'The Strain',1x01 Review: la plaga solo acaba de comenzar

PorMiriam Ortin Langa

Mordiéndonos las uñas, en éxtasis, expectantes...bueno bueno ya será para menos. Pero sí, parece que Cuatro logró causarnos un pequeño revuelo en nuestro interior y hacer que los martes nos enganchemos a ver qué nos depara la serie de Guillermo del Toro, 'The Strain'.
Muchos hacía días que ni encendían la televisión, los más avanzados en estos lares ya la habían visto, pero una buena parte de frikis adictos a ver chupasangres teníamos interés en saber si una nueva serie de esta temática podría sorprendernos.
Últimamente estamos bastante acostumbrados ya a ver vampiros, zombies e infecciones mortales en todo tipo de versiones del género de ficción. 'The Strain' tiene todo ello, mezclado también con el género policíaco y de investigación. Dejando a un lado tanta magia adolescente, amores de ultratumba y garrulos enseñando cacha ¡yupi!

Pero ¿entonces qué ofrece 'The Strain'? Para poder subsanar el alegrarnos la vista y dejarnos la mente en modo encefalograma plano, una serie, para destacar, necesita de un buen guión, argumento sostenible y escenas impactantes. Probablemente sea demasiado pronto para hablar de todo ello, pero al menos el primer capítulo de la serie no nos ha dejado indiferentes. Bueno a alguno puede que sí, pero no se puede tener todo amigos.

Lo de que de terror ya...es otra historia.

(ahora es cuando yo os digo que hay spoilers y los que no habéis visto la serie pensáis “ohh dioses ¿qué hago? ¿sigo leyendo?”)

Night Zero, la noche en que comenzó todo

Basada en la novela "Nocturna", de La trilogía de la oscuridad, del propio Guillermo del Toro y Chuck Hogan (nada que ver con Hulk Hogan, aunque molaría), esta ficción da honor a su nombre y en ella la fotografía juega un papel especial, para poder recrear ese mundo de luces y sombras que nos acerca a la oscuridad de un temible mal que acecha a la humanidad. Es ese toque personal al que Del Toro nos tiene acostumbrados, junto a sus metáforas hechas monstruo.

Precisamente en oscuridad comienza la historia. Cuando una noche aterriza en el aeropuerto JFK de Nueva York un boing 767 procedente de Berlín. Este permanece inerte, paralizado, en la pista de aterrizaje. Frío como el hielo, y como el corazón de los que matan gatitos, esconde en su interior un misterioso caso. Luces apagadas, comunicación inexistente. Un extraño caso que parece apuntar a un virus mortal que ha matado a todos los pasajeros del avión.

No se porqué pero me recordó mucho al comienzo de Fringe, incluso me pareció escuchar que el primer investigador en acercarse ¿se apellidaba Bishop? Tal vez esté desvariando.

El principio del capítulo es algo lento, ya se sabe hay que presentar personajes; que si estos yayos son muy malos, que si este otro sabe lo que va a pasar, que si los investigadores molones se tropiezan sin quererlo con el caso de sus vidas.

Vemos como algo se abre en el avión, y tras ello un misterio que acaba con pasajeros y tripulación. Ephraim Goodweather, jefe del equipo del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC in english) será el encargado de subir a examinar los cadáveres y la escena de lo que, en un principio, parece un ataque terrorista de origen vírico. Junto a él la coprotoganonista de esta serie, la Doctora en bioquímica Nora Martínez. Ambos alucinan al ver cómo han fallecido todas las personas que se encontraban en ese avión sin un motivo aparente. Pero ¡ojo! Cuando conectan la máquina ultravioleta todo el avión está impregnado de una mierda horrible, peor que si hacemos la prueba en un motel de carretera.

Y ¡oh! ¡milagro! Hay cuatro supervivientes...¿o no?

Vampiros-zombies o babosas

Lo que puede que nos sorprendiera, aparte de que hay señores mayores que tienen de mascota un corazón con gusanos, es ver que no estábamos ante los típicos vampiros. Esos que, aunque feos y muertos, derrochan sex-appeal, aires de superioridad y encanto personal.

Todo parecía serio, al menos más de lo habitual, hasta que uno de los investigadores, Bishop, o como quiera que se llame, da lo mismo porque para lo que va a durar, escucha en su mente: “tengo hambreeeeee” y ahí que va el lerdo a darle de comer al bicho.
Y cuando digo bicho es que es un puto bicho larva enorme con capa, al que no le vemos cara, porque aun es un gusanico joven, y succiona al pobre hombre como un banquero sin escrúpulos a los jubilados.

Mientras tanto unos señores ricos nazis y trajeados parecen manejar a su antojo a los necios, vampiros en la sombra pero cuyo poder se encuentra por doquier. Ellos son los que están detrás de esta epidemia que acaba de comenzar, los que han traído de vuelta al que hacen llamar 'el puto amo', 'the master of the universe', o lo que todos entendemos como la versión de Drácula o uno de los primeros vampiros.
Por cierto, ciertos mensajes subliminales aparecían continuamente mediante un cartel titulado “eclipse”, como si algo lo estuviese diciendo de antemano...este día estaba escrito. ¿Eclipse? ¿cuando el día se convierte en noche? ¿la oscuridad que acecha?

Por su parte, el señor mayor al que vemos dar de 'comer' a su mascota corazón y parece saber qué está pasando, el profesor Abraham Setrakian, un judío propietario de una casa de empeños, se presenta en el lugar de los hechos, el aeropuerto JFK.
Allí intenta convencer de la mejor manera, a voz en grito y con su bastón-espada, sobre lo que está por venir, que los muertos no están muertos y que les tienen que cortar la cabeza. No había manera más sabia de darse a conocer.
Por supuesto se lo llevan a la fuerza y el hobbit Sam (Sean Astin) hace un bonico chiste preguntándole si padece del corazón. Debería haberle contestado: “no capullo, lo guardo en formol para que no me lo rompan insensatos como tú”.

Otro buen chiste sobre corazones lo hace el padre de la niña fallecida en el avión, quien exclama: “¿no tiene usted corazón?”, mientras enmascaran todo a la prensa tras saber que es todo muuu raro, y que los cuerpos han sido drenados, no tienen sangre en las venas, ni horchata ni nada. Solo falta Anne Igartiburu, porque este piloto está hecho desde las mismas entrañas.Entrañas y vísceras como las que pudimos ver, hay momentos en que da un poquito de asquito ¡mola!

El Doctor Buentiempo, que se ha quedado con la mosca detrás de la oreja con el abuelo mata vampiros, sigue dándole vueltas a lo del ataúd, un armario gigante que creían ellos haber encontrado. Porque claro, hay mucho coleccionista de armarios llenos de motivos góticos por ahí suelto. Y ¡oh! ¡Fuck! El armario, digo ataúd, ha desaparecido por arte de magia
Se ponen a buscarlo como locos, un perrete, que suelen ser los más listos en este tipo de ficciones, lo huele. Ay latin lover, ya te tiene...pero, mierda, llega el puto hobbit y resulta ser un infiltrado. Ahí me has sorprendido Sam Sagaz.

Goodweather y Martínez encuentran tierra con un montón de gusanos en el interior del avión ¿la clave?

Mientras, el forense sigue con la autopsia, y suena Sweet Caroline de Neil Diamond, buena banda sonora para morir. Y empieza “ayyy los gusanicos que se me comen...”no majo, se te van a trapiñar los vampiro-zombies que tienes detrás. Porque estos vampiros son torpes y lentos, como unos zombies, pero tienen hambre y devoran todo lo que pillan. Nos muestran un vampirismo que actúa más como un virus, los gusanos se alojan en su huesped, le chupan toda la sangre y la cambian por un líquido blanquecino, de este modo los muertos vivientes se mueven solo con el objetivo de ir a por más sangre. Y no lo hacen mordiendo en plan sexy la yugular de sus víctimas, unos mordisquitos de esos que te recuerdan a cuando alguien te marcó como una vaca con un buen chupetón. Sino como una babosa que te clava un aguijón para alimentarse. Buag.

Nueva York en peligro

Los magnates nazis del terror zombie buscan la pureza de la raza gusanil en nueva york, porque es suya y les apetece, llevan mucho tiempo aburridos y ha llegado la hora de demostrar su poder.
De este modo se va llegando al final de este capítulo. Se han salido con la suya, su sirviente les lleva el ataúd del Máster, mientras suena 'Give me tha power', de Molotov, mucha ironía veo yo por aquí.

Y para rematar nos dan una breve lección poética sobre el amor. El amor se alimenta de nosotros, y nosotros de él, toma ahí.
Y ahí que va la niña fallecida en el avión y vuelve de entre los muertos a su casa...mientras su padre llora la pérdida de su hija. La niña da miedo de cojones ¿de dónde leches ha sacado ese vestido? Y se funden en un abrazo que nos deja a todos acojonados. Fin.

Como vemos, y como nos anunció Cuatro gracias a su resumen de la serie en la que nos desveló toda la primera temporada, los putos amos de New York quieren infectar a la población del virus del vampirismo, todavía no sé con qué extraño motivo.
Solo se que, de momento, han conseguido 'infectar' con las ganas de ver 'The strain' a millones de personas, porque jamás una serie emitida en Mediaset había cosechado tal cantidad de audiencia.

Seguiremos de cerca la evolución de la temporada de estos vampiros sueltos por Brooklyn, y sus lenguas mortíferas.

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