'True Detective' 2x08 Season Finale: ahora sí, es una temporada sinsentido

Por Ignacio G. Castaño

(¡AVISO Spoilers!)

Poco se puede decir ya que no se haya dicho antes de esta nueva temporada de ‘True Detective’, y en esta review voy a intentar dedicarme a analizar únicamente este último capítulo, que no es muy brillante pero tampoco es el peor de la serie. Dijeron los responsables de HBO que había que esperar a ver esta última entrega para poder valorar toda la serie, que la gente se estaba precipitando en criticarla sin saber cuál iba a ser el desenlace.

Parecía que este último eslabón de la cadena iba a dar sentido a todo lo que hemos visto antes, pero bajo mi punto de vista el episodio es muy parecido a todos los demás, no hay un golpe de efecto a destacar que lo eleve por encima del resto. Es cierto que no es suficiente ver dos capítulos para poder evaluarla al completo, pero con ver cinco o seis llega de sobra, porque esta última entrega no encierra nada excepcional o que se desmarque mucho de lo que habíamos visto antes.

Un comienzo muy desafortunado

Las primeras secuencias que vemos son irrisorias, por falsas e impostadas, y pocas cosas peores hay en el cine que provocar risa cuando se pretende todo lo contrario. En concreto la escena en la que le comunican a Bezzerides que su compañero Woodrugh ha muerto roza el ridículo, por lo poco que consigue conmover un momento que en teoría tiene una gran carga dramática.

La despedida que tiene lugar en la estación entre Frank Semyon y su mujer tampoco es buena. No voy a insistir en lo poco que me convence este actor desempeñando el papel que le ha tocado, pero además de esto el diálogo no transmite la calidez que debería. Falta química entre la pareja, igual que sucede entre muchos de los actores, como por ejemplo entre Colin Farrell y Rachel McAdams.

El resto del capítulo se ve lastrado por este inicio tan poco digno de HBO, más parecido a un telefilm que a un verdadero producto de estos maestros de la televisión.

La calidad es intermitente

La columna vertebral del episodio está bien, no hay nada memorable pero tampoco aburre, y siempre tenemos algún plano sugerente o alguna situación vibrante. Destacaría el encuentro a través de la valla entre Ray Velcoro y su hijo, que al menos consigue removernos ligeramente, y también el repentino tiroteo en la estación, con capacidad para mantenernos en vilo.

Me sobran los intentos de humor, en mi opinión fallidos, como cuando Frank Semyon le dice en tono de broma a Velcoro que mande a su hijo a estudiar a Yale. No creo que sea necesario intentar introducir toques de humor en el último capítulo, cuando no ha habido ni un ápice durante toda la serie. Este ‘True Detective’ es lo que es, y en noventa minutos no se puede convertir en otra cosa.

Resolución a los misterios

Me alegro de que el personaje que sobreviva sea el de Rachel McAdams, es la única que me ha caído bien, y la actriz cumple con nota. Su interpretación es de lo poco que funciona en una serie con demasiados problemas. El final tenebroso y pesimista va acorde con el tono de la serie, y todo parece una gran alucinación o una pesadilla en una sociedad enferma y corrompida.

Esta reflexión la hemos visto decenas de veces, y no hace falta deprimir tanto ni emplear un estilo tan seco para contarlo. Lo de los personajes arrastrados por su propio destino, incapaces de cambiar su rumbo, también nos lo han mostrado en muchas películas o novelas, como cualquiera de Cormac McCarthy, por ejemplo, aunque el resultado dista años luz.

Tampoco viene a cuento el epílogo, que no hace más que recordarnos la cantidad de palabrería que nos hemos tragado durante todo el camino.

Por fin descubrimos quién se encuentra tras la máscara de pájaro, si es que a estas alturas a alguien le interesaba conocerlo.

No sé si soy coherente afirmando que se han resuelto las intrigas, porque mi mayor intriga en esta temporada es de qué trata la cosa; es probable que llegásemos a comprender bien todo y despejásemos todas las dudas si volviésemos a ver otra vez toda la temporada, pero a mí no me quedan ganas.

Quizá con un segundo visionado también se capten más matices o algo así, pero casi que me apetece más volver a ver a Woody Harrelson y a Matthew McConaughey en ese Louisiana de los años noventa.

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