‘Yo no creo en los hombres’ Review Final: Cinco razones que nos hicieron creer en esta telenovela

PorBetty M. Martínez

Hace unos meses, cuando Nova estrenó ‘Yo no creo en los hombres’, apunté algunos motivos que hacían presagiar que íbamos a creer en ella. Hoy, con la telenovela finalizada, esas primeras impresiones se han ido confirmando poco a poco. Veamos algunas de las razones que nos ha hecho seguir capítulo a capítulo las aventuras y desventuras de María Dolores y compañía.

¡CUIDADO SPOILERS!

La heroína más dolorosa

Lo primero que hay que hacer es felicitar a quien tuvo la brillante idea de llamar María Dolores a la protagonista. No hay nombre más acertado ni más adecuado para el personaje. La pobre Adriana Louvier se ha cansado de llorar. Es más, creo que si minutásemos sus momentos de felicidad y de tristeza, las lágrimas ganarían por una amplísima ventaja.

Es cierto que las telenovelas tienen que tener su parte dramática, pero esta vez a los guionistas se les fue un poco la mano con el apartado trágico. Aun haciendo memoria soy casi incapaz de recordar todas las vicisitudes que ha pasado María Dolores. A modo de resumen, podemos mencionar el asesinato de su padre, los múltiples y sucesivos engaños de Daniel, la violación, la muerte de Julián, las dudas sobre las intenciones de Ivana, etc.

Insisto, María Dolores ha sido una de las heroínas más sufridoras que recuerdo en los últimos tiempos. Desde luego, ha sido toda una prueba de fuego para Adriana Louvier en su primer papel protagonista. No sé cómo funcionará en la comedia, pero nos ha quedado claro que su vena dramática puede ayudarle a tener un prometedor futuro.

Max, un caballero a la vieja usanza

Si finalmente comparásemos los momentos de felicidad y tristeza de María Dolores, está claro que los primeros tienen un nombre propio: Max. Las pocas alegrías que ha tenido María Dolores han sido las compartidas junto al personaje interpretado por Gabriel Soto. Y no era para menos. Max ha sido todo un príncipe azul que ha hecho absolutamente todo lo posible, y hasta lo imposible, por hacer feliz a su amada.

Desde el minuto uno estuvo a su lado y nunca jamás la abandonó. Y esto sí que es de destacar porque los galanes no se caracterizan habitualmente por su, digamos, constancia. En alguna ocasión casi era capaz de imaginármelo con armadura y a lomos de un caballo blanco dispuesto a batirse en duelo con quien hiciera falta para proteger a su dama en apuros.

Gabriel Soto nunca ha estado en mi lista de galanes favoritos porque en alguna ocasión ha llegado a aburrirme soberanamente, pero esta vez reconozco que ha estado a la altura. Digo más. Creo que el personaje no le ha ayudado. Es muy difícil lucirse con un personaje tan plano. Max era maravilloso, estupendo, ideal, pero de tan perfecto que era resultaba un tanto artificial. A pesar de esos peros, Gabriel Soto ha convencido. Creo que la próxima vez que me lo encuentre lo veré con otros ojos.

Un antihéroe brillante

El galán nos ha convencido, pero el tercero en discordia – villano ha conseguido que lo odiemos desde el principio hasta el final. Desde aquí mi aplauso para Flavio Medina porque ha bordado el rol de antihéroe. Generalmente los terceros en discordia se mantienen en un segundo plano, dejando toda la luz para el galán, pero en este caso se ha roto el tópico.

María Dolores tardó mucho más de lo habitual en descubrir que Max era el hombre de su vida y Daniel ha sido siempre una sombra que ha planeado sobre la relación de los protagonistas. Daniel pasó de ser tercero a convertirse en un villano con todas las letras.

Mi relación con este personaje ha sido un tanto tormentosa. Lo he odiado profundamente y eso mismo es lo que me ha hecho aplaudir la magistral interpretación de Flavio Medina. Es cierto que en algunas escenas ha estado un tanto sobreactuado, pero también hay que reconocer que el propio personaje vivía en el exceso. Todas sus emociones, sus reacciones, sus actuaciones mostraban una personalidad completamente inestable que llevaba al personaje a estar al borde del paroxismo.

Villanas para todos los gustos

Pero si Daniel ha sido un villano sobresaliente, las malas oficiales no se han quedado atrás. Las más destacadas, sin duda, han sido Josefa y Úrsula. Tan distintas, de mundos tan opuestos, con objetivos tan diferentes, pero han conseguido amargarle la vida a María Dolores. Bueno, a María Dolores y a todo aquel que estuviera cerca de estos dos personajes porque su absoluta falta de escrúpulos las ha llevado a destrozar incluso a quienes más querían.

Y aquí sí tengo que quejarme por algo que me parece bastante cuestionable. Desde el minuto uno hemos tenido claro que la avaricia y la ambición eran los motores que impulsaban las acciones de Úrsula.

Hemos seguido todas y cada una de sus maquinaciones, nos hemos sorprendido con su insensibilidad, nos ha indignado su habilidad para salir indemne de todas sus fechorías, y cuando finalmente se derrumba, nos tenemos que imaginar cómo ha sido su caída al infierno porque nos ofrecen apenas unos minutos de su derrota. No sé si seré muy cruel, pero a mí me hubiera gustado ver un poco más de esa Úrsula con las orejas gachas.

Por lo menos a Josefa la vimos pagar por sus culpas. Consiguió ejecutar su venganza derrotando a todos los que destrozaron la vida de su hija, aunque para eso tuviera que llevarse por delante a su propia nieta.

En este apartado habría que incluir a Maleny, pero este personaje ha sido como una montaña rusa. Ha habido momentos en que parecía clave en la trama, pero en otras ocasiones era absolutamente prescindible. Maleny dejó de ser muy pronto una tercera en discordia en condiciones. La exquisita caballerosidad de Max la dejó sin posibilidades desde que María Dolores se cruzó en su camino.

En cuanto a su faceta de villana, también se evaporó muy pronto al centrar toda la atención en la muerte de su padre. Fue una lástima que un personaje como este se desdibujara tan pronto porque podría haberle dado bastante más emoción al romance de los protagonistas.

Aquí debería incluir a Ivana porque tampoco es que haya sido un ángel de la guarda para la protagonista, pero hay que reconocer que siempre ha mantenido algunos escrúpulos a la hora de seguir las maquinaciones de su familia política. Es cierto que estuvo a punto de pasarse al lado oscuro, pero rectificó a tiempo.

Confieso que me dio rabia que el personaje, que nos lo presentaron al principio como una exitosa empresaria de moda con problemas de autoestima por su imagen, pasara de repente a convertirse casi exclusivamente en una mujer obsesionada con ser madre. Me hubiera gustado que profundizaran más en lo primero porque había momentos en que la cantinela de “quiero un bebé” de Ivana resultaba un tanto cansina.

Unos amigos de matrícula de honor

Si bien es cierto que María Dolores ha tenido que enfrentarse con múltiples enemigos, también es verdad que ha contado con el apoyo de amigos incondicionales.

El mejor de todos ha sido, sin duda, Julián. La quería hasta el punto de ser capaz de morir por ella, pero nunca salió de su boca un reproche por no ser correspondido. Respetó su noviazgo con Daniel y asumió con una entereza encomiable su romance con Max. Creo que en la escena en la que Julián ve a María Dolores y Max besándose, si se presta atención, es posible oír cómo se le parte el corazón. Max nunca abandonó a María Dolores, pero Julián siempre estuvo cuando lo necesitó.

Por cierto, ¿de dónde ha salido Pedro de Tavira? ¿Cómo es posible que esta sea su primera participación en una telenovela? ¿Cómo se les pudo escapar semejante actor a los directores de casting? Si en su debut es capaz de dotar de tanta verdad, entereza, dignidad, a un personaje tan complicado, no quiero pensar qué puede hacer de ahora en adelante.

Y otro personaje que brilló fue Doris. Al principio parecía que íbamos a caer en el cliché de la mujer con sobrepeso, pero ocurrió algo fascinante. No sé cuándo pasó, pero hubo un instante en el que Doris dejó de ser la “gordita” de la telenovela para convertirse simplemente en la mejor amiga de María Dolores. Su personaje tenía tanta personalidad, tenía un peso tan importante en la trama, que su físico quedó relegado a un segundo, tercer o cuarto plano.

Mi aplauso para Estefanía Villareal porque ha conseguido que todas las espectadoras quisiéramos tener en nuestra vida una amiga tan incondicional como Doris.

En su conjunto, ‘Yo no creo en los hombres’ ha sido una telenovela que ha hilvanado bastante bien la gran cantidad de tramas que la componen. Sin embargo, lo que consiguieron construir durante 120 capítulos lo estropearon en el 121. Aviso a quien no haya visto el último episodio que esté muy atento porque como se despiste un minuto puede quedarse sin conocer el destino de alguno de los principales personajes.

Es una lástima que una telenovela tan bien estructurada narrativamente la pifie en el último cuarto de hora. Me explico mejor: me ha gustado cómo ha terminado, pero no me ha gustado cómo me lo han contado. Y ahí lo voy a dejar porque no quiero reventarle el final a nadie.

Así pues (y pese a la sensación agridulce que deja un final que no ha estado a la altura de la telenovela) ha merecido la pena creer en ‘Yo no creo en los hombres’.

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