'Louie' 5x04 Review: todos somos entrañables perdedores

Por Álvaro Palazón

Las series de televisión nos han dado grandes perdedores, personas entrañables que han sido una fuente inagotable de desgracias y que han llevado la pena a nuestros hogares temporada a temporada. Uno de los máximos referentes en cuanto a perdedores entrañables se refiere es mi amado Michael Scott (Otra vez con 'The Office', qué pesado eres), el faro que todo perdedor ha de seguir, la luz que ilumina mi camino, un ser bonachón que tiene un don para crear situaciones extrañas que siempre estará en nuestros corazones; aunque pueda entrar en la categoría de 'Looser', al final le van las cosas bien y acaba con Holly Flats, su gran amor.

Otro de mis perdedores favoritos es Carlton Banks, primo de Will Smith en 'El Príncipe de Bel-Air' y ultra mega famoso por su icónico baile; otro personaje abrazable al que la vida siempre le trata mal. Y si hablamos de perdedores sería imposible no mencionar a George Costanza, de 'Seinfeld'; otro tipo estridente, tacaño, mentiroso, al que le va mal con las mujeres; Larry David, creador de la serie junto con Jerry Seinfeld, siempre dice que Costanza es su alter ego, algo que demuestra en un capítulo de 'Curb Your enthusiasm' cuando en el capítulo homenaje 'Seinfeld' decide hacer ese papel.

(¡Cuidado SPOILERS!)

Bobby's house

'Louie', nuestro entrañable perdedor aparece tumbado en el sofá, en calzoncillos y con una bolsa de patatas a medio terminar, la imagen de cualquiera de nosotros un viernes por la noche, de repente su hermano Bobby le llama por teléfono y le avisa de la muerte de su tío, pero acuden al tanatorio y allí no había ningún muerto de la familia 'CK'.

El hermano de Louie es aún más perdedor que él, algo que parece inverosímil; el propio hermano, cuyo parecido con Louie es nulo (este es otro misterio de la serie al que se suma el hecho de que su ex mujer sea negra, él pelirrojo rozando a naranja y sus hijas rubias platino), tiene envidia de lo bien que le van cosas, “puedes pagar tus facturas dedicándote a lo que te gusta”, qué gran privilegio. En un capítulo anterior, Louie y su hermano nos enseñan la tradición que tienen de recorrerse un gran número de restaurantes y comer casi hasta vomitar, cosas de hermanos.

La doble paliza

Louie, con su imán para atraer las desgracias, decide intervenir en una discusión entre un hombre y una mujer en la parada del bus, la mujer enloquece y le da una buena somanta de palos al bueno de Louie, que no se atreve a ponerle la mano encima a la escuálida mujer, que le deja unas marcas terribles en la cara. Después de esto se reúne con Pamela, a la que le pide que le maquille la cara para ocultar las heridas que le ha provocado la odiosa mujer de la parada.

Pamela le empieza a maquillar y todo acaba en un extraño juego sexual en el que Louie es una mujer y ella es un hombre, hacen el amor de forma salvaje, inician una cópula antológica, que acaba con las manos de Pamela en un orificio prohibido para Louie, se siente violado y el coito termina de una forma poco satisfactoria. Tras unos minutos de charla abordan la situación de su relación, Louie siempre quiere algo más con ella, pero Pamela no quiere estar con él, tan dura es esa conversación que ella acaba dejándole. Tirado en la cama, sodomizado y llorando con el maquillaje de la cara corrido. Las lágrimas de Louie son nuestras lágrimas, la vida le vuelve a dar otro golpe más. No sé cuánto de autobiográfico tiene la serie, como sea algo más de la mitad, los millones que gana Louie no son suficientes para pagar las terapias del psicólogo. Todos somos Louie.

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