta a expiar sus pecados frente a todo Desembarco (y digo “todo” porque madre mía cuánta audiencia. Parece ser que a los de la capi les va el morbo como a Meñique la manipulación). Lástima que su abuela Olenna haya traído a medio Altojardín para impedirlo, siendo además Jaime el encargado de guiar a tamaño ejército hacia el mismísimo Septón, quien aparentemente está a punto de ordenar el comienzo del paseo de la vergüenza de la joven Tyrell. Al menos, hasta que el Matarreyes asciende majestuoso en su blanco corcel por la escalinata que separa al Gorrión de él, los soldados de Altojardín y el pueblo. Entonces, su fina labia pone al líder de Los Siete en jaque, y todo parece apuntar que el mate también será inminente.

Hasta que el Septón Supremo, en lo que podría considerarse como una clara parodia a la película de ‘La Jungla 5’, decide que aquel no es ”un buen día para morir”, porque está totalmente dispuesto a liberar a Margaery, cuyos pecados considera expiados por haber “atraído a otro a la auténtica luz de Los Siete”. Y sí, amigos, ese “otro” no es, valga la redundancia, otro que Tommen. Por favor, observad bien la cara que se le queda al guapo de Jaime. Es para enmarcar, al igual que este acontecimiento histórico en la ciudad: Corona y Religión, unidos para gobernar.

Como dice Olenna, la Fe, perdón, el Gorrión “les ha vencido”. Mira, Randyll Tarly, presta atención a esto: un solo cerebro ha derrotado al poderoso ejército de los Tyrell. Un golpe de estado en toda regla y magistralmente ejecutado. Si bien es cierto que me habría gustado ver al Septón tratando de convencer a Joffrey de algo… o la misma Margaery, aparentemente lobotomizada. Probablemente habría acabado con los dos antes de que les diera tiempo a nombrar algún versículo del Libro del Desconocido. Sin embargo, es evidente que, a partir de ahora, guste más o menos, se avecinan tiempos de cambio e incertidumbre para una gran parte de Poniente.

Como, por ejemplo, el forzado exilio, por decirlo así, del Lord Comandante de la Guardia Real, nuestro querido Jaime Lannister, a Aguasdulces, para ayudar a cierta persona a recuperarla, de la que luego hablaré y que seguro todos recordamos, aunque no precisamente con excesivo cariño.

“Una chica nunca ha olvidado quién es”

Nadie está de vuelta en el teatrillo callejero de Braavos, disfrutando enormemente de la representación de la muerte de Joffrey. Cuando el actor que hace del rubio Baratheon cae al suelo en lo que serían sus últimos instantes de vida, Lady Crane, actuando como Cersei, hace su aparición triunfal en escena para deleitar a su público con una magnífica exhibición que deja a Nadie con la boca abierta… e incluso le permite observar de reojo a la actriz que hace de Sansa en una esquina, interpretando las líneas de su compañera con disimulo y en silencio, demostrando así lo mucho que desea obtener ese papel.

Es entonces cuando Nadie se da cuenta de quién ha solicitado la ejecución de Crane.

Acabada la función, la joven ingresa en los camerinos y, obediente, vierte el veneno en la botella de ron de su víctima, con tan mala suerte que topa con ella cuando estaba a punto de salir de allí. En ese momento creí que la mujer moriría justo delante de Nadie, o peor aún, que ofrecería a Nadie un poco de ron. Pero no, se dedican a entablar una emotiva conversación en la que Nadie, básicamente, le confiesa que eso que hace delante de la gente no es actuar, sino poesía. Tiene su gracia, además, que Crane le pregunte a “Mercy” si le gusta hacerse pasar por otras personas… pero Nadie se despide sin contestar y la mujer aprovechará el momento para recuperar su adulterada botella.

Y solo cuando está a punto de llevarse el vasito envenenado a los labios, aparece Na… quiero decir, Arya Stark, y vierte su letal contenido al suelo. Vaso incluido. Entonces la mira fijamente a los ojos y revela la identidad de quién desea acabar con ella que, dicho sea de paso, se encuentra en esos momentos con ella en los camerinos, junto al resto de comediantes. Luego, simplemente, desaparece.

Lástima que La Niña Abandonada estuviese infiltrada allí para verlo todo.

No obstante, siendo consciente de que lo que acababa de hacer viola el código conductual de los Hombres sin Rostro, Arya se apresura a llegar hasta el puerto para recuperar a Aguja, su espada, que había dejado escondida entre unas rocas, y parte rápidamente en busca de un refugio en el que pasar la noche. Al mismo tiempo, La Niña Abandonada regresa a la Casa del Blanco y Negro para explicar a su mentor lo sucedido. Una pena, reconoce este mientras despelleja un cadáver cuyos primeros planos se podrían haber ahorrado, “una chica tenía muchos dones”. Pero la cosa no termina ahí, pues un “me lo prometiste” aflora de los labios de esa arpía de mujer y es entonces cuando descubres los serios problemas en los que se ha metido Arya. “No dejes que sufra”, consiente el mentor antes de dejarla salir de allí con una sonrisa torcida por bandera.

Se avecina el examen final de “una chica” que jamás ha olvidado quién era y de dónde venía, pues “The North Remembers”.

Objetivo Aguasdulces

Es a Walder Frey a quien Jaime, por orden de su hijo el Rey, debe socorrer. ¿Os acordáis de él? es la mente ejecutora de la visceral Boda Roja. Al parecer se ha convertido en el hazmerreír de Poniente por no haber podido mantener Aguasdulces, que fue, recapitulando un par de temporadas, la compensación recibida por Tywin Lannister tras demostrarle a este su lealtad al traicionar a los Stark, y que a su vez cedió a uno de sus hijos, concretamente a Emmon Frey.

Pero la entrada del Pez Negro en la ecuación modifica ligeramente el resultado, y ahora necesita preparar el asedio a la fortaleza porque los inútiles de sus herederos dejaron escapar Brynden Tully cuando se suponía que ninguno de los invitados al convite escarlata debería de haber sobrevivido. “Aún no he muerto, para vuestra desgracia” (y para la mía), comenta a sus primogénitos observándoles con odio, “recuperadla”.

Y si para eso tienen que… llamémosle “presionar” a Tully mostrándole en los calabozos de quién sigue preso Lord Edmure, hermano de Catelyn y Lysa, pues se hace y ya está. “Alegraos”, le dice Frey al tío de los jóvenes Stark mientras sonríe con maldad, “volvéis a casa”.

Algo me dice que no será una visita de placer.

Jinete de Dragones

El nuevo ejército dothraki de Daenerys continúa su marcha de vuelta a Meereen. La idea, según esta comenta a Naharis, es que, una vez allí, parta con su ejército hacia Poniente para “recuperar lo que es suyo”. Para ello, explica el mercenario, necesitaría disponer de mil flotas para transportarlo. Casualidad o no, es justamente la cantidad de barcos que Euron Greyjoy ha ordenado construir a sus recientemente adquiridos hombres. Por otra parte, Theon y su hermana Asha también habían abandonado Las Islas del Hierro con buena parte de su escuadra naval. Con unos o con otros, parece previsible intuir que sus caminos coincidirán en algún punto.

El viaje se interrumpe porque Dany observa algo que le llama poderosa y familiarmente la atención, así que ordena a su gente que espere allí, Naharis incluido, y trota para ver qué es. Es un par de segundos, para variar, lo que su enamorado tarda en desobedecerla. Al menos hasta que es testigo del regreso del rebelde y majestuoso Drogon, montado, y solo aparentemente domado, por la Khaleesi. Después simplemente asistimos a otro (¿cuántos llevamos ya?) encomiable discurso, por parte de la innegable Madre de Dragones, que tiene como objetivo asegurarse la lealtad dothraki. No sé vosotros, pero yo ya estoy empezando a hartarme un poco de tanta disertación y tan poca acción.

“¿Me entregaréis los Siete Reinos, el regalo que me prometió Khal Drogo, ante la Madre de Montañas?” exclama con fiereza ante la multitud. “¡Sí!”, afirman todos, idiotizados por la labia de su Reina.

Luego Drogon extiende sus alas y ruge, solemne.

Y con la imagen de la Khaleesi a lomos de su querido dragón grabada en la retina, me despido hasta la semana que viene. Desafortunadamente, ya no queda nada para terminar esta pedazo temporada, tan solo tres capítulos más. El próximo, el séptimo, lleva por título The Broken Man (“El hombre quebrado”), y aquí mismito os dejo la preview para que, como a mí, se os congelen hasta las venas con las palabras elegidas por Davos para concluirla: "la verdadera guerra es entre los vivos y los muertos, y los muertos ya están llegando".

(JDT Preview 6x07: The Broken Man)

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