'True Detective' 2x07 Review: hay esperanza para los personajes (y espectadores)

Por Ignacio G. Castaño

La autoría de la anterior temporada de 'True Detective' pertenecía a Nic Pizzolatto y a Cary Joji Fukunaga, y este último, como ya sabemos, ha abandonado el proyecto en esta segunda. No conozco los motivos, imagino que parte de la decisión se debía a diferencias creativas, pero es obvio que el resultado final ha notado su ausencia.

A Nic Pizzolatto se le ha ido la serie de las manos.

No vendría nada mal un director que controle más a los actores, que tenga una idea clara de lo que quiere con cada episodio. Los guiones están muy machacados, cada diálogo está muy meditado (no por ello son necesariamente buenos), y en este argumento tan retorcido se nota que hay un guionista detrás. Pero se echa de menos al director Fukunaga, que demostró en los primeros capítulos ser un maestro en lo suyo.

En esta temporada, el director de cada episodio va variando, como en la mayor parte de las series de televisión norteamericanas. La dirección de cada capítulo corre a cargo de distintas personas, y el resultado cada semana es bastante diferente. En esta séptima entrega, el encargado de dirigir es Daniel Attias, director experimentado donde los haya, responsable de varios capítulos de series tan grandes como 'The Wire', 'A dos metros bajo tierra' o 'Homeland' entre otras.

Quizá sea gracias a él que el resultado mejora notablemente, o tal vez se deba a un guión más conciso y menos enrevesado. El caso es que el capítulo, al menos, es entretenido.

(¡AVISO Spoilers!)

¿Qué está pasando?

Uno de los problemas de esta serie es que parece que hablan en chino, porque a veces es imposible enterarse de nada. Existe demasiada confusión, la trama pretende ser demasiado compleja, y al final consiguen que no sepamos qué sucede en la investigación de la muerte de Caspere.

Cuesta saber quién hace qué y por qué, hay muchos personajes que van y vienen y no sabemos exactamente qué pintan; es innegable que cuesta mantener la atención y que no es una serie fácil de seguir. En muchos momentos es necesario rebobinar y volver a algún momento para poder entender todo, o porque se nos ha olvidado quien es algún mafioso al que mencionan.

Tampoco es que los nombres de los personajes ayuden demasiado a memorizar, además hay muchos secundarios en toda la trama policial, y no se prestan a ser recordados fácilmente.

La buena noticia es que parece que no nos van a marear mucho más, y en este capítulo no se hace tan costoso enterarse de la historia. La cosa va más al grano, los personajes pasan a la acción y dejan de lado la filosofía barata, los guionistas dejan de intentar demostrar que las criaturas que han parido son muy inteligentes y nosotros empezamos a disfrutar.

Este neonoir tan cargante que se han inventado tiene poca solución en dos capítulos, pero al menos ahora no tenemos la sensación de estar perdiendo el tiempo, estamos viendo algo un poco menos pretencioso, que no busca abarcar el mundo entero.

Veinte minutos frenéticos

Los finales de los capítulos están siendo mejores que los inicios, sobre todo en esta segunda mitad de la temporada. Al principio el ritmo suele ser lento, abusan de ciertos recursos, como por ejemplo esos planos aéreos de las carreteras californianas tan repetitivos. Lo mejor siempre viene en el tramo final, y en esta ocasión nos regalan veinte minutos vibrantes, con un montaje en paralelo que consigue que no quitemos ojo de la pantalla.

El momento clave está protagonizado por Paul Woodrugh, que hasta ahora estaba teniendo poca miga y que aquí lleva todo el peso de la escena.

Este clímax final formidable está muy bien rodado, confirma que lo que vimos el año pasado no fue un espejismo y que hay talento detrás de las cámaras, aunque les esté costando sacarlo. Es una pena que hayan tardado tanto en descubrirnos lo bueno, pero si el último capítulo se asemeja a este, casi podremos decir que habrá merecido la pena dedicarle ocho horas a este nuevo ‘True Detective’.

Siguen los problemas

La hora y cuatro minutos de duración se pasa rápido, y aunque haya llegado tarde, por fin deseamos saber lo que nos tienen guardado para la semana que viene. Creo que la clave de la mejora puede ser que los personajes parecen más humanos, y están encontrando un alivio a su tormento.

Vemos una versión más contenida de los algunos de ellos, sobre todo de Ray y Bezzerides, y también puede tener que ver que en la parte final Vince Vaughn no habla demasiado. Cada palabra que dice este actor en la versión original suena muy falsa, el cambio de registro tan drástico no le ha venido bien y se ve que no se siente cómodo con su papel.

Nos muestran al verdadero Frank Semyon, al criminal sanguinario que dice ser el rey de California, pero no termina de resultar creíble. Yo tengo mis dudas sobre si un hombre así podría ser el mafioso al que todos temen.

No he visto venir que Ray y Bezzerides fuesen a tener un romance, no me pegaba con el tono tan pretendidamente duro de la serie, me parecía un poco facilón. De acuerdo, esto iba necesitando un poco de amor, porque la relación de Semyon con su mujer es más fría que el hielo, y tampoco es que las relaciones amorosas que mantiene Woodrugh sean de lo más festivo.

Me alegro de que los personajes encuentren un poco de refugio y se sientan vivos, porque esto les da esperanza y nos la da también a los espectadores. De momento sólo podemos hacer conjeturas porque solo hemos visto un beso entre los protagonistas, pero yo tengo ganas de ver en qué desemboca.

Para ir abriendo boca, dejamos una promo del último (y esperado) capítulo de la temporada:

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