'The Magicians' Review 1x09: las dos caras de la muerte

Por Sabrina Rodríguez

En este nuevo episodio Quentin y Julia han de enfrentarse a la muerte de otras personas de forma muy diferente, pero ambos aprenderán algo valioso sobre ellos mismos y el mundo que les rodea. Ha sido un capítulo distinto, muy interesante y duro, con los dos personajes asimilando lecciones en paralelo, aunque la historia de Julia parece encontrarse en un limbo en estos momentos.

La idea de la muerte ha estado presente en 'The Magicians' desde el principio y ha sido abordada de muy diversas maneras. Una cosa siempre se deja clara: la muerte es ineludible y no hay hechizo que pueda deshacerla. Lidiar con ella es lo que nuestros personajes han de aprender a hacer; desde la dulce Alice, aún llorando por su hermano, hasta un Eliot desconsolado, al que la muerte lo ha vuelto cruel. La serie no es para niños y las temáticas que abordan son duras. Desde el primer capítulo se ha dejado claro.

Si estáis preparados para ir al más allá, continuad con los SPOILERS.

Una historia de fantasmas

Según dice Penny, los fantasmas existen como en una película de terror, y es que los muertos se quedan reviviendo en bucle lo que les sucedió en vida una y otra vez. Esto se encuentran Quentin, Alice, Eliot y Penny en este episodio, con una casa maldita y todos los recursos típicos: risas de niños, muñecos, una pelota que se acerca sola, una caja de música y manos pequeñitas dejando huellas de pintura en la pared. No se han esforzado mucho, la verdad.

Todo esto viene a que Quentin, tras la muerte de Eliza, la semana pasada, recuerda aquel manuscrito que le entregó y que perdió, con la desesperada esperanza de que allí se encuentren todas las respuestas que ansía. Una vez más, cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad.

Penny le había robado el manuscrito y lo había tirado, no sin antes leerlo. Por supuesto, las cuatro cosas que recuerda son lo suficientemente interesantes como para irse a Inglaterra a investigar a la casa del escritor Christopher Plover, que está más encantada que la de 'Los Otros' de Amenábar.

Entre lo que Penny recuerda, resulta que este manuscrito no estaba escrito por Plover, era de Jane, y se hablaba de un botón mágico con el que Martin podía ir a Fillory cuando quisiera. Ahora que saben que Fillory es real y que la Bestia tiene mucho que ver con el cuento, la existencia de ese botón cobra una gran importancia.

Eliot se les une porque está hecho polvo por haber matado a Mike la semana pasada, además tiene un acceso directo a su pub favorito de Inglaterra y no tendrán que viajar en avión. Nadie pierde un segundo de su preciado tiempo hablando con él sobre lo ocurrido, mientras que Eliot le da a la bebida y su sarcasmo sube de nivel por momentos. Margo no está para comprenderle y consolarle. Por otro lado, si la magia viene del dolor, bien les viene tener a Eliot ahora mismo con ellos.

Nunca conozcas a tus ídolos

Geniales las caras de emoción de Quentin en la casa de su ídolo literario. Jason Ralph, el actor que lo interpreta, hizo un gran trabajo mostrando un fanatismo entrañable e infantil, que es perfecto para que la decepción que siente al descubrir que su héroe era una persona horrible, sea más terrible y dura de asimilar. Ya se dice que es mejor no conocer a las personas que admiras porque es muy probable que te decepcionen, pero es que en este caso Christopher Plover resulta ser un adulto obsesionado con la magia y el poder, que abusa de los niños que tiene a su cargo.

¿Y si la Bestia no es original de Fillory? ¡Es Plover! Porque ahora se sabe que no murió, sólo desapareció. ¿Qué ocurrió con Martin? Después de ver su historia, Quentin comprende por qué quería huir a Fillory. La suya era una realidad bastante más dura de lo que se hubiese imaginado.

La muerte no se arregla con la magia

Alice lo sabe ya, lo aprendió con su hermano, pero no puede evitar el intentar convencer a los demás de realizar un ritual para liberar a los niños fantasmas de la casa. Eliot descarga contra ella toda su frustración por lo ocurrido con Mike. Sí, es cruel, pero todo lo que dice es cierto. Margo, por favor, vuelve de Ibiza ya.

Los niños les mirarán irse a través de la ventana, una imagen que es más triste que aterradora. No hay redención en este caso y se quedan condenados a repetir los momentos más horrorosos de su vida, una y otra vez, después de su muerte.

Una reconciliación inminente

Esta es la parte más amable del capítulo: esa sensación de que, aún en la distancia, Quentin y Julia se van acercando. Comienza el episodio con una correspondencia en la que los dos se piden perdón y reconocen sus errores, no sin antes decirle al otro que también la ha cagado. No se odian aunque lo digan, ¿cómo podrían hacerlo? Pero cuando crecemos es fácil perder a los amigos de la infancia cuando cada uno comienza a caminar por su lado.

Cuando un Quentin, deliciosamente friki, se emociona por estar en la casa del escritor de las novelas de Fillory, le cuenta a Alice la importancia que esos libros tenían para él cuando era pequeño y durante su adolescencia, cómo le salvaron, cómo le ayudaron a sobrellevar su depresión. Nombra a Julia con cariño, recordando cómo jugaban a ser los protagonistas de las historias.

Cuando Julia, a su vez, habla de su recuerdo favorito, éste es sobre Quentin y ella jugando y dibujando mapas de Fillory debajo de una mesa. Entrañable. Su conexión sigue siendo fuerte y la reconciliación es inminente entre dos personas que se tienen un cariño sincero a pesar de sus diferencias.

Del negro al gris

Si para los fantasmas no ha habido redención, para Julia sí puede que la haya. Eso busca de la mano de Richard, el mago que conoció en rehabilitación. Humilde y calmada está buscando otro camino que la lleve a utilizar su don de forma positiva. El mismo hechizo que hizo para meterse en la mente de Quentin y manipularle, podría usarse para adentrarse en la mente de una maga en estado comatoso y ayudarla.

Antes de continuar con el tema me gustaría destacar el estilismo del personaje de Julia porque es significativo. Cuando conocemos a Julia al principio, viste de una forma casual, como cualquier joven de Brooklyn. Cuando se adentra en la casa de Marina y está aprendiendo magia con los brujos, su vestuario pasa a ser más extremo y todo de negro. Ahora el negro absoluto ha dado paso al gris, donde su ropa, maquillaje y peluquería es más propio de una catequista que canta en un coro de iglesia. ¿No se puede ser buena vistiendo de cuero negro?

La maga encerrada en su propia mente resulta ser Kira, alguien con secretos mágicos en su interior que sólo Julia puede sacar a través del hechizo. Kira se convierte en un personaje guía, una mentora momentánea que, a parte de compartir su magia con ella, le dará algunas claves para seguir adelante.

Con todo lo que a Julia le ha pasado, como que no la aceptasen en Brakebills y las rabietas fuera de tono que le ha soltado Quentin a lo largo de la serie, es comprensible que tenga inseguridades. Kira le dice que ella tampoco estudió en una escuela de magia, que fue al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y que para ella la magia es como la ciencia. Si tienes facilidad, puedes llegar a controlarla. En un momento muy de empoderamiento y de hermandad femenina, la chica le dice a Julia que olvide esa escuela, que la temen porque es una chica lista. Si el mundo va a por ti por cómo eres, a veces, eso es un cumplido.

Del blanco al gris

Pero después de ese precioso discurso muy blanco, brillante y constructivo, viene una petición inesperada por parte de Kira a Julia: quiere morir. Julia duda, pero Richard le dice que si está buscando la redención, esta puede ser una oportunidad. Kira está pidiendo morir, es su decisión. Está pidiendo el derecho a la eutanasia, que ambos le dan. Julia se despide de ella dentro de su cabeza y experimenta su muerte que, aunque terrible, es algo que ella prefería a vivir así.

Si bien el tocar el tema de la eutanasia de esta manera y convertir a Julia en una misionera mágica es algo positivo y, tal vez, la lleve por esa otra vía que está buscando, no puedo terminar de comentar esta parte del capítulo sin volver a hacerme las preguntas que hice en mi anterior review. Independientemente de que la historia sea diferente, es la segunda semana consecutiva en que los creadores de la serie deciden matar a un personaje queer. Mueren también niños y el guía, pero los niños ya eran fantasmas desde el principio y el guía no tenía nombre ni historia como para tener importancia suficiente para el espectador.

La semana pasada decidieron que muriese un personaje gay, con una relación homosexual que ya estaba condenada al drama desde el principio. Esta semana el personaje que muere es una mujer negra y lesbiana, cuya muerte es una lección que hace avanzar a un personaje blanco heterosexual. ¿No se han dado cuenta? ¿Les ha dado igual? ¿Seguiremos con esta tónica? Vuelvo a preguntar: ¿Cualquiera puede morir? Aunque esto forme parte de la historia que están contando, es importante recordar que son personas las que toman estas decisiones artísticas, no se escriben solas y por casualidad, y que la forma en la que cuentan la historia es tan importante como el contenido.

A pesar de esto y de que, como decía al principio, la historia de Julia se encuentra en un limbo del que saldrá poco a poco, cabe destacar que la lección que el personaje ha aprendido aquí es la de respetar la voluntad de los demás y que no todas las buenas acciones se realizan de forma políticamente correcta. Ni blanco, ni negro, Julia ahora se mueve entre una escala de grises que le hará encontrar ese equilibrio que tanto desea.

Apretando el botón

¿Qué tienen los botones que dan ganas de tocarlos? No tanto los de vestir, aquí es más figurado. Terminamos el episodio con los chicos de vuelta en Brakebills con el botón de Martin, ese que le permitía poder ir a Fillory siempre que quisiese. Penny lo toca y desaparece. ¿A dónde? ¿Fillory? ¿Ha sido el botón o cosa de sus poderes de viajero? ¿Qué más sorpresas nos tendrá preparadas la Bestia?

Lo sabremos la semana que viene. Mientras tanto, hagamos hechizos para que vuelva Margo.

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