'Bajo el mismo cielo', las 4 claves de un estreno poco convencional para Nova

Por Betty M. Martínez

Diferente. Probablemente esa sea la palabra que mejor defina el estreno de ‘Bajo el mismo cielo’ en Nova. Por lo poco que hemos visto hasta ahora, ya se intuye que, pese a estar ante una historia tradicional (chico conoce a chica, etc.), hay algunos factores que pueden resultar bastante atractivos por lo novedosos que resultan. ¿Los vemos?

¡¡CUIDADO SPOILERS!!

Un villano de nuevo cuño

Lo primero que nos llama la atención es que se tratan temas de gran actualidad y que en otras telenovelas apenas aparecen de refilón, si es que siquiera se los menciona. En las primeras secuencias descubrimos que Gabriel Porras interpreta a Carlos Martínez, un inmigrante mexicano que vive en Los Ángeles. A priori, se trataría del estereotipo de hombre humilde, trabajador, que lucha por sacar adelante a su familia y conseguir el ansiado sueño americano.

Sin embargo, hay más. También desde el principio comprendemos que Carlos Martínez tiene permanentemente una nube negra sobre él en forma de Departamento de Inmigración. La “Migra” es una amenaza constante que coarta cada uno de sus movimientos y que puede llegar a cortar de raíz, en cualquier momento, sus sueños de futuro. Dicho con otras palabras, la “Migra” es un villano de nuevo cuño, pero que conserva su característica fundamental: amargarle la vida al protagonista.

Son muchas las telenovelas que se sitúan en Estados Unidos. En todas ellas, obviamente, los personajes son hispanos en el 95% de los casos. Sin embargo, no es frecuente que su situación, legal o ilegal, se aborde en las tramas o, al menos, no de forma destacada y reiterada. En lo que hemos visto hasta ahora, ya hemos comprobado muchas de las dificultades a las que se enfrenta este colectivo día tras día y seguro que descubriremos muchas más. ¿Conseguirá Carlos Martínez esquivar la deportación o tendrá que volver a empezar desde México?

Un entorno conflictivo

Por si esto no fuera suficiente, Carlos Martínez tiene un segundo nubarrón en su vida: las bandas callejeras o pandillas. Ya hemos descubierto que ha perdido a un hijo que eligió a una “familia” de delincuentes frente a su familia de sangre y va a hacer todo lo posible por evitar que su otro hijo siga ese mismo camino. ¿Conseguirá que Luis siga el buen camino o se dejará llevar por el lado oscuro?

Y precisamente aquí es donde la historia de Carlos Martínez se cruza con la de Adela Morales (María Elisa Camargo). Carlos se pasa la vida esquivando a las pandillas mientras que Adela vive en el centro de La Colonia, una de las bandas que operan en la ciudad. Intuimos que Adela ha ido manteniéndose, más o menos, al margen, pero su hermano, no. Él es un miembro de La Colonia que comete el mayor error posible: hacer “negocios” con los Alacranes, la pandilla rival. Justo en ese momento es cuando empieza la verdadera pesadilla para Adela y también el camino que la lleva hacia Carlos.

Adela y su hermano son un eslabón de una larga cadena que nos lleva hacia la cárcel, otro de los escenarios de esta historia. Allí nos encontramos al “Colmillo”, el gran jefe de La Colonia, quien, con ese nombre, tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los grandes villanos de esta historia. Pero también nos encontramos a Rodrigo, el hijo perdido de Carlos. No sé cuántos capítulos pasarán hasta que se reencuentren padre e hijo, pero yo ya tengo mucha curiosidad por comprobar cómo reaccionan uno y otro. ¿Recuperará Carlos a su hijo?

El hecho de que a estas alturas de este texto ya me haya hecho varias preguntas y ni siquiera haya avanzado nada sobre la historia de amor, ya indica que estamos ante una telenovela, que, tal vez, acabe teniendo un desarrollo tradicional, pero en su arranque consigue captar nuestra atención con aspectos que nada tienen que ver con lo convencional.

Ahora mismo, estoy casi más intrigada por saber si Carlos Martínez podrá seguir trabajando de jardinero que por su romance con Adela Morales, pero hay reglas que ninguna telenovela se atreve a romper.

Gabriel Porras, el padre superprotector

Comencemos por el galán. ‘Bajo el mismo cielo’ supone el regreso a las pantallas españolas de Gabriel Porras. He estado a punto de escribirlo con mayúsculas porque es un actor que siempre cumple a la perfección con su papel y, sobre todo, que siempre convence. Ya sea como galán convencional (‘Madre Luna’), como padre con doble vida (‘¿Dónde está Elisa?’), como narco sin escrúpulos (‘Los Miserables’) o como policía incorruptible (‘El señor de los cielos’). Siempre te lo crees. Haga lo que haga. Nunca defrauda.

Por ahora también convence. Ya me ha enternecido su sobreprotección a su hijo para salvarlo del mal camino. Me ha preocupado su situación laboral y legal. Me ha angustiado la deuda que tiene con el prestamista ruso. Me ha emocionado su generosidad a la hora de ayudar a otros inmigrantes indocumentados. Me ha sorprendido la serenidad con la que ha afrontado todos los problemas que ha tenido ya. Me ha conmovido su honestidad a la hora de decirle a su hermana y su cuñado que les devolverá el dinero que le prestaron, aunque no sabe cómo ni cuándo. Me ha divertido la forma en que ha evitado a su ¿amiga? ¿novia? Felicia.

Eso sí, espero que Carlos tenga algún matiz que lo aleje un poco de los altares a los que parece destinado. No hay nada más aburrido que un personaje perfecto. Confiemos que este papel esté a la altura del talento de Gabriel Porras.

La pandillera juvenil

Y vayamos con Adela Morales. Lo primero que tengo que decir es que apenas he visto a María Elisa Camargo, así que la voy descubriendo escena a escena. Por ahora, me ha convencido. Ha mostrado mucha fuerza en las escenas en las que tiene que sacar carácter y llora con bastante credibilidad sin abusar de los pucheros. Además, en la escena en la que La Colonia la marca, consiguió que hasta a mí me doliera el costado. Y en el pseudofuneral de su hermano ha estado impresionante.

Así como Carlos corre el riesgo de convertirse en un personaje plano (insisto, esperemos que no sea así), Adela tiene todas las papeletas para consolidar la carrera de María Elisa Camargo, sobre todo, porque no se trata de una heroína convencional. No es una dulce joven a la que el destino castiga una y otra vez, pero que cuenta con el respaldo de una familia detrás, aunque sea humilde.

Adela es una muchacha fuerte, acostumbrada a lidiar con los problemas, que enfrenta su nueva situación completamente sola. Es más, hasta ahora ya hemos visto algunas escenas en las que habla sola y no se trata de un recurso narrativo. Es que no tiene con quién hablar. Su hermano ha muerto. Su madre le ha dado la espalda. ¿Quién le queda? El perro no cuenta, por mucho que se haya portado con ella mejor que su propio jefe.

Su esperanza se llama Carlos. Todavía es muy pronto para valorar si hay química o no entre los protagonistas, pero tengo curiosidad por ver cómo plantean el romance porque da la impresión de que se va alejar de los estereotipos. Los dos personajes arrastran un pasado tormentoso, un presente complicado y un futuro incierto. Ninguno de los dos reúne las características de manual de sus respectivos roles así que pueden sorprendernos. Ojalá.

Generalmente cuando empieza una telenovela, suele ser relativamente sencillo colocar las piezas sobre el tablero, pero en esta ocasión hay una serie de factores que hacen que lo previsible no sea fácil de aplicar. Es posible que dentro de 122 capítulos tengamos que hablar de una historia tradicional, pero, desde luego, el arranque de ‘Bajo el mismo cielo’ no tiene absolutamente nada de convencional.

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