'Mr. Robot' 2x01/02 Review: control, descontrol y falta de confianza

Por Marta Ailouti

Después de una espera que a algunos se nos habrá hecho más larga que a otros, ‘Mr. Robot’ se ha plantado de nuevo en nuestras vidas con un doble episodio que, si bien no llega al nivel de aquel piloto con el que se presentaba hace un año, sí que se acerca a un más que buen inicio de temporada, con varios momentos estelares, nuevas caras y más intrigas.

No sé vosotros, pero yo ya empezaba a echar de menos en mi pantalla su música hipnótica, el rótulo retro a los años 80, sus planos imposibles y los ojos saltones de Rami Malek que, como todo buen maestro de ceremonias, festeja su regreso con una nominación nada discutible a los premios Emmy. Nada falta en su regreso. Nada, salvo esa persona en la que todos estamos pensando. También Elliot. En lo que le quito el polvo a mi teclado, os dejo el tráiler de la temporada y a la vuelta, ¿qué os parece si lo comentamos?

¡CUIDADO SPOILERS!

El control es una ilusión

Si tres días, los famosos tres días que Mr. Robot borró de nuestros televisores, ya nos parecían excesivos, tratad ahora de lidiar con todo un mes. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Fsociety llevara a cabo su particular revolución. Por suerte tenemos a Elliot, o no, para que nos lo aclare. En resumen, la rutina es la mejor baza que el hacker ha encontrado para devolver el control a su vida. Un régimen, como lo llama él, donde lo más interesante es que ha vuelto a vivir con su estricta madre, que ahora escribe un diario, que tiene un nuevo amigo que se llama Leon (Joey Bada$$) obsesionado con Seinfeld y que asiste a un grupo de la iglesia dos veces por semana.

Con todo, no parece que, a pesar de sus más que notables esfuerzos, esté funcionando demasiado bien. Para empezar porque Mr. Robot, que no se ha quedado a la zaga, ha establecido también su propio bucle. Su bucle infinito de locura, lo llama. Uno que pasa por disparar a su alter ego a la cabeza con cierta frecuencia hasta que la herida, de algún modo, haga mella. El problema es que, tal y como piensa Mr. Robot, el control es una mera ilusión. Una ilusión que, todos los personajes de la ficción ansían, y que, en nuestro caso, maneja a su antojo Sam Esmail.

Y es que las cosas no funcionan siempre como nos gustarían. En el mejor de los casos puede ser un instante. Una pequeña distracción, capaz de distraer a los más obsesos del control como la aterradora Joanna y separarla del teléfono justo cuando estaba a punto de empezar a sonar. En el peor, un exceso de soberbia que te haga reducir seis millones de dólares a cenizas.

Darlene y Angela

Sin embargo, más allá del golpe de efecto no parece que Fsociety haya causado demasiados daños a E-Corp. Al menos no en la práctica. Y es que si hay algo que sabemos por encima de todas las cosas es que la banca siempre gana. O para eso al menos está la consejera general, Susan Jacobs (Sandrine Holt), esa señora “ejecutadora” a la que, por el momento, precede más su fama que su apariencia.

De su existencia oímos hablar por primera vez a Darlene que, ella sí, se ha hecho con el liderazgo de Fsociety. La joven Alderson –a la que a juzgar por su breve paso más le valdría poner atención a uno de los personajes más interesantes que ha presentado este inicio de temporada, la agente del FBI, Dom DiPierro (Grace Gummer)– es probablemente la gran tapada de la primera temporada. Tenía que ser así. Ella era una de las ilusiones que Sam Esmail utilizó con nosotros.

Si lo pensamos en frío, de hecho, a Darlene le han quitado demasiadas cosas y le han borrado, literalmente, de su propia historia. Por no aparecer, no aparece ni en los flashbacks familiares. No es de extrañar, por tanto, que ella también, cuando nadie la ve, se rompa. No igual que su hermano, pero sí de algún otro modo.

En esto se parece un poco a Angela. Reconozco que me encanta esta versión suya llena de contradicciones cuyas voces trata de acallar con varias frases de autoayuda a modo de mantra a las tantas de la madrugada. En parte no le falta razón. Su trabajo se le da extremadamente bien. Pero mentiría si no dijera que su escena en el bar con la abogada, cuya existencia se justifica solo por este momento, es una de las mejores intervenciones de esta doble presentación que trata, precisamente, de quitarse las máscaras.

Elliot ha perdido la confianza

Quitémonoslas pues. Elliot ya no confía en nosotros y nosotros, en cierto modo, tampoco confiamos en él. Al menos yo sospecho de Ray (Craig Robinson), sospecho de Leon y sospecho, particularmente, de la voz de Tyrell que contesta al final del episodio al otro lado del teléfono. ¿Hacemos apuestas?

La buena noticia es que ha regresado a sus sesiones con Krista. La mala es que nosotros no estamos invitados. Y no me preguntéis cómo, pero la consecuencia directa de todo esto es que Gideon, el personaje más comprensivo y honesto de toda la ficción –también el más prescindible, llegados a este punto–, ha muerto. Y eso... Bueno, eso siempre lo complica todo un poco más.

Así las cosas, si no lo he entendido del todo mal, habrá que hacer un imposible equilibrio entre lo que Mr. Robot calla, lo que Elliot nos oculta y lo que ninguno, salvo su director, sabemos. No me gustaría pasar por alto, al menos, esa reflexión que hace el dueño de Maxine (de la que no lo he dicho, pero también desconfío): ¿cuál de todas las realidades es la verdad?

Nuevas y viejas cuestiones

De fondo, los interrogantes caen pesados alrededor de su protagonista. Su desconcierto es exactamente el mismo desconcierto que sentimos nosotros. También hay algo de vértigo.

¿Dónde termina su alter ego y empieza él? ¿Qué ha estado tramando con Ray? ¿Quién es Alpha y quién Omega, el principio y el fin de esta historia? ¿Quién tiene realmente el control? ¿Hasta qué punto es responsable el informático de las cosas que suceden a su alrededor? Y, la pregunta de todas las preguntas, ¿qué ha ocurrido con Tyrell Wellick? Tal vez estemos más cerca de averiguarlo.

De momento, la auténtica proeza de este inicio de temporada es que ‘Mr. Robot’ ha conseguido meternos algo en la torturada cabeza del pobre Elliot. Ahora también nosotros buceamos un poquito en medio de su oscuridad. Y vaticinamos que no va lo va a tener nada fácil en los próximos capítulos. Pero por mucho que intente deshacerse de nosotros, lo cierto es que, como sus otras voces, también seguiremos aquí.

Me despido con su tráiler hasta el próximo episodio:

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