'The Walking Dead' 5x10 Review: El cansancio de sobrevivir y milagros que asustan

Por Manuel Ibañez

Les hemos visto huir de hordas interminables, ser testigos de las muertes más inesperadas, lidiar con humanos maniacos en un mundo de muerte… Pero en el décimo capítulo de esta quinta temporada de ‘The Walking Dead,’ hemos visto la derrota y el cansancio en el grupo… Las fuerzas parecen estar llegando al límite.

(¡Cuidado SPOILERS!)

¿Motivos? Por dónde empezar… Dos amigos y hermanos que han muerto prácticamente de forma seguida, una carretera interminable a un lugar seguro que no aparece, calor, mucho calor, escasez de agua, de comida, y caminantes… siempre caminantes a la espalda.

Hacía mucho tiempo que el grupo aguantaba tanto tiempo sin un refugio, dejando de lado la iglesia del Padre Gabriel que usaron unos días como base al principio de la temporada. Esta situación nos ha dejado ver a algunos personajes a punto de rendirse del todo.

Empecemos como el capítulo, con Maggie. La esposa de Glenn está hundida por la muerte de su hermana Beth, agotada por el calor y la sed y sin ganas de sobrevivir. Por ejemplo, su falta de cuidado a la hora de inspeccionar un coche - un momento de maravillosa tensión para el espectador - muestra una imprudencia teñida de instinto suicida. Ahora, la persona que mejor le entiende, para su desgracia, es Sasha. Tras el inesperado mordisco a Tyreese en el capítulo pasado, la joven guerrera sólo desea gastar su furia en aniquilar caminantes. No es capaz de ver que el cansancio la vuelve vulnerable y puede acabar con ella. Suerte que Michonne, la resuelve-entuertos del grupo, tiene más cabeza que las que decapita y consigue poner algo de orden.

Esperanzas que asustan

El resto del grupo continúa su marcha en las mismas penosas condiciones. Quizás su tristeza no sea tan profunda, pero su forma de caminar, más propia de un zombie, demuestra que ninguno está para mucho trote. Rick sigue liderando la banda con la esperanza de que el largo camino llegue a alguna parte. Un deseo que comparte el bueno de Glenn, quien parece haber recuperado su optimismo característico e intenta convencer al grupo de que la clave del éxito en ese mundo en el que les ha tocado vivir es permanecer unidos y seguir hacia delante.

En la otra cara de la moneda, un solitario Daryl vuelve a sus inicios de explorador y rastreador, buscando agua y alimento en el terreno yermo. Mantiene su actitud de tipo duro frente al equipo, pero termina cediendo al dolor cuando está solo y los espectadores asistimos a las lágrimas del normalmente impertérrito arquero. El padre Gabriel, por su parte, decide renunciar a sus creencias al comprobar que es lo que podríamos llamar un “epic fail” como pastor - por aquello de haber dejado que una manada de zombies devorara a su rebaño. Intenta ejercer de guía espiritual para Maggie y termina perdiendo lo último que le quedaba: su fe.

El calor y el agotamiento conllevan nuevas estrategias para acabar con los caminantes. La lucha cuerpo a cuerpo ya no es la primera opción ante una horda que te pisa los talones. Suerte que estos chicos siempre tienen algún recurso nuevo en la manga. En este capítulo, hemos aprendido que un paso elevado en la carretera puede ser un arma tan efectiva para acabar con caminantes como un cuchillo y, encima, consume menos energía.

Tras esa breve pelea, se materializan en la carretera varias botellas de agua y un cartel que reza “De parte de un amigo”. Momentazo, sin duda. ¿Quién es? ¿Beber o no beber? He aquí la cuestión. Finalmente, los protagonistas optan por la desconfianza antes de saciar su sed. Y de repente, como si de una intervención divina se tratase (que se lo digan al padre Gabriel), el cielo se nubla y comienza a llover como no lo había hecho en semanas. Las risas y la alegría, de los que pueden permitírsela, pronto se ven silenciadas cuando el cielo comienza a tronar como si explotasen bombas alrededor. El grupo se cobija en un granero que encontró Daryl en una de sus excursiones en solitario, donde les espera una noche movidita.

Demasiado limpio para un mundo de zombis

La tormenta suena con más fuerza y la noche trae a una horda de caminantes a las puertas del refugio de los protagonistas. En ese momento, la idea que gira en torno a los supervivientes durante todo el capítulo y toda la serie en realidad, se puede observar con claridad: la unión hace la fuerza. Y es que todos los miembros del grupo, salvo el bebé Judith, bloquean la puerta en una escena en la que sus gritos de esfuerzo se mezclan con los truenos de la tormenta y los lamentos de los caminantes. Cuando parece que las puertas van a ceder…¡zas! Es de día. Al principio no queda claro si sólo ha sido un sueño.

Maggie abre los ojos y se va a sentar junto a Daryl que, apartado en un rincón, hace guardia. En pocas palabras consigue lo que su prometido lleva intentando dos capítulos: que sonría al recordar a Beth. El arquero hablará poco, pero sabe qué decir. Además, le devuelve reparada la cajita de música que Carl le había regalado a Maggie. La hija de Hershel busca a Sasha y juntas salen del cobertizo. Así descubrimos que la tormenta derrumbó un árbol gigante, aplastando a los caminantes que intentaban entrar (¿he oído pincho moruno de zombies?) Mucha intervención divina para un solo capítulo.

Y por último, llega la escena que convierte un final en algo comentado durante toda la semana. Las dos protagonistas se sientan en un campo para contemplar el amanecer. Incluso comparten las primeras risas post-duelo. De repente, un hombre sospechosamente aseado y con la ropa de campo limpia se asoma a la escena en son de paz. Les dice que no tengan miedo, que sólo quiere hablar con Rick (¿de qué le conoce?). Para rematar, una última frase de las que descolocan en un mundo apocalíptico: “Tengo buenas noticias”.

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