'Los Miserables' Especial Final: lo mejor y los 'peros' de la telenovela

Por Betty M. Martínez

Lo voy a decir desde ya. Aracely Arámbula no está en la lista de mis actrices favoritas. Eso sí, tampoco aparece en ranking de las peores. Simplemente creo que su progresión de prometedora actriz a superestrella ha sido demasiado fulgurante. De hecho, me decepcionó profundamente en ‘Corazón Salvaje’. Sin embargo, en ‘La Patrona no me disgustó así que cuando Nova empezó la emisión de ‘Los Miserables’ me senté ante la televisión para ver qué actriz encontraba.

¡¡CUIDADO SPOILERS!!

Lucía Durán, el centro del universo

Lo primero que me llamó la atención fue que en esta ocasión Aracely Arámbula no tenía enfrente a nadie que le pudiera hacer sombra. Ella es la estrella de la telenovela y queda claro desde el minuto cero. Ya lo dice la intro “Aracely Arámbula en…”

Al principio pensé que era una cuestión de marketing, pero, vistos todos los capítulos, tiene sentido. Lucía Durán es el tronco del que parten todas las ramas de la historia: la policial, la familiar, la romántica, etc.

Además, Valentina Párraga ha creado un personaje al que le pasa absolutamente de todo: es encarcelada siendo inocente ¡¡dos veces!!, dos hermanos se enamoran de ella, su gran amor tiene un romance con su hermana, le quitan la custodia de su hija adoptiva, es secuestrada por un capo del narcotráfico, se casa con un hombre pensando que es otro, su hermana intenta asesinarla, la operan a vida o muerte… Creo que le han pasado más cosas, pero ahora no consigo recordarlas. Hacía mucho tiempo que una protagonista no tenía tantos problemas.

Todo esto está muy bien porque le ha dado ritmo a la telenovela. El problema viene por otro lado. Tanto ha querido la producción ensalzar a su protagonista que se les ha ido la mano. Estamos acostumbrados a las heroínas perfectas, pero es que Lucía Durán es pluscuamperfecta. A los hechos me remito.

Es la mejor hija, que cuida con devoción a su padre. La mejor novia, que olvida en un santiamén que su gran amor la encarceló injustamente. La mejor hijastra, que perdona en un abrir y cerrar de ojos toda una vida de humillaciones de su madrastra. La mejor hermana, que siempre presta su hombro para las lágrimas. La mejor amiga, que saca a Deyanira de la calle. La mejor madre, que se hace cargo de dos niños desamparados. La mejor enfermera, que diagnostica casi tan bien como un médico. La mejor investigadora, que encuentra las pruebas para detener al malo. La mejor heroína, que salva al galán de las garras de los villanos con tacones y todo.

Lo dicho. Pluscuamperfecta. Es casi imposible que una sola mujer reúna tantas características tan buenas sin un solo defecto.

El personaje es criticable por excesivamente ideal e irreal, pero ¿y la actriz? Cumple. No sé si este papel se convertirá en el mejor rol de su carrera, pero lo que sí es cierto es que no desentona. Hay que reconocerlo. Hay pocas actrices que soporten un primer plano como Aracely Arámbula y en esta telenovela ha habido mucho juego de miradas. También creo que ha mejorado bastante su expresividad, aunque aún tiene como asignatura pendiente la posición del cuerpo. Está demasiado derecha, muy rígida. Por momentos parece que está posando en vez de actuando.

En resumen, parece que va encontrando su camino y éste pasa claramente por papeles de mujeres fuertes, firmes, decididas, seguras, duras. Las heroínas angelicales debería dejarlas fuera de sus intereses y centrarse en este tipo de roles. Veremos cómo le va como ‘Doña Bárbara’.

Un policía contra dos diablos

En toda telenovela tiene que haber un galán y en esta ocasión le ha tocado a Erik Hayser. Yo lo descubrí en ‘El octavo mandamiento’ como secundario y me gustó, así que tenía mucha curiosidad por verlo como galán. Y no me ha defraudado. No tiene el estilo de un galán convencional, pero convence a su manera. Además ha tenido la suerte de que el comandante Ponce cuenta con muchos matices. Es un policía honrado, pero se salta las normas si hace falta (por el bien de la investigación). Defiende la justicia por sobre todas las cosas, pero en determinadas ocasiones deriva en justiciero. Está profundamente enamorado de Lucía, pero no tiene problemas en dejarse querer por Liliana y Marina.

En cuanto a su relación con Lucía, la química ha sido más bien justita. La pareja ha funcionado bien en los diálogos, las discusiones han sido bastante buenas, pero en los momentos románticos, no ha habido demasiada magia que digamos. Aprobado raspado. Sinceramente creo que la pareja más intensa de ‘Los Miserables’ ha sido la de Carlos y Deyanira. Ahí sí que han saltado chispas y nos han tenido muchos capítulos entretenidos con sus idas y venidas. Espectaculares las actuaciones de Bianca Calderón y Aldo Gallardo.

Me dio mucha pena que mataran a Aarón Díaz tan pronto porque hubiera sido muy interesante ver el duelo entre los dos galanes, hermanos encima, para conseguir el amor de Lucía. Y, además, yo juraría que había bastante más pasión en una mirada entre César y Lucía que en un beso con Daniel, pero nos faltó tiempo para comprobarlo. Una lástima.

El comandante Ponce tuvo que repartir su tiempo entre su amor por Lucía y su deber como policía, donde el objeto de su atención era doble.

Por un lado estaba Liliana Durán, enemiga acérrima de Lucía desde la cuna. Con hermanas así, ¿quién necesita enemigos? Como personaje ha sido una villana increíble. Ha sido capaz de lo peor, pero también ha tenido debilidades. Su amor por Daniel le impide matarlo cada vez que lo tiene a tiro (y han sido unas cuentas). Es una amalgama de envidia, ambición, traumas infantiles, celos… Y Aylín Mújica lo hace bastante bien. Siempre la he visto en el mismo papel, el de Barbie villana, y siempre me ha resultado un tanto cansina y artificial, pero esta vez me la he creído. No sé si es que ha dado cursos de interpretación, que la dirección ha sido muy buena o que el personaje estaba tan bien diseñado que era imposible fastidiarlo, pero me ha gustado. No me creo ni yo haber escrito lo que acabo de escribir, pero reconozco que me ha sorprendido mucho y para bien.

Y de una sorpresa a una confirmación. El que es buen actor es buen actor haga lo que haga. Me quito el sombrero ante Gabriel Porras por su impresionante interpretación de Olegario “Diablo” Marrero. Quizá Aracely Arámbula haya sido la estrella, pero Gabriel Porras le ha echado la sal a la telenovela.

Solo puedo felicitarlo. Primero, por su ascenso de sicario (‘La reina del sur’) a gran capo de un cártel. Segundo, por su magistral clase de cómo interpretar un doble papel y hacer creíbles los dos personajes. No se trata de cambiar el estilismo, se trata de variar la posición corporal, la gesticulación, el vocabulario, la entonación, la expresión facial y lo ha bordado todo. Un actor, dos personajes totalmente distintos y absolutamente creíbles los dos. Tercero, el “Diablo” ha sido capaz de las mayores crueldades, pero también nos ha regalado toques de humor y, en algunas ocasiones, hasta ha mostrado cierta ternura. En resumen, aplauso rotundo para Gabriel Porras.

De dos grandes primeros actores a dos actores de futuro

Y de un galán que va camino de convertirse en un gran primer actor, a dos profesionales que, desde dos papeles secundarios, han dotado de grandísima calidad a ‘Los Miserables’.

A Marco Treviño le tocó el papel de bueno y ha sido el gran patriarca de la familia Durán. Se ha pasado enfermo casi toda la telenovela, pero ha sacado fuerzas de no sé de donde para apoyar a todos sus hijos: desde defender la inocencia de Lucía a proteger a Helena de su marido escopeta en mano. Ha sido un padre cariñoso, pero también justo y no dudó en alejar a Liliana de su familia cuando comprendió la cantidad de odio que llevaba en su interior. Personalmente me impactó mucho una frase que dice sobre Fernanda, su esposa. “Esa mujer me lee hasta los silencios”. Quizá no sea la más significativa del personaje, pero, por la escena, por el momento, por su forma de pronunciarla, me emocionó profundamente.

Y del bueno al malo. Javier Díaz Dueñas ha encarnado al personaje más despreciable de ‘Los Miserables’. Olegario Marrero era un diablo, pero eso va en la mochila de ser un capo, pero Radamés, a pesar de tener negocios con el narcotráfico, era mucho peor porque su crueldad era, digamos, personal, no profesional. Ha sido, sin duda, el personaje más odiado, pero para mí también uno de los mejor interpretados. No debe ser fácil representar a un maltratador y Díaz Dueñas lo ha hecho de sobresaliente. También hay que reconocer que ha tenido enfrente a una gran compañera. Ha habido escenas entre Radamés y Helena que han sido complicadas de ver, pero también es de agradecer que las telenovelas muestren las miserias de la sociedad y la forma de salir de esos pozos tan sombríos.

Y de dos actores veteranos a los más jóvenes de la telenovela. ¡Qué grandísimo trabajo de casting infantil! Macarena Oz sigue sumando minutos en pantalla para cuando se convierta en protagonista. La veremos, seguro. Solo un pero. Deberían limarle un poquito el exceso de niña “fresa”. Y en cuanto a Gabo Anguiano. Si Memín con sus pocos años ya ha conseguido hacer frente al galán y al villano, cuando tenga algunos más va a poder hacer lo que quiera.

Algunos peros

‘Los Miserables’ ha tenido muchas cosas buenas, pero también ha habido algunos peros, sobre todo en las subtramas.

Por ejemplo, se le dedicó mucho tiempo al cuadrado amoroso entre Adriana, Abel, Evaristo y León, pero muy poco al pentágono con Mallorca. Me explico. Hemos visto todos los detalles de las diferentes relaciones entre los primeros, pero la historia entre Abel y Mallorca apenas se concretó. Abel ha estado casi tanto tiempo hablando con Carlos de Mallorca que con el propio Mallorca. Por cierto, espero que al doctor Mallorca le hayan pagado una buena gratificación extra porque ha sido médico de urgencias, oftalmólogo, cardiólogo, ginecólogo, cirujano y alguna especialidad más. Eso es un profesional y lo demás son tonterías.

En resumen, ‘Los Miserables’ ha sido una telenovela más que correcta donde un reparto coral de gran calidad, las andanzas de los villanos y las diferentes subtramas han conseguido complementar una historia romántica principal, que, a pesar del buen trabajo de los protagonistas, no acaba de dejar huella.

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