'Vikings' 3x06 Review: tres nacimientos, un camino y nuevo objetivo

Por Marta Ailouti

'Vikings' continúa su viaje en alta mar con las velas desplegadas y un nuevo capítulo que atraviesa el ecuador de su tercera temporada y lo deja atrás. Y de qué manera. Con la garantía de que tendremos serie al menos por otro año -History Channel ha confirmado ya su renovación-, después de Born Again (3x06), no obstante, no habrá forma de volver a donde estábamos. Y es que algunos caminos, por si nadie os lo había advertido aún, son solo en un único sentido. ¿Continuamos?

¡cuidado SPOILERS!

El pecado de Judith

Solo de ida, también, es la dirección que unos pocos han decidido asumir bajo el falso nombre de la fe en este episodio. Casualmente, aunque tal vez no tanto, en los dos últimos capítulos de 'Vikings' las acciones más crueles han sido protagonizadas por los cristianos y quienes se autoproclamaban adalides de la moral. Así, mientras en el último episodio vimos a Ethelwulfo, en una de las escenas más impactantes de la temporada, masacrar brutalmente a los hombres, mujeres y niños vikingos que permanecieron en sus tierras como granjeros después de que el resto embarcara camino a Kattegat, en esta ocasión, en otro momento que no se queda mucho más atrás, es la voz suplicante de Judith, condenada por adulterio a que se le corte la nariz y las dos orejas, la que nos hace removernos en nuestros asientos.

El instante resulta especialmente cruel porque se produce justo después de que dé a luz al hijo de Athelstan y sin que ella llegue a sospechar de nada. Minutos más tarde una espectacular Sarah Greene implora, aún en camisón, por la piedad del Dios cristiano mientras heroicamente se resiste a revelar el nombre del padre de su hijo, condición que le pone Ecbert para obtener su compasión.

A juzgar por los gestos del rey, si no fuera porque ya le conocemos, cualquiera diría que se ha encariñado realmente con su nuera y busca una forma de perdonarla. Y es que el monarca de Wessex, posiblemente el único personaje a la altura de enfrentarse a Ragnar Lothbrok, es consciente en realidad de la identidad del hombre con el que Judith ha perpetrado su pecado. Y lo es antes de que esta termine revelándolo ya desangrada y con una oreja menos. El nombre del sacerdote sirve de excusa para conseguir, a pesar de Ethelwulfo, su perdón. Pero como todo es oscuro en este rey que encajaría perfectamente entre los reinos de 'Juego de tronos', supongo que cualquier precaución es poca y habrá que esperar para descubrir si la piedad es o no su única intención.

Enemigos pasados y movimientos estratégicos

Al que reconozco que no he visto venir, -si Lagertha es humana por qué no una servidora-, es a Kalf. El ahora conde de Hedeby, que siempre me pareció algo inofensivo y cobarde, empieza a mostrar sus cartas y a descubrir que quizás no lo sea tanto. No pensé, no obstante, que las fuera a destapar tan rápido. Tampoco Ragnar que se sorprende y sospecha al verle llegar a Kattegat, junto a Erlendur, hijo de Horik, y a Torvi, esposa del también difunto Borg, ahora unidos en matrimonio, ambos enemigos naturales de la familia de Lothbrok y con los que partirá mano a mano, si el tiempo no lo impide, a París en los próximos episodios, que bien podrían llevar el título de 'Durmiendo con su enemigo'.

Al menos Torvi, con aspecto de inocente pero de la que hay que desconfiar, ya ha hecho su primer movimiento acostándose con Bjorn. De hecho es Porunn, cuya sonrisa a pesar de las cicatrices que le atraviesan la cara sigue resultando extremadamente bonita, la que ha empujado a su propio marido a los brazos de la vikinga. Y lo hace justo después de que ambos acaben de ser padres de una niña, en el otro nacimiento del capítulo, a la que han bautizado con el nombre de Siggy.

Un nuevo horizonte
Pero no serán ellos tres los únicos en llegar a Kattegat. También lo hará Stender, el único testigo al parecer de cómo Ethelwulfo y sus hombres mataron, quemaron y destruyeron el asentamiento vikingo en Wessex sin ningún tipo de piedad. La confesión, que solo presencian Floki y Ragnar, será en parte el detonante de todo lo que está por ocurrir. Y digo en parte porque en realidad Floki necesitaba más bien poco, del tamaño de un brazalete, para terminar de convencerse a sí mismo.

No obstante Ragnar ahora no tiene tiempo, como ya vimos en el capítulo anterior, para guerras civiles ni vendettas. Lo que no quiere decir que más adelante, seguramente a la vuelta de París, lleve a cabo su venganza contra los cristianos, tal y como le promete que hará al granjero justo antes de matarlo. En esto, me vais a permitir, se parece un poco a Ecbert. Ya sabéis, ambos son reyes, buenos y corruptos. Pero también en lo mucho que callan para que nada intervenga con sus intereses.

Sea como sea, parece que por el momento lo que realmente importa es seguir su expedición por tierras francas y hacerlo con Kalf -que en realidad no creo que le haya engañado en absoluto-, muy de cerca. Existen dos poderosas razones para ello: la primera su interés por París, ese lugar completamente inaccesible rodeado de murallas y un solo puente de entrada. La segunda, por los daños colaterales que no está dispuesto a asumir, al menos desde que se colgó la corona en la cabeza.

Floki contra Athelstan

Mientras tanto, el tercer nacimiento no es un nacimiento real sino uno figurado y supone el enfrentamiento definitivo entre dos hombres profundamente religiosos. Antes, Athelstan ha vuelto a nacer en la fe cristiana respaldado por Ragnar, que siempre ha respetado las creencias de su amigo y ha aceptado esta conversión con sincero interés y con cierta curiosidad, sin ser capaz de ver más allá de los peligros que esto implica. Principalmente por Floki, que lleva demasiado tiempo mascullando en contra del religioso, pero también por el resto de los norteños, que no terminan de ver con buenos ojos el rechazo del sacerdote a sus dioses.

Así las cosas, es la ira de Floki, que está tan fuera de sí que casi asfixia a Helga, la que acaba explotando. El vikingo es en realidad lo más parecido a Athelstan en la versión del norte. Él también ha recibido una señal, dice, que debe transformarse a modo de sacrificio. Porque mientras otros desean una vida plena, su único objetivo siempre ha sido y será hacer el bien a los dioses. Es por eso que regresa a hurtadillas a Kattegat y se cuela en la casa de nuestro querido Athelstan sin que este, que de algún modo le está esperando, muestre un poco de sorpresa. De fondo la banda sonora vikinga se entremezcla con su canto en latín, su cara de tranquilidad, los brazos en cruz y el golpe seco de un hacha. Y ya no hay vuelta atrás.

Balance del episodio y de la temporada

El balance de Born Again se salda, por tanto, con este nacimiento, el tercero, que supone en realidad una muerte importante para la serie. Tres son también las que van en este curso. Tres solemnes momentos que permanecerán sin duda en la memoria de sus espectadores, muy especialmente este último que nos deja sin opciones de volver a confesarnos. Y es que 'Vikings' se la has apañado muy bien para dotar cada muerte de un sentido, y hasta de profunda belleza, cuidando en exceso a unos personajes que se habían terminado convirtiendo más en una carga para la trama general que en un recurso importante. Tres muertes simbólicas que le dieron a Torstein el honor de morir como un guerrero, a Siggy la oportunidad de volver al pasado y salvar a sus hijos, aunque fueran los de otra, y a Athelstan la paz de encontrarse a sí mismo y convertirse al fin en el mártir que una vez estuvo destinado a ser.

Lo malo del sacerdote era que no gustaba tanto por su personaje en sí, probablemente demasiado tiempo estancado en las eternas dudas de la fe, como por sus interacciones y muestras de lealtad mutua con Ragnar, algo que sin duda algunos echaremos mucho de menos. Sin embargo, nadie sentirá más su marcha que el rey de Kattegat, al que pocas veces le volveremos a ver tan tocado como en este episodio donde se despide definitivamente del que fuera su amigo, al que quiso y respetó profundamente y del que tanto le quedaba por aprender.

El asesinato del religioso deja además a Floki, que sigue siendo uno de los mejores personajes de la serie, en un lugar delicado, aunque no necesariamente por el momento, y a Ragnar con un vacío importante por ocupar, una cruz en el cuello y una frase bastante inquietante en el aire, no tanto por lo que ha hecho sino por lo que está a punto de hacer.
Por ahora, ya lo dijo Humphrey Bogart, siempre nos quedará París. Como muestra, la promo del próximo capítulo que, precisamente, lleva como título el nombre de la capital francesa:

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