'Tyrant' 2x01 Review: ¿qué ha ocurrido en este tiempo?

Por Betty M. Martínez

“Condenaré a mi hermano a muerte”. Esa fue la lapidaria frase con la que ‘Tyrant’ despidió su primera temporada. Jamal Al-Fayeed tenía claro que la traición de su hermano Bassam al orquestar un golpe de estado para derrocarlo del poder en Abbudin merecía ese castigo. Y si a él la sangre le impedía ver la situación desde ese punto de vista, ya se encargarían Leila y el tío Tariq de dejárselo claro.

‘Tyrant’ nos lleva de regreso a Abbudin cuatro meses después. ¿Qué ha pasado en este tiempo? ¿Molly y sus hijos consiguieron salir del país? ¿Se celebraron finalmente las elecciones? Bassam… ¿sigue vivo?

¡¡CUIDADO SPOILERS!!

Liberad a Bassam. Liberad Abbudin

Esa última pregunta, probablemente la más importante de todas las que nos hemos hecho en los últimos meses, tiene una rápida respuesta en dos frases. “Free Bassam. Free Abbudin”. Cuatro palabras son suficientes para que descubramos que Bassam Al-Fayeed, Barry, el pediatra que regresó a su país para la boda de su sobrino y acabó disputándole el poder a su hermano, sigue vivo.

Poco a poco, a lo largo del capítulo vamos hilvanando lo que ha pasado en esos meses. Bassam fue juzgado y condenado a muerte, pero esa sentencia aún no se ha ejecutado. ¿Por qué? Ya lo dijo Jamal la temporada pasada. Él no mata a miembros de su familia por muy traidores que sean. Pero algo que también descubrimos de Jamal es que es muy influenciable y ya se encargan Tariq y Leila de recordarle una y otra y otra vez que lo mejor para todos es que Bassam muera. El viejo general conoce el arte de la guerra y sabe perfectamente que vivo da esperanza al pueblo y muerto será olvidado. Lo que parece olvidar es que si muere puede convertirse en mártir, pero, claro, los mártires no gobiernan.

Jamal parece resistir todas las presiones ("no puedo matar a mi hermano así como así"), pero finalmente cede y fija la fecha para la ejecución de Bassam. Eso sí, le concede un último gesto de cariño a su hermano. Permite que Molly lo vea.

Mañana por la mañana

Molly. La temporada pasada fuimos testigos de cómo se desmoronaba toda su vida. Fue a Abbudin para una boda y se ha pasado los últimos meses enviando cartas y mensajes a todos los que han querido escucharla. Liberad a Barry. Sus hijos están lejos, pero ella sigue cerca de su marido. Del hombre que horas antes de morir le pide perdón por el vuelco que dio a sus vidas.

Bueno, le pide perdón y recupera su mentalidad práctica para abordar cuestiones de gran calado, como los exámenes de Sammy o la combinación de la caja fuerte. El pequeño de los Al-Fayeed no ha cambiado.

Pasa de ser Bassam a Barry en cuestión de segundos. Bassam sigue siendo el patriota hombre de Estado que cree en un futuro mejor para su país y asume su muerte como la consecuencia lógica de sus actos. Ese Basam convive con Barry, el pediatra de Pasadena, que no puede evitar lamentar la situación en la que ha puesto a su familia y que tal vez recuerde una y otra vez el día que le pidió a su mujer que prometiera que volverían a casa. Dos personalidades aparentemente opuestas y, a la vez, complementarias.

Quien sí ha cambiado ha sido Molly. Todavía recordamos el momento en el que suplicó a su marido que dejara sus planes para regresar a casa. Sin embargo, ahora, en el peor momento, se convierte en su mejor apoyo al contarle que se ha convertido en un símbolo, que inspira al pueblo. Todo lo vivido ha servido para algo. Le ha dado esperanza a Abbudin.

Balas y bombas suficientes

Una de las características de 'Tyrant" es que combina unas complejas relaciones familiares con una aún más convulsa situación política. Y eso parece que no va a cambiar en esta segunda temporada. La familia Al-Fayeed está completamente dividida, pero ¿y el país?

Desde que Bassam fue detenido asumimos que el proceso de democratización de Abbudin había llegado a su fin antes casi de comenzar a andar. Y así fue. Hemos vuelto al punto de partida. Los insurgentes, y/o terroristas según quién los califique, ponen bombas y pelean en una guerra de guerrillas, pero para Leila Al Fayeed no son más que una panda de alborotadores. ¿Se lo cree de verdad o es pose de Primera Dama?

Quien no infravalora el poder de las armas es el general Tariq que, ni corto ni perezoso, propone un ataque químico contra el barrio en el que se agrupa el mayor número de opositores. Puede que Jamal tenga todos los defectos del mundo, pero, a veces, tiene momentos de lucidez. No atacará objetivos civiles. ¿Será que al final Jamal es más presidente que dictador?

Es demasiado pronto para decirlo, pero esa luz de esperanza es, una vez más, cortesía de Bassam. Jamal le replica a Tariq que nunca se hubiera atrevido a proponer un ataque químico delante de Bassam. Está equivocado. Tariq hubiera dicho lo mismo, pero Barry hubiera rechazado esa idea. Justo lo que hace Jamal porque aún tiene a su hermano en su cabeza. Lo ha traicionado, sí, pero sigue siendo su mejor consejero. La voz de su conciencia.

Y mientras tío y sobrino organizan su ofensiva (sin gases químicos), en la oposición surgen las discrepancias. El cansancio empieza a hacer mella en los insurgentes, que ven que el país sigue igual y, lo que es peor, no parece que vaya a cambiar.

Fauzi decide tomar el camino del exilio para seguir luchando desde Ámsterdam. Quiere llevarse con él a su hija, pero Samira aún tiene esperanza. Si Bassam sigue luchando, ¿por qué no va a hacerlo ella? Sin embargo, cuando se ejecuta la sentencia hasta el propio Ihab, el líder de la oposición, el hijo y heredero del legado del Jeque Rashid, se plantea si tiene sentido seguir luchando.

Bassam da esperanza al pueblo, pero sin él ¿qué futuro le espera a Abbudin?

Ministerio de Desarrollo Energético o Londres

Otro que también tiene dudas es Ahmed. Jamal quiere que su hijo sea ministro de Desarrollo Energético para que vaya asumiendo su rol de heredero, pero el joven Al-Fayeed tiene otros planes. Quiere abrir un hotel boutique en Londres con unos socios de Dubai. En otras palabras, Ahmed quiere irse lo más lejos posible de Abbudin y de su papel de flamante heredero. “Esto no se me da bien”, reconoce él mismo y tiene razón.

Ahmed no tiene ni la ambición de Leila ni el mal genio de su padre, pero por un momento me ha recordado aquella escena en la que Jamal planeaba su fuga a las Maldivas con su amante de turno porque quería ser feliz otra vez. Ahmed es plenamente consciente de que no está preparado (cualificado, dice él) para ser lo que se espera de un Al-Fayeed, pero tiene en Nusrat a su Leila particular, que le recuerda que eso es lo que hay si quiere seguir contando con la Visa platino de la familia. Eso es pragmatismo. Por cierto, tengo mucha curiosidad por saber más sobre ese “pacto” Jamal – Nusrat, sobre todo porque parece que Leila no tiene ni idea y que la Primera Dama no sepa algo de lo que se cuece en palacio es muy extraño. ¿Qué ocultan suegro y nuera?

He dejado para el final el momento de mayor intensidad del capítulo. El instante en el que en la pantalla aparece una horca y todos contenemos la respiración porque sabemos perfectamente a quién espera. No voy a contar lo que pasa a continuación porque es demasiado dramático (además de ser lo mejor del capítulo), pero sí voy a adelantar que es posible que aún haya esperanza para Abbudin.

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