'Shameless U.S.' review: un final de temporada vacío y de bajo nivel

Por David Marañón

Se acabó. Anoche se emitió en Estados Unidos el último capítulo de la quinta temporada de ‘Shameless’, una temporada marcada por un inicio poco prometedor y un final aún menos prometedor. Lo que parecía un último capítulo que podía haber dado mucho más de sí ha bajado el nivel de los anteriores capítulos de la serie, un nivel que estaba muy por encima de la media del resto de temporadas.

Es como si con el Season Finale los guionistas no tuvieran ni idea de qué hacer ni cómo con tanto material que tenían a su disposición. Ha quedado un capítulo vacío, que podía haber sido mucho más intenso, más desgarrador, y lo único que nos han mostrado es a unos Gallagher que ya no tienen excusa para ser felices con las vidas que tienen. Así que sin más dilación, comencemos con la review del final de temporada (que no de serie) de ‘Shameless’.

Lo que Frank (no) necesitaba

Por increíble que parezca, Frank sabe cuidar de la gente más de que sí mismo, y si no que se lo digan a Bianca. Ambos parecen felices en Costa Rica, llevando una vida tranquila y sin mayor altercado que los terribles dolores que Bianca sufre. Sin embargo, ésta sigue enganchada al peligro, y Frank lo único que quiere hacer es cuidarla y darle todo el cariño que necesita. Tras una noche en la playa, Bianca decide ir a por una pistola, y Frank le acompaña. Lo que Frank se olía y finalmente era así es que Bianca quería la pistola para seguir en su espiral de búsqueda de peligro constante. Decide jugar a la ruleta rusa, lo que acaba en un forcejeo con Frank que le provoca un disparo superficial en el otro brazo. Es tras eso cuando Bianca vuelve a sufrir unos dolores muy intensos y Frank descubre que ha tomado más pastillas para el dolor de las que tiene que tomarse. Lo único que puede hacer es consolarla, y Bianca le agradece que esté consiguiendo a pesar de todo hacerla feliz.

A la mañana siguiente, vemos como Bianca se desnuda y se dirige al mar. Cuando Frank se despierta, vemos dos cartas: una para él y otra para la familia de Bianca, y descubrimos el bote de pastillas vacío, por lo que deducimos que por fin Bianca ha dejado de temer a la muerte y se ha quitado la vida, lo que deja a Frank completamente chafado.

Fiona, Lip y Vero: el amor como su asunto pendiente

Fiona está completamente perdida, o eso cree ella al menos al comienzo del capítulo. Vemos que está en casa de Gus, y que tras una noche de sexo, charlan amigablemente. Hasta aquí todo parece normal. Sin embargo, la vuelta de su marido trae consigo un distanciamiento con Sean, que prefiere apartarse y no estar en medio de un matrimonio destinado al fracaso. Fiona no sabe qué quiere, y durante todo el capítulo vemos como titubea entre una opción (Gus) y otra (Sean). El primero se lo pone difícil, pues él mismo sabe que eso no llega a ningún sitio – incluso llega a llamar a Fiona amiga -. Cuando Fiona va al piso de Gus y se encuentra a un compañero de la banda que le pide que deje a Gus si realmente no le quiere por lo mala que es, se da cuenta de que no necesita a nadie que le haga infeliz, y en ese momento Gus lo hace, por lo que decide ir a la cafetería a buscar a Sean y decirle que está enamorada de él. Lo que obtiene por respuesta al principio es la duda de Sean, pero finalmente éste le pide a Fiona y que madure, porque la felicidad está sobrevalorada y tiene que buscar más cosas, por lo que Fiona termina la temporada igual de sola que la empezó.

Lip, sin embargo, tiene muy claro lo que ocurre por su cabeza y su corazón, y le cuesta reconocerlo. Al inicio del capítulo tiene un momento bastante bizarro con su profesora: mientras practica sexo con ella atado a la cama, el marido de ésta se queda sentado en la esquina de la habitación viendo a ambos, cosa que Lip en un principio rechaza. Tras esto, y el resto del capítulo, lo que observamos es a un cada vez más convencido Lip de que realmente quiere a su profesora, y a una Amanda casi rogándole que le quiera. Con un feo que Lip le hace a Amanda – ésta compra pizza y tras esperarle dos horas va a calentársela para que no se la coma fría, pero cuando vuelve Lip ya no está – al día siguiente en la biblioteca ésta le pega un puñetazo y le dice que está enamorada de él porque aún no ha encontrado a nadie con su personalidad y forma de ser. Finalmente, Lip le reconoce a Ian que está enamorado de su profesora.

Los vecinos de los Gallagher siguen por su parte intentando retomar la relación sin rencores ni reproches, aunque a Vero le cuesta más de lo normal. Cuando se entera de que Kevin ha estado con más chicas de las que creía, decide ir con él a que se haga pruebas de enfermedades de transmisión sexual, y es donde se entera de que el número de chicas es mayor aún. Ya en el bar, y con su madre como guía, descubre que también teme que a su marido únicamente le atraigan mujeres jóvenes, por lo que decide vestir como una colegiala para conseguir atraerle, y lo que consigue es que Kevin le siga contando detalles de las chicas con las que se ha acostado en el Campus. Al final, Vero se da cuenta de que su marido le quiere puesto que ve que las niñas lloran y éste prefiere consolarla, y Kevin se da cuenta del error que ha cometido desde el nacimiento de sus hijas. Parece que la segunda oportunidad funciona para los dos.

Ian y Debbie tomando malas decisiones

Ian continúa su viaje con Mónica, lo que les deja en una estación de autoservicio. Allí, ambos deciden ir a desayunar y es cuando Ian le confiesa a su madre no tener dinero. Mónica le dice que no se preocupe por nada, que va a conseguir un poco mientras él pide comida. Desde dentro del restaurante, Ian ve como su madre se acerca a los camioneros y al poco tiempo vuelve. Ya dentro, Ian le pregunta por lo que ha hecho para conseguir el dinero, a lo que Mónica le responde que vender algo sin importancia. Allí, recuerdan anécdotas de cuando eran pequeños, Mónica con alegría e Ian con algo de tristeza. Ya en la vuelta a casa – o caravana mejor dicho - de Mónica vemos que allí está su novio, novio con el que tendrá que convivir Ian. Por la noche, y mientras Mónica y su novio juguetean, Ian descubre que su madre trafica y que fabrica la droga en una caravana cercana a la suya. Tras discutir con Mónica y con su novio, a la mañana siguiente vuelve a Chicago, y nos enteramos por Mickey, que es a quien llama para hablar con él – un Mickey que ha estado bastante perdido mentalmente tras la desaparición de Ian -. Cuando se reencuentran, Ian le deja por no ser compatibles debido a su problema mental, y con un Mickey destrozado, vemos como Sammi aparece pistola en mano para perseguirle por encerrarle en la caja de la mudanza. Finalmente, Ian vuelve a casa bajo los brazos de Fiona.

En cuanto a Debbie, que poco a poco ha ido robando protagonismo al resto de hermanos, descubrimos que sus intenciones eran las que creíamos cuando en el capítulo 10 decide no utilizar preservativo: quiere quedarse embarazada de su novio. Fiona lo descubre y le echa una gran bronca. Sin embargo, y de una manera normal, Debbie se considera lo suficientemente adulta como para decidir si quiere tener un hijo y casarse o no. Vemos como le reprocha a Fiona que nadie se está encargando de la casa, que ella es la cuidadora de Liam y que además no es la más indicada para decirle qué decisiones tiene que tomar en base a lo que conozca a su novio puesto que ella se ha casado con un desconocido. Finalmente, y como colofón de temporada, descubrimos tras una prueba de embarazo que Debbie está embarazada.

Sólo queda esperar a la sexta temporada, y ver cómo va a llevar Debbie su embarazo, qué ocurre finalmente con Mickey y Sammi y cómo va a ser la vuelta a la realidad de Chuckie y Carl, que siguen en el reformatorio. Desde luego que los Gallagher han perdido la cabeza del todo, y aunque el final haya sido menos de lo que esperaba, sigue siendo mi familia favorita de la televisión. Por tanto, y hasta que nos dejen los productores de ‘Showtime’, ¡larga vida a los Gallagher!

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