‘Mr. Robot’ 2x11 Review: el Emmy, el control y un final de película

PorMarta Ailouti

Como no podía ser de otra forma, de la mano de Rami Malek la revolución también llegó a los Emmy. Al grito de “por favor, dime que estás viendo esto tú también”, el actor se alzó con la estatuilla de mejor actor protagonista en una serie drama. No es de extrañar. A él, al contrario que al joven Alderson, le creeríamos absolutamente cualquier cosa que tratara de vendernos. Esto es así.

Por su parte, mientras la serie cosecha premios en la realidad, en la ficción, el penúltimo, que no último, capítulo de la segunda temporada de ‘Mr. Robot’ me ha recordado un poco a aquel otro episodio, el cuarto de la primera, donde Elliot nos atormentaba enredándonos con su propio subconsciente. Como en aquel otro, una llave tiene ahora también una relativa importancia. Una pequeña cerradura, controlada por Sam Esmail, se interpone entre nosotros y lo que hay al otro lado de la puerta. Por lo pronto el mantra es sencillo: “Mente despierta. Cuerpo dormido”. Y tal. ¿Lo comentamos?

¡CUIDADO SPOILERS!

¿Está la llave en la habitación?

Confesaba David Lynch, en su libro ‘Atrapa al pez dorado’, que en realidad no tenía ni idea de qué significaban la caja y la llave en ‘Muholland Drive’. Lo cierto es que con sentido o no, también ‘Mr. Robot’ juega sus cartas al más puro estilo linchyano en este episodio. En esta ocasión no se trata de Elliot, si no de Angela, la otra gran protagonista de esta temporada, que ha sido secuestrada por el Ejército Oscuro. Pobre señorita Moss. No es cierto, como asegura, que mucha gente vaya a notar su ausencia. En realidad, ahora que se ha despedido de su único amigo, dudo que nadie la vaya a echar en falta. Un poco como le sucede también a la agente DiPierro que mendiga el cariño de una aplicación del móvil, en esto la serie suele ser bastante contundente. La soledad de sus personajes es devastadora.

Sea como sea, decía, sus últimos actos han arrinconado a Angela a una habitación pequeña con un teléfono rojo, una pecera que pierde agua, un libro de Lolita, una niña parecida a ella y un póster con un imperativo: “Aguanta”. Una prueba ideada por Whiterose, a quien le intriga la existencia de la joven y su relación con Phillip Price. El test que mide la capacidad de empatía, credulidad o ingenuo, gira en torno a una serie de preguntas cuyo sentido se nos escapa: ¿Has llorado alguna vez durante el sexo? ¿Has fantaseado alguna vez con matar a tu padre? ¿Eres una jirafa o una gaviota? ¿Eres rojo o morado? ¿Está la llave en la habitación? La respuesta, como siempre, solo puede encontrarse en un libro: “Y Lolita era mía –escribió Nabokov en su obra más conocida–, la llave estaba en mi mano, mi mano estaba en mi bolsillo, Lolita era mía”. Fin del test.

El sistema económico del ECoin

En este contexto el encuentro entre Angela y Whiterose, que materializa más que nunca la existencia del tiempo con ese acuario con peces muertos, nos deja un poco a medias. Un total de 28 minutos del que solo unos pocos suceden en nuestras pantallas. Las respuestas, imagino, están detrás de la cámara. La única forma de que la empleada de E-Corp no use la información que tiene sobre la planta de Washington Township, y que, por tanto, conserve su vida, pasa por que ella también crea en el proyecto del Dark Army, algo que tiene que ver con llevar la humanidad a otro nivel. Sea lo que sea eso. El caso es que, aparentemente, funciona. Mientras los apagones continúan sucediéndose en la ciudad, Angela rompe lazos con su abogada. ¿Será solo supervivencia o una fe real y verdadera? Todo depende de lo que entendamos por real. Curiosa respuesta de Whiterose.

Mientras tanto, Phillip Price se ha hecho con el control de la situación. Con el efectivo en fase de extinción y el Bitcoin ganando enteros, no pueden permitir que los chinos asuman el control económico del mundo. La alternativa es, curiosamente, el Ecoin. Una moneda nueva, creada y controlada por una “buena compañía chapada a la antigua”. El líder de Evil Corp que acaba de aceptar dos billones del gobierno asiático no tiene reparos en usarlos en su contra. “Las derrotas aún pueden ser rentables”, fantástica expresión, probablemente sea la mejor frase que defina a su personaje.

Mente despierta. Cuerpo dormido

Así las cosas, los dos billones, con el gobierno chino directamente involucrado en solucionar la mayor crisis económica de la historia, son determinantes a la hora de enviar a Dom a casa. Como en un juego de mesa cada movimiento repercute en el resto de jugadores a unos niveles que desconocemos. La agente DiPierro ha sobrevivido por segunda vez a un asalto del Ejército Oscuro y yo, como Whiterose, no creo en los accidentes ni en las coincidencias. Por suerte, sabemos que no es la única superviviente. Darlene o Cisco aún están vivos y a juzgar por cómo ha dosificado la ficción esta información diría que la joven Alderson podría no estar muerta después de todo.

A un solo capítulo del final de la temporada, Elliot, que desconoce este último suceso, ha asumido el control por primera vez de su alter ego, transformándose un poco en nosotros. Su observador silencioso, lo llama. Si nos fijamos bien, ‘Mr. Robot’ es una serie que suele manejarse muy bien en bucles. Y con este último movimiento acabamos de entrar en uno que ya nos suena de antes. ¿Es Tyrell Wellick real o ha asumido el rol de una nueva personalidad para el hacker? ¿No vale con pellizcarle? Es cierto, sé lo que parece. Pero, ¿quién es el que entonces le envía regalos a la estremecedora Joanna? Por cada puerta abierta, hay un mundo entero de posibilidades. ¿Qué esconde la Fase 2 y qué consecuencias tendrá?

Las respuestas, como siempre, en el próximo episodio. El último de la temporada. La espera ha terminado. Hasta entonces nos despedimos con su tráiler y ese guiño a ‘Casablanca’ que cierra este capítulo. Este es el comienzo de una bonita amistad. ¿O no? Bienvenido de nuevo, Tyrell Wellick.

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