'Shameless' 5x04 Review: ahora sí, los Gallagher vuelven a las andadas

PorDavid Marañón

La semana pasada escribía en la review del tercer capítulo que esta temporada empezaba a flojear nada más empezar. Y no hay nada que me guste más que tragarme mis palabras una a una para poder decir que con este cuarto episodio hemos vuelto a ver lo mejor y lo peor de los Gallagher, aquellos que desde el minuto uno nos han conquistado día a día. Eso sí, como pasa al ver a los Gallagher en pleno apogeo, el sentimiento de que todo en su vida se va a ir al traste es el que permanece después de estos 50 minutos de capítulo, sentimiento que en este capítulo especialmente nos queda tras cómo han acabado todas las historias.

(¡¡¡Cuidado, SPOILERS!!!)

Debbie y Carl, los adolescentes

Qué bonita época la adolescencia, ¿verdad? Cambios hormonales, cambios de humor, cambios de gustos, cambios, cambios… ¿Recordáis a la Debbie de la temporada pasada? ¿Aquella insegura que buscaba desesperadamente perder la virginidad? Ahora que la ha perdido, tiene que tener un nuevo objetivo en su vida. Y qué mejor que el boxeo. Todo empieza con Debbie en plena calle encontrándose con su grupo de ex amigas. Cuando éstas le llaman violadora, Debbie decide darle un puñetazo a la líder y comienza una pelea de gatas que un chico que aparece de la nada, frena. Y ahí está, el príncipe azul de Debbie, su salvador, su nuevo objetivo. Porque descubre que ese chico boxea, y decide ir al gimnasio donde entrena, probar el boxeo, y así además acercarse a él. No nos queda claro si el boxeo es o no lo suyo, pero al menos se ha centrado en algo por conseguir otra cosa. Al chico le gusta Debbie, y ella además lo sabe, así que nos espera una historia que puede prometer bastante.

Por otra parte, Carl encuentra trabajo. Vendiendo droga para una mafia del barrio, sí, pero sigue siendo un trabajo. Él se viste de rapero, va con sus muletas al puente donde va a vender droga, y se encuentra con un grupo que le rechaza y un jefe que quiere utilizar que está lisiado para dar pena y que la gente no sospeche de él. Con su primera venta, equivoca términos y cuando tenía que dar un cuarto de gramo de cocaína, da gramo y medio, por lo que ahora le debe a sus compañeros 100 dólares y no sabe de dónde sacarlos. Cuando parecía que estaba desanimado por no saber si seguir pasando droga o no, la escena post-créditos - qué Marvel suena esto - nos descubre a Carl estudiando de noche las medidas de droga para no volver a equivocarse. Parece que va a hacer futuro en eso de la droga.

La decadencia de Ian por la buena suerte de Lip

Cuando la serie empezó, jamás imaginaríamos la situación actual de los hermanos mayores: Lip universitario, novio de una chica rica de Miami y con una vida estable, a la contra de Ian, buscado por el ejército, con graves problemas mentales y sin ocupación alguna. Vamos primero con Lip. Después de que el capítulo pasado Lip volviera a acostarse con Mandy, decide ir a Miami a ver a su novia de la universidad. Al llegar allí, una vida excesivamente snob le recibe. Lo bueno es que su novia sabe que su vida es así, y reniega de ella, por lo que llevarlo juntos puede ser más divertido. El padre de su chica, además, reniega de Lip - recordemos que en la pasada temporada le pagó 10.000 dólares para que se alejara de su hija, dinero que utilizó para la universidad -, hasta que durante una comida, se entera de que está estudiando una ingeniería. Como él. Y comienza a ver en su yerno a su nuevo compañero de proyectos, de trabajos y de pasiones como la ingeniería, o fumar hierba. Lip comienza a encajar en la vida de su novia, cosa que creía improbable, incluso se siente cómodo, y eso le hace todo mucho más sencillo. Comienza a encauzar su futuro.

Ian, sin embargo, va cuesta abajo y sin frenos. El capítulo comienza con Mickey reclamando una maleta perdida del aeropuerto como si fuera suya. Lo que en un principio iba a ser una canallada más del novio de Ian, acaba siendo una obsesión enfermiza para el Gallagher. De una maleta pasa a unas pocas, y cuando termina el capítulo tenemos que en un día ha solicitado maletas suficientes para llenar su casa, incluido el porche. Lo que vemos es a un Ian enfermizo, aislado y controlado completamente por su mente, y a Mickey destrozado, dándose por fin cuenta de que Ian está mal y no puede hacerse cargo de él, su mirada le delata completamente. La idea de que Ian haya heredado la enfermedad de Mónica, la bipolaridad, ya queda atrás, y deja paso a problemas mucho más graves aún. Le esperan momentos realmente duros.

Resacón en Chicago

No sé si como homenaje a las películas o como otra genialidad de los guionistas de la serie, pero la historia de Frank en este capítulo se centra en descubrir qué pasó con el dinero del seguro (el de su fractura de pierna cuando se la rompe en la puerta de casa de Sheila) tras una noche con mucho alcohol y muchas drogas. Amanece en el parque, lleno de caca de paloma, y sin saber qué hace allí, hasta que recuerda que tiene que cobrar el cheque del seguro. Cuando va a ver a su asesora, ésta le recuerda que ya lo cobró el día de antes, y antes de que Frank se altere, también le recuerda que ha abierto una cuenta y lo ha ingresado. Al llegar al banco, el director le afirma que el dinero lo sacó el mismo día que cobró el cheque - 121.000 dólares para ser exactos -. Tras eso, se dirige al Alibi, donde le reciben con una gran ovación por haberles invitado al alcohol más caro. Allí, descubre en su bolsillo la llave de un Porsche. Efectivamente, compró un Porsche, y dentro del Porsche – destrozado, por cierto – un amigo suyo dormía, recordándole que se gastó parte del dinero en crack y que fueron a Chinatown. En el local donde estuvo se entera de que perdió casi todo su dinero, después lo dobló jugando al póker, y se fue con tres asiáticas. En su barrio, se encuentra con Carl, que accidentalmente encuentra la llave de un hotel. Ambos se dirigen a la habitación – ¿he dicho ya que adoro el tándem Carl-Frank? – y allí le esperan las 3 asiáticas, que le explican la fiesta que organizó en la habitación del hotel. Encuentra su chaqueta allí, y dentro una tarjeta. Llama y un hombre le dice que gracias por la inversión de todo su dinero en un proyecto que traerá grandes beneficios. Se dirige a la dirección de la tarjeta, y allí se encuentra con el señor Diamond, trabajador para una asociación de niños tullidos. Frank donó todo su dinero en prótesis para niños sin piernas. Y entonces llega una escena para la posteridad: Frank robándole a una niña su pierna y ésta cogiéndola, siendo arrastrada por la habitación mientras Frank intenta quitársela de las manos. Finalmente desiste, y se va. Fuera, descubre gracias a una pequeña paliza que atropelló a un chico con el Porsche que compró. Al final, se queda sin dinero y con un coche destrozado. Frank Gallagher en estado puro.

El sexo para Vero, el amor para Fiona… ¿Pfender?

Vero no está de acuerdo con cómo está girando su vida. Ante un ciego Kev que únicamente se centra en sus hijas, Vero desiste y le pide a Fiona irse de fiesta para salir del ambiente tan excesivamente familiar en el que está viviendo. Cuando están en la discoteca, Vero va a la pista de baile, y allí empieza a tontear con un chico, con el que acaba bailando hasta el punto de que tiene un orgasmo, orgasmo totalmente intencionado por su parte. Al día siguiente decide contárselo a Kev, y hacerle ver que tiene necesidades y que su matrimonio ha dejado de funcionar.

Sin embargo, a Fiona todo le va de maravilla. Gus ya duerme en su casa, se lo presenta a los tres pequeños de la familia, y todo parece encajar por fin. Cuando están los dos en la cafetería en la que Fiona trabaja, éste le confiesa que se está enamorando de ella. Lo que podría parecer un freno para Fiona por ir tan rápido, se acaba convirtiendo en un impulso para también declararse esa misma noche. Tras pasar la noche en vela comiendo, viendo series y lo más importante, teniendo sexo – hasta tal punto que llama a la cafetería para no ir a trabajar y seguir con su novio -, Gus le pide matrimonio a Fiona, a lo que sorprendentemente Fiona responde que ¡SÍ! Además, adoptará el apellido de su futuro marido, Pfender. En los juzgados, Gus le regala un ramo de flores y ambos utilizan como anillos las gomas que sujetaban los tallos de las flores. Al volver a trabajar a la cafetería, aparece el grupo de amigos músicos de Gus, y comienzan a tocar la marcha nupcial. Allí, sus compañeras y su jefe – con el que tonteaba demasiado – se enteran de que está casada, y todos la felicitan. Todo es maravilloso, hasta que Debbie la llama, y entonces Fiona se da cuenta de la locura que acaba de cometer, y de la unión que sigue teniendo con sus tutelados, sus hermanos, a los cuales no puede dejar de lado. Nunca nada será bonito para Fiona, y si puede serlo, ella se empeñará en que no lo sea.

En el próximo capítulo, como podemos ver en el avance, nos esperan grandes historias de nuevo. Parece que la quinta temporada no va a tener nada que envidiar a la cuarta.

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