‘Orphan Black’ 3x02 Review: los clones comienzan a ser interesantes

Por David Marañón

No pensé que me iba a costar tanto ver el segundo capítulo de ‘Orphan Black’, pero sí que es cierto que tras el primero no tenía realmente nada que me enganchara a seguir sabiendo lo que estaba pasando.

Como bien dije en mi review anterior, me faltaba algo. Y en este capítulo se ha resuelto ese gran problema, porque por primera vez los clones Castor me han resultado de interés. Ahora sí que tengo ganas de saber el pasado de cada uno, y cómo han llegado a donde están. Tanto es así, que me está pareciendo que los guionistas están olvidándose un poco de las sestras para dejar paso a las historias de los Castor. Y este capítulo es muestra de ello

El problema es Sarah

Durante todo el capítulo hemos podido observar cómo Sarah se ha movido entre dos aguas: la de seguir la investigación de la rivalidad entre el programa Castor y el LEDA, y la de abandonar todo e irse. El hecho de que Cal se haya mudado cerca suyo y de Kira, y que Art ha vuelto a contactar con ella, le ha dejado despierto un sentimiento de querer seguir con todo que hasta casi el final del capítulo no se resuelve. Y es que, tras una charla con Miss S., Sarah se da cuenta de que cuanta más gente te sigue, más debes huir.

Sarah hace todo por Kira, y cuando al final del capítulo uno de los Castor retiene contra su voluntad a Kira para obtener información sobre el genoma original, Sarah se da cuenta de que lo mejor que puede hacer es dejar que Kira se vaya, puesto que todo lo que quieran hacerle a ella va a pasar primero por su hija. Ya no puede seguir dejando que sea Kira la que sufra al final todo lo relacionado con el DYAD y los programas de clones. Decisión que, a mi parecer, sería acertada si no hubiera sido Cal el que se la llevara, vista la relación que tiene con el DYAD. No me termino de fiar, y creo que la huida de Kira va a acabar realmente mal.

Cosima y Alison: todo por el genoma… y por la droga

El caso de Cosima es muy curioso: lleva siendo toda la serie una especie de secundaria que siempre tiene la palabra más adecuada y que ha sabido cómo debían actuar las demás, y no ella. Y desde la desaparición de Delphine de su vida, parece que vuelve a ser la hippie vitalista que es tan necesaria en la historia. El hecho de que sea ella quien pueda tener la clave del genoma original no es necesariamente lo que le de importancia, sino como ha dejado patente en el capítulo, son sus ganas de investigar y de descubrir qué está pasando realmente.

Ahora mismo, las cuatro sestras tiene cada una un objetivo, y la única que sigue investigando desde el primer día es Cosima, ejemplo de superación si además la investigación se vuelve contrarreloj porque su propia vida corre peligro. Así, en este capítulo Cosima descubre que había dos genomas originales: uno masculino – el Castor – y uno femenino – el LEDA –, ambos en manos incorrectas. Los dos genomas se supone que están destruidos, y el doctor Duncan jamás le dijo a nadie de quién procedían. Así que ahora mismo, y con el libro de Duncan casi imposible de descifrar, la investigación está realmente parada.

En cuanto a Alison, tras decidir que lo mejor que puede hacer es presentarse a representante escolar de su distrito, se le ocurre una brillante idea: ponerse en contacto con Ramón, el que fuera su camello, y comprarle todo el negocio. Su marido no está de acuerdo, pero el hecho de que ambos tengan algo en común hace que finalmente acepte. Con Alison definitivamente no saben qué hacer. Y no me gusta, porque es un personaje maravilloso que no quiero que utilicen como comodín durante el resto de temporada. Sería una gran pérdida en cuanto al reparto de personajes.

“Enséñame los mangos”

En el anterior capítulo, Helena por fin salía de la caja en la que estaba encerrada. Los militares tienen que investigarla, y para ello la torturan a base de toallas en la cara y agua, única manera de dejarla aturdida para poder conseguir muestras de todo lo que necesiten. Sin embargo, ‘madre’ o la Doctora Virginia Cody decide que las torturas en Helena deben finalizar porque está embarazada. Tras esto, le hacen unas pruebas mentales – que no tengo ni idea de para qué sirven si soy sincero – y volvemos a ver a Helena hablar con su amigo el escorpión, que lo único que hace es aumentar su locura.

Las pruebas lógicamente salen incorrectas – momentazo el de los mangos y Helena pidiendo que le enseñen los mangos – y la doctora decide llevársela. Invita a Helena a comer, y le cuenta que su familia le vendió, y que por eso está allí. Que ella tenía muchos hijos, y que para ese programa no es igual de prescindible que para su familia. Sin embargo, y como siempre, Helena está más pendiente de comer que de hablar.

Los atormentados Castor y su desconocido pasado

El capítulo empieza con la fuga del sótano de los dos Castor – hecho que imaginábamos que sucedería tras el final del capítulo anterior –. Tras esto, vemos como uno de ellos se lleva a una chica a su apartamento, aunque más tarde descubrimos que están los dos, y que los dos quieren jugar con ella. Cuando ella se da cuenta de que son dos, se aterroriza, y posteriormente vemos que ella es el motivo por el que Art se pone en contacto con Sarah de nuevo. Los Castor entonces reciben la visita de Paul, que va a hacerles las mismas pruebas que le hacen a Helena. Uno de ellos las pasa sin problema, sin embargo, descubrimos que el otro no es capaz de pasarlas sin dificultad.

Posteriormente, y en una charla que ambos tienen por teléfono, confiesa que está enfermo, y que el dolor va en aumento. Así es, a los Castor también les modificaron a su antojo, y ese juego de Dios que tantos quebraderos de cabeza está dando a las sestras descubrimos que los Castor también lo sufren. Uno de ellos decide ir a por Sarah para sacarle información – lo que antes contaba de que retienen a Kira – mientras el otro vigila, encontrándose con Cal que pensando que necesitaba defenderse le propina un puñetazo que vemos que le desorienta, y eso unido a su enfermedad provoca que le dé un ataque de dolor que el Castor que retiene a Kira decide finalizar pegándole un tiro en el pecho. Los Castor no son robots, y vemos como todos sufren igual o más incluso que las sestras – a su modo, eso sí -.

Y lo corroboramos con el final del capítulo, donde aparece Mark, el Castor religioso, quemándose con un soplete el tatuaje que todos los Castor llevan en el brazo – un caballo de dos cabezas -.

Os dejo el avance del siguiente capítulo. No sé vosotros, pero a mí desde luego me está volviendo a gustar la serie tras el final de la segunda temporada tan raro y el inicio de la tercera tan flojo. Ganas de que llegue el domingo aumentando.

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