'Stranger Things', el primer éxito de ficción USA del verano

Por Juan Carlos López Sáez

Siempre se ha dicho eso de que la nostalgia vende, y no dejamos de comprobar lo cierto que es. Retornos de grupos desaparecidos, remakes de clásicos, películas de hace décadas triunfando en cines y eventos actualmente ('Grease' llena salas de mil butacas gracias al Sing Along), y en definitiva, todo lo que nos evoca al pasado nos seduce.

Netflix lo sabe, y los hermanos Duffer ('Wayward Pines') también, y sin cortarse un pelo, y con esta idea en mente, han utilizado todos los elementos del cine de los 80 para que los nostálgicos caigamos en sus redes desde que viéramos el primer cartel promocional de 'Stranger Things'. Un cartel que rememora a los clásicos de Spielberg (algo que ya hizo J. J. Abrams con 'Super 8') el que impone el tono con el que se inicia la serie, para más tarde, ver claras referencias a directores que marcaron una década inolvidable del celuloide.

Pero viendo la serie más allá de los carteles, los Duffer no tienen reparo a la hora de dejar constancia de cuáles son sus referentes. Spielberg, Carpenter, Stephen King (que ya se ha mofado en Twitter), James Cameron, y si por si acaso no fuera obvio, las habitaciones de los jóvenes protagonistas están plagadas de pósters de películas de terror de la época, por lo que habría que verlo como un homenaje a la época y no un plagio.

(¡Cuidado Spoilers!)

La premisa inicial muy "goonie"

La serie narra la desaparición del joven Will en un pequeño y tranquilo pueblo de Indiana, donde se desatarán unos extraños sucesos, y donde Joyce (Winona Ryder) hará lo imposible por recuperar a su hijo.

Con esta sencilla premisa comenzamos una historia protagonizada por unos chavales al más puro estilo Goonies. Extrovertidos, ingeniosos, desplazándose en bicicletas y adictos al rol, nada tiene que ver con la juventud actual, y disfrutamos rememorando como eran las infancias de antes, donde había que tirar más de imaginación e ingenio para no aburrirse.

El grupo de 4 niños se queda marcado por la desaparición de Will, y la llegada de Eleven, una niña de la que poco se sabe en un inicio, pero que será un factor clave para la historia.

Un reparto acertado excepto por Winona Ryder

Winona Ryder encabeza un reparto no muy conocido donde ella es la estrella que busca su enésima oportunidad de resurgir, pero justamente, es la que peor parada sale por estar algo pasada de rosca constantemente.

Quitando la cuestionable interpretación de la que fuera musa de Tim Burton, el casting es un gran acierto, los chavales son creíbles y actúan mejor que los mayores, siendo Millie Bobby Brown (Eleven) una gran sorpresa (aguantar esos primeros planos no es fácil), así como los largos diálogos del trío de niños protagonista.

Esta curiosidad pone de manifiesto que algo en lo que se ha empeorado en producciones protagonizadas por niños, es que antes se les mezclaba en tramas de adultos, a los que se enfrentaban con sus propios medios, como esa persecución de las furgonetas tras los críos en bicicletas al más puro estilo 'E.T' (en la que años después se tuvieron que borrar las pistolas digitalmente para que los niños del siglo XXI no las vieran) y se hacían personajes que podían interesar a todo tipo de público, por escribirlos sin pensar a quien puede ofender una frase o un gesto (por algo clásicos como 'The Goonies' continúan gustando y funcionando, pero hoy sería mucho más infantil y con exceso de CGI).

Terror y problema de ritmo

En cuanto al terror, no llega a ser aterradora, pero si que saben crear la ambientación y tensión idónea para llegar a un clímax final potente que me ha recordado a 'Aliens', y sin cortarse con momentos desagradables (lo que gustaba lo viscoso y desagradable), y escenas de acción que van de menos a más, siendo los dos últimos episodios memorables.

El problema de la serie se da en el ritmo, visualmente es una maravilla, todo muy cuidado para retratar la época de manera exacta, pero parece que el haber cuidado el factor estético hace que se emplee más tiempo del necesario en algunos momentos que carecen de interés.

Por ejemplo, el hecho de dividir en tres grupos las tramas (niños, adolescentes y adultos) que tardan en reunirse para un recta final ejemplar.

Los adolescentes cumplen con los típicos enredos amorosos, con el nerd enamorado de la chica mona que sale con el popular, sirviendo para avanzar la parte slasher (el asesino que persigue a las víctimas).

Los niños ponen el humor y la parte más fantástica (poderes), y los adultos la más emotiva, como esas grandes escenas de luces navideñas y el contacto de Joyce y Will. No todos interesan por igual (Winona Ryder tiene demasiada presencia, llegando a resultar algo cargante por lo forzada y sobreactuada que está constantemente), y con dos episodios menos habría sido mucho más amena y entretenida, porque a fin de cuentas, la historia que cuenta no es tan compleja para necesitar 8 horas.

Una delicia que crea su propio universo

Pero aún así, 'Stranger Things' es una delicia que se disfruta más allá de la mezcla de estilos y como revival, porque a pesar de beber directamente de muchos clásicos sabe crear su mundo y sus personajes, y se ha convertido en el primer gran éxito del verano por méritos propios.

Ya hay segunda temporada confirmada, así que el próximo verano volveremos a caer en la nostalgia, y quién sabe si esta fiebre no produce que tengamos walkmans en nuestras mochilas de nuevo, o esos gigantescos walkie talkies, que lo siento, pero en la serie funcionan demasiado bien y en la realidad funcionaban solamente a escasos metros. Además, nos quedamos con un inquietante final que nos da para que surjan teorías sobre que sucederá el próximo año.

Aquí el trailer:

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