'The Knick' 2x10 Review: Un tramo final de temporada arrollador

PorIgnacio G. Castaño

¡AVISO SPOILERS!

Tras el pequeño bajón que había sufrido en el quinto y sexto capítulo esta inusual serie sobre los orígenes de la medicina, los guionistas de 'The Knick' exprimen su talento y nos compensan con un tramo final de temporada arrollador. Mención especial merece el noveno capítulo, lleno de momentos destacables y con un inicio y un final en Nicaragua con un tono muy diferente al de los sombríos hospitales de Nueva York, y que hace que el capítulo esté estructurado de forma cíclica.

El juego de escenarios

Una de las bazas más importantes con las que cuenta ‘The Knick’ es su ambientación. Durante toda la serie hemos visto cientos de planos detalle magníficos, de cualquier objeto o gesto, que ayudan a enriquecer el envoltorio de las imágenes. La época está muy bien recreada, cada encuadre está medido al milímetro y esto contribuye a crear un estilo único, extravagante y difícil de imitar. Un poco como el cine de Stanley Kubrick, en el que ningún plano es aleatorio y todo obedece a una razón del director.

Creo que todos estos esfuerzos se ven recompensados en esta parte final de la segunda temporada, ya que cada escena está especialmente bien elaborada, como por ejemplo aquella de la fiesta de la alta sociedad en el séptimo episodio, de una factura impecable y con un despliegue de medios espectacular.

La resolución de todos los conflictos

Las desigualdades persisten en el Nueva York de 1901, y temas como el racismo siguen muy presentes en la sociedad americana. Personajes como el doctor Edwards acusan estos prejuicios que les condenan a un tipo de vida llena de dificultades, siempre propiciadas por la diferencia de clases. Este doctor acaba la segunda temporada igual que lo hizo en la primera, acorralado e impotente ante gente que busca marginarle a él y a los de su mismo color de piel.

En cuanto al resto de personajes, hay más de uno que se encuentra en una situación peor que la de Algie. La señorita Elkins, desencantada con la vida y con los hombres, se piensa afortunada de lo que tiene a su lado, pero nada más lejos. El hijo de la familia Robertson ha resultado ser un psicópata, y el misterio del asesinato que acaba señalándole como culpable resulta ser un gran atractivo de la serie. Es una intriga que va apareciendo silenciosamente y que se resuelve de forma brillante sin que nos lo esperemos. Toda esta trama pone en una tesitura difícil a la enfermera Elkins, y también a Cornelia Robertson, que acaba despidiéndose de Nueva York y parte rumbo hacia Australia, para huir de una vida llena de miseria.

La peculiar relación entre Tom Cleary y la hermana Harriet da un paso de gigante, y se aclaran secretos sinestros respecto al pasado de ambos. La formidable escena en la Iglesia, en la que Tom queda en todo momento fuera de plano, nos revela que fue él quien delató a la monja, para poder conseguir su afecto y así poder conquistarla. Al final vemos cómo logra su propósito, pero sabemos que va a peligrar la relación entre los dos si la verdad sale a la luz.

Los malos suelen ganar en 'The Knick' por regla general, y vuelve a quedar demostrado; la reflexión que los guionistas quieren que hagamos es que en la sociedad enferma que describen siempre salen perdiendo los que intentan cambiar las cosas para bien. En cuanto al doctor Gallinger, vemos como recurre a la traición para salir de una vida infernal y terminar así con una relación donde predominaba la locura de su esposa. El juicio que se celebra enfrentando a este personaje con Algie representa esta lucha entre el bien y el mal, que siempre acaba dando como vencedores a los villanos.

La montaña rusa del Doctor Thackery

Para poner la guinda al pastel tenemos la evolución anfetamínica del personaje protagonista, una colección de altibajos que en su pico más alto llegan a hacernos creer que este hombre puede conseguir la felicidad. El palo que se lleva es monumental. En una operación de cuestionable necesidad acaba perdiendo a la mujer a la que ama, y se entrega a la más absoluta decadencia. Hasta ese momento estaba mostrando su faceta más humana, dándole a su personaje un nuevo matiz que resultaba realmente convincente. Hay que atribuirle gran parte de la responsabilidad a Clive Owen, que realiza una interpretación sobresaliente y deja un personaje antológico para el recuerdo.

La épica escena final, no apta para estómagos sensibles, seguro que generará controversia y en mi opinión hace que la serie se consolide como imprescindible. El final abierto nos sugiere lo peor, parece que nos van a privar del gran John Thackery, y habrá que ver cómo se las ingenian para que la cosa siga enganchando de igual forma. Aún no está confirmada la tercera temporada, pero un cierre así sería inimaginable y seguro que los responsables de ‘The knick’ tienen en mente diez capítulos más para hacernos sufrir.

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