‘Mr. Robot’ 2x06 Review: una familia feliz, un cameo extraterrestre y una de hackers

PorMarta Ailouti

Como estamos en el ecuador de la ficción os voy a confesar algo, ‘Mr. Robot’ me tiene un poco desubicada este año. Como si, por momentos, le faltara algo de chispa o no consiguiera del todo conectar. Esto sería un problema si técnica y creativamente no me fascinara tanto como lo hace. Lo he dicho en más ocasiones, escena por escena, poco se le puede criticar a la serie de Sam Esmail, más allá de su poco dinamismo en ocasiones. Menos aún cuando, en el plano artístico, se planta de repente con este capítulo que tiene tanto para brillar. ¿Qué os parece si lo comentamos?

¡CUIDADO SPOILERS!

Uno para Alderson y los Alderson… ¿para uno?

En un ejercicio creativo sin igual, ‘Mr. Robot’ se tiñe en esta ocasión de una sitcom de final de los años 80 o principios de los 90. La evasión, propiciada por Mr. Robot para proteger a Elliot de los golpes de los hombres de Ray, es la excusa perfecta para romper con la narración e introducirnos nuevamente en el mundo interno de su protagonista.

Un universo fantástico, el de las familias artificiosamente felices con las que crecimos, levantado a base de risas enlatas, música alegre, colores vivos y mucha iluminación, en contraste con un estupendo humor negro, demasiado tosco, sobre el cáncer, la muerte o la violencia que roza constantemente con el absurdo más absoluto (y siniestro) de la realidad.

Más allá de su extensión, que a algunos les resultará algo pesada –el escaqueo dura casi veinte minutos–, el fragmento es toda una obra de arte cuidada, como es habitual, hasta el detalle donde por no faltar, no falta ni el maravilloso cameo de Alf (particularmente al volante), ni la presencia de varias estrellas invitadas –Gideon y el ejecutivo rico del maletero–, ni su fantástica cabecera con la correspondiente interrupción publicitaria de E-Corp.

Todo el universo de Elliot está concentrado en esta especie de sitcom, cuya duración, de hecho, podría perfectamente ser la de todo un capítulo, y que abarca desde su situación sentimental con Angela hasta la desaparición de Tyrell, pasando por la violenta relación de la señora Alderson –la mujer, que de ser un cuadro, últimamente se titularía 'mujer sentada al fondo'– con Darlene.

Evasión de la realidad

Se trata esta de una evasión, la de la televisión, que a su vez nosotros también experimentamos con la serie. Allí, los espejos y las pantallas son el recordatorio de lo que está fuera de la cabeza del informático, pero también de nuestros televisores, como en una especie de “metatelivisón”. Conocemos esa sensación. La de simplemente sentarnos y evadirnos mientras algunos pedazos de nuestra realidad interfieren a ratos y nosotros, si hay suerte, los aplacamos.

Todo este subterfugio, original e inesperado, que evade a Elliot de la realidad, ahorra además al espectador la necesidad, una vez más, de profundizar en la tortura de su desvalido protagonista –aunque ya habrá tiempo después–, pasa de puntillas por la violenta paliza que recibe y nos lo devuelve malherido en la cama de un hospital.

Allí esta Ray, con su sabiduría habitual, para recordarle que todos tenemos un dueño, alguien de quien depender y alguien que depende de nosotros. En realidad, esto último no lo dice él. Pero si Elliot es listo, que lo es, sabrá qué hacer para que así sea. Al menos un poco de aire fresco, un breve respiro entre tanta oscuridad, no le sentaría del todo mal a nuestro querido protagonista para variar.

Hackeando al FBI

Por lo demás, han pasado dos días del terrible ataque perpetrado por el Ejército Oscuro al FBI en el hotel de Pekín. La consecuencia directa es que su jefe trata que Dom acepte una baja de cuatro semanas. La indirecta, que la Agencia Federal de Investigación se trasladará de sus oficinas en el lujoso edificio de E-Corp a otro lugar en 24 horas. Poco margen de actuación ahora que Angela –que ha empezado a unir ciertas piezas en su cabeza al reconocer a Cisco– se había decidido al fin a cooperar con Fsociety.

El arco argumental de esta segunda parte es el contrapeso perfecto para la mente retorcida de su líder. Una trama algo más ligera, con algo más de acción, sin demasiados efectos especiales, solo una buena ejecución que se nos pasa en un suspiro entre la peluca rubio platino de Darlene, el 'éxito garantizado' de Angela –fantástica una vez más la actuación de Portia Doubleday, tan repleta de matices, capaz de transmitirnos todo su nerviosismo con una pose aparentemente contenida–, la intromisión del inepto agente Ross Thomas y la suave interrupción de Dom con su dulce sonrisa final. Será interesante ver cómo se suceden los acontecimientos entre estos dos personajes, Moss y DiPierro –que resultan, en esencia, bastante similares–, ahora que se han encontrado.

Sobre Mr. Robot y Elliot

Mientras tanto, si al principio del episodio el chico de grandes ojeras se preguntaba a dónde nos dirigíamos, la respuesta llega justo al final. Enternece ver a Elliot abandonarse a los brazos de su alter ego así de desecho. Los últimos minutos son una evasión, un recuerdo de hecho, mucho más real, menos tormentosa, más tierna, amable y familiar, donde todo vuelve al momento en que empezó, con la confesión paternal y su consiguiente promesa de no abandonarle nunca, la tienda de ordenadores y el nombre de su letrero: 'Mr. Robot'.

Ahora bien, tomémosle la palabra al personaje de Christian Slater. A fin de cuentas, como su mundo de ficción, su personaje es también un subterfugio creado por la mente del propio Elliot en defensa propia. Pero, si Mr. Robot solo pretende proteger a Elliot entonces, ¿debemos suponer que Tyrell está muerto? Y si no lo está, ¿qué otra razón podría haber para que nos ocultara su paradero? O, lo que es más desconcertante, ¿quién está tratando de comunicarse entonces con Mrs. Wellick?

Tal vez, a juzgar por la inquietante promo del próximo capítulo, música incluida, obtengamos alguna de esas respuestas. Quizás no. Hasta entonces, os dejo su trailer:

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