'Juego de Tronos': todo lo que debes recordar para hacer frente a la 6ª temporada

Por Eider Calvo

(¡Atención, SPOILERS! El que avisa no es traidor)

El último capítulo de la quinta temporada de ‘Juego de Tronos’ dejó a medio Poniente (cuando no entero) temblando. Y a nosotros, sus seguidores, con menos dialéctica que un Hodor afónico. Qué susto, qué tensión, qué rabia, qué emoción, qué alivio, qué lástima, ¡QUÉ FINAL! Se me erizó hasta el vello de la nuca, oye. Ni un segundo de respiro nos dieron. Al menos yo no lo tuve. Y mira que me gusta respirar.

Recuerdo que para cuando llegaron los créditos finales y la conocida banda sonora volvió a llenar de música mis oídos, yo estaba llorándole a la pantalla del televisor. De la pena pasé a la rabia, apenas en cuestión de minutos, y volqué toda mi frustración en mi cuenta de Twitter, que no era poca. Pensé que iba a darme un pasmo hasta la llegada de la sexta temporada, la que me permitiría corroborar mis mayores miedos o, por el contrario, se convirtiera en el bálsamo que entonces (y aún) necesitaba.

Pero, queridos míos, Juego de Tronos is coming soon. Concretamente el próximo 24 de abril. Así que aprovechando el inminente (y glorioso) regreso de una serie construida a base de sudor, sexo, sangre y lágrimas, ¿por qué no recordar qué ha sido, hasta la fecha, de todos sus personajes? Venga, anímate y sufre conmigo. Otra vez.

“Nuestra es la furia”… pero no la victoria

Entre tú y yo, Melisandre nunca me cayó bien, demasiado arpía y cruel para mi gusto. En cambio, la dulce Shireen sí lo hacía, pero tuvo que venir la otra y convencer a su padre de que la quemara en la hoguera. “Derrotarás a los Bolton si lo haces”, decía la muy… “con su muerte, el Señor de Luz te dará su bendición y reinarás sobre Poniente”. Bueno, puede que Stannis batallara en Invernalia bajo la protección de esa iluminada y, en boca de la sacerdotisa roja, poco ortodoxa deidad, pero lo que definitivamente no hizo fue ganar.

De hecho, por perder, perdió hasta su vida, recapitulemos, a manos de una esplendorosa Brienne de Tarth y su magnífica “Guarda Juramentos” en una perfecta ejecución de lo que sería su tan ansiada venganza. O, al menos, eso es lo que nos quieren hacer creer. Porque yo el plano donde esta le clava la espada no lo vi. Que sí, que el movimiento estaba ahí, que todos pudimos intuirlo, pero HBO tuvo bien en privarnos de la mortal escena y, amigos, llegados a este punto de la serie sabemos que por piedad o compasión no ha podido ser. Podéis tachadme de escéptica, que lo soy, pero hasta que no vea su sangriento y mugriento cadáver (mala imagen mental, tomo nota) no voy a creerme absolutamente nada.

Por otra parte, qué ingenuo fue al pensar que el sacrificio de su única hija le permitiría acabar con un ejército por lo menos tres veces más grande que el suyo, especialmente después de las bajas y destrozos que, en el capítulo anterior, la avanzada nocturna de los Bolton había ocasionado en su campamento, dejando a la Casa del Ciervo en una posición claramente en desventaja;; todo ello sin contar el abandono de casi la mitad de sus hombres previo a la batalla final (caballos incluidos). Ah, y el ahorcamiento de su mujer también presagiaba un mal augurio. Pero en fin, si hay algo en lo que Melisandre destaca, es en el fino arte de la manipulación. Y en desaparecer, cosa que incluso demostró saber hacer muy bien cuando comprendió que Stannis estaba destinado a perder. Qué conveniente, ¿verdad?

Por fin, Theon

Me atrevería a afirmar que, como muchos de vosotros, crucé los dedos por ver morir a Ramsay en combate contra el ejército de Stannis. Después de haber anulado a Theon como persona, sirviéndose para ello de una serie de métodos que harían palidecer hasta al propio Joffrey, y tras haber abusado y maltratado a nuestra joven Sansa, que ya tiene carrera en esto de sufrir, no merecía otro destino mejor.

Pero no, el tío sobrevive y, peor aún, regresa a Invernalia con sed de Stark. Y ya sabemos que la sed del bastardo Bolton está llena de veneno y peores intenciones que las de un dorniense en el lupanar de Meñique. Por lo menos Sansa parece que, esta vez, no tiene miedo. “Si voy a morir, que ocurra al menos mientras aún quede algo de mí”, le dice a la sádica de Myranda en la muralla mientras esta le apunta con un arco. Afortunadamente, no solo tendremos “algo” sino, de momento, la versión completa de la joven Stark. Y es que Theon Greyjoy recupera algo más que su nombre cuando decide arrojar a Myranda al vacío, salvando a Sansa e instándola a abandonar con él el que un día consideró su hogar.

Definitivamente este es un nuevo comienzo. Para ambos. Acaban de saltar a la nieve y tienen la mirada clavada en el horizonte, pero, ¿hacia dónde se dirigen? ¿qué planes tiene Theon para ella? ¿Se atreverá a traicionarla otra vez? Me pregunto qué pensará Ramsay al respecto cuando regrese al castillo y descubra que su mujer y su fiel esbirro han emprendido una huida juntos.

Muchos rostros… ¿que no volverá a ver?

A esto me refiero cuando digo que la HBO no tiene inconveniente alguno en mostrarnos la agonía que sufre cualquier personaje de ‘Juego de Tronos’ durante su muerte, sobre todo si esta es lo suficientemente lenta y dolorosa como la del sicario de los Lannister, en cuyo cuerpo Arya descargó toda su rabia (y cuchillo). Menuda carnicería, digna de cualquier capítulo de ‘Hannibal’. La verdad es que hay que tener mucha sangre fría para ejecutar un asesinato de semejante calibre sin dejarse medio estómago por el camino.

Sin embargo, parece que Arya no solo tiene sangre fría, sino también, al igual que nuevamente Theon, una firma. Un “alguien” con nombre y apellido que se encarga de desvelar a su víctima momentos antes de matarlo y que incluso será lo que al final le deje ciega; ahí, segundos después de contemplar una ilusión de su propio cadáver en la Casa de Blanco y Negro de Braavos. Porque, recordemos, “los rostros son para nadie y tú aún eres alguien”, fue lo que sentenció su mentor tras mencionar que Arya había utilizado los conocimientos adquiridos por el Dios de Muchos Rostros para planificar su venganza, contrayendo una deuda que ahora tendría que saldar con su propia vista.

No obstante, una Arya ciega no tiene precisamente un gran abanico de posibilidades de convertirse en una asesina ejemplar, así que, si tiene suerte y la ceguera es solo provisional, supongo que todavía nos quedan unos cuantos capítulos más de verla realizando labores domésticas en ese imponente aunque tétrico templo que colecciona rostros de gente muerta. Por el contrario, si se queda ciega para los restos… en fin, entonces no va a tenerlo pero que nada fácil para completar su lista de asesinatos pendientes.

Trágico aunque dulce adiós

La presencia de Myrcella en la serie ha sido tres cuartas partes más corta que la del laureado Ned Stark, que ya es decir. La rubia belleza sucumbe en brazos de Jaime Lannister, tras reconocerle en voz alta como su verdadero padre, por culpa de un beso de despedida que le ha robado el aliento. Literalmente. Todo ello cortesía de las serpientes de Oberyn, quienes finalmente cumplen su amenaza. Eso sí, con qué estilo, oye (Arya, lápiz y papel, por favor), una técnica muy sutil: labios envenenados.

Un repentino cambio de roles

Mientras dejamos al padre Lannister asimilando su pérdida, Daenerys ya ha volado a lomos de Drogon hacia “tierra extraña” y Meereen se ha quedado sin su líder. Es hora de tomar medidas drásticas, por lo que el séquito de la joven Targaryen opta por nombrar a Tyrion, Missandei y Gusano Gris cabecillas en funciones de la imponente ciudad. Decisión que Jorah y Daario Naharis aprovecharán para ir en busca (y con suerte traer de vuelta) de su amada reina.

…Una desaliñada y hambrienta reina rodeada de una manada de dothrakis, añado. Y sin Drogon, que pasa de ella como de comer verdura. Vaya hijo más rebelde le ha salido a la Madre. Bueno, teniendo en cuenta que los otros dos dragones siguen encerrados en las catacumbas, no es de extrañar que la bestia, que se ve libre, decida campar a sus anchas haciendo siempre lo que le viene en gana.

Anda, mira, y de pronto tenemos Varys y a sus múltiples pajarillos en escena. Entendemos que será el consejero de Tyrion lo que dure su gobierno, cosa que no me parece mal. Uno derrocha inteligencia y el otro contactos;; digna combinación para tratar de aplacar la amenazadora y cada vez más próxima guerra civil en Meereen.

Vergonzoso regreso a casa

Que tiemble Desembarco del Rey, porque algo me dice que Cersei Lannister va a sacar a la enfurecida leona que lleva dentro, la cual, dicho sea de paso, ya está bastante escocida por todo eso de haber tenido que desnudarse y caminar, atravesando la capital hasta la Fortaleza Roja, con el pelo rapado y recibiendo los desperdicios arrojados por un pueblo que la odia al grito de “¡Vergüenza!”.

Y es que Cersei no ha podido soportar su cautiverio ni un solo día más. Al final, ha decidido confesar la verdad. O, mejor dicho, “su verdad”, porque a pesar de haber reconocido su infidelidad marital al Rey Robert, también ha optado por modificar ligeramente el parentesco del amante: y así es como del hermano, Jaime, pasamos al primo, Lancel, en lo que entiendo que es un acto de protección. Sin embargo, es bastante probable que se arrepienta de su decisión cuando el rubiales llegue a casa sin su hija. Peor aún, sin su hija muerta.

El sabor de la amarga traición final

La cosa empezó a pintar mal cuando Sam, el verdadero apoyo del bueno de Nieve, abandona el Castillo Negro para labrarse un futuro como Maestre y la feliz intención de mantener a la querida y salvaje Elí y al pequeño Sam con vida. Al menos, como dijo Jon, el fin del mundo, plagado de hordas de Caminantes Blancos e ingentes dosis de incertidumbre, le ha venido bien.

Lástima que al Lord Comandante no.

Admito que Jon no despertase demasiadas simpatías entre la Guardia de la Noche por sus manías de “confraternizar con el enemigo”, entendiendo el término “confraternizar” por “pelear junto a” (o acostarse con, si recordamos a la peleona Ygritte) y “enemigo” por “salvajes más allá del Muro”. Pero de ahí a traicionarlo y deshincharle el pecho a puñaladas… pues como que tampoco lo esperaba. Sobre todo porque considero a Nieve un pilar elemental en la lucha contra los Caminantes dentro de esta serie sin escrúpulos que, salvo contadas excepciones, se emperra en eliminar a casi todos los que me caen bien. Y sí, todavía hablo en presente porque mantengo la tenue esperanza de que la reaparecida Melisandre, con sus negras artimañas y su Señor de Luz, le salven. De alguna manera. Porque puede que Jon Nieve no sepa nada pero demostrado ha quedado que la sacerdotisa pelirroja, sí. O al menos sabe lo que es bueno para ella, y tal vez salvar al Lord Comandante entre a formar parte de sus planes. Algo que, ahora que lo pienso, no sé si me reconforta todo lo que debería.

En fin, “la noche es oscura y alberga horrores”, compañeros, de eso no me cabe ya la menor duda: Jon, muerto;; Sansa, a la aventura;; Arya, ciega;; Daenerys, en paradero desconocido y rodeada de dothrakis;; Cersei, con sed de sangre y, Jaime, que no va a saber dónde esconderse. El único medianamente afortunado parece Tyrion, al mando de Meereen con Varys como su mano derecha.

Y, oh, ¿habéis visto ya el segundo trailer que la HBO ha emitido de la sexta temporada?
¡Bran goes back! Ojo, enfrentándose cara a cara con un Caminante Blanco… Miedo me da, pero ganas de verle me sobran (18 días…).

A continuación el trailer 6ª temporada de ‘Juego de Tronos’

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