Así ha empezado la 4ª temporada de 'Girls': Hannah, un paso al frente

Por Marta Ailouti

Pasa con 'Girls' que a veces fascina absolutamente y otras no tanto. Es algo que tiene que ver con Lena Dunham y su enorme generosidad a la hora de abrirse de esa manera ante nosotros. Que sí, que es una cuestión de narcisismo, pero también de tremenda valentía. Y resulta que a veces funciona. No siempre, pero en ocasiones uno sabe exactamente a qué se refiere ella con lo que nos está contando en pantalla. Es ese punto que te atraviesa y que hace que, pese a no sentir demasiadas simpatías por sus protagonistas, especialmente Marnie, esencialmente Hannah, sufras con cada una de ellas.

Así las cosas 'Girls' ya está de vuelta y sus primeros episodios nos plantean una nueva situación en lo que, parece, será un paso al frente en la evolución de su protagonista.

(Vamos con los SPOILERS, ¡cuidado!)

Iowa, el nuevo panorama

Quizás os sea familiar pero la cuarta temporada de la serie empieza exactamente como la primera. Con un plano en el que nos encontramos a Hannah y a sus padres cenando en el mismo restaurante donde les viéramos por primera vez en abril de 2012. La escena no es casual y aunque el tono de los tres, algo más distendido, no sea exactamente el mismo, otras cosas han cambiado desde entonces. Como por ejemplo Adam, que aunque llegue tarde, ocupa un lugar en la mesa. También la propia Hannah que, como viéramos al terminar la anterior temporada, ha sido admitida en el programa de escritura creativa de la escuela de postgrado de Iowa.

Por primera vez, por tanto, parece que el viento sopla a favor. Como si este fuera el final de la película y no el principio. Veremos cuánto tardan sus protagonistas en boicotearlo.

Shoshanna, Marnie y Jessa

Sea como sea, lo cierto es que esto acaba de empezar. Y si no que se lo digan a Shoshanna que, como ella misma reconoce después, ya está en el mundo. Aunque el mundo sea otra cosa. Algo más parecido, de una manera bastante simbólica, a esa especie de graduación que le hacen, sin toga ni birrete, bajo la atenta mirada de unos padres que no paran de discutir entre sí, y mientras una señorita les informa que ya recibirán el diploma por correo. Falta una palmadita en la espalda, fuegos artificiales o algo.

La música ya la pone Marnie, que en una actitud que parece que ella misma reprobaría si se tratara de otra persona, se ha convertido en la amante de Desi, su compañero del dúo musical, a espaldas de una más amable Clementine de como la recordábamos. Su vuelta a los escenarios coincide con el regreso de sus inseguridades y también con su salida, huída más bien, del local.

El concierto, no obstante, le sirve a Lena Dunham de excusa para reunirlos a todos, Adam, Shoshanna - por cierto, ¿soy la única que quiere ver a estos dos interactuar entre ellos más a menudo?- Jessa, Ray, Elijah, y hasta el mismísimo Pal, en un local de brunch y jazz en lo que es posible que sea la última oportunidad para verlos a todos juntos por algún tiempo, al menos en lo que Hannah se decide o no a aguantar en Iowa. Por ahora parece que la balanza ha caído del lado del sí, a pesar de pensar, cómo no, que sin ella el mundo se desplomará inevitablemente.

Mientras tanto, Jessa que es la primera en sacarle de su error con una fría y franca despedida en el baño, acaba de protagonizar otra, en uno de esos momentos emotivos que nos deja la serie, mucho más dulce y tierna, sonrisa incluida, con quien fuera su jefa en el final de la tercera temporada. Le decimos adiós, o al menos hasta luego, por tanto, a Beedie que ya está preparada para regresar a Connecticut con su hija (Natasha Lyonne de 'Orange is the New Black'), no sin antes recordarle al personaje de Jemima Kirke, y de paso a todos nosotros, lo mucho que nos gusta Jessa, precisamente por todas sus contradicciones.

Hannah y Adam, ¿funcionará la relación a distancia?

El primer episodio cierra con uno de esos días que todos hemos vivido alguna vez, de hecho si algo caracteriza el inicio de esta temporada es precisamente que todos, de algún modo, hemos pasado por ahí. En concreto, me refiero a la última noche, ese instante en el que todo parece tristeza, con independencia de lo que hagas y a donde vayas después. Pero no hay lugar para las despedidas entre Hannah y Adam, el mismo que confiesa a modo de pronóstico lo mal que se le da hablar por teléfono y que finge dormir por la mañana para evitar una última escena.

La duda, que no otra cosa, está en el aire. ¿Valdrá la pena mantener una relación a distancia? ¿Será posible para ellos dos? De momento, en su primera aparición en su nueva universidad, Adam es solo un recuerdo en la pantalla del móvil, al contrario que las esporádicas intervenciones de sus padres, Marnie, Shoshana y Jessa, a cobro revertido o desde el ordenador.

Desencadenante: la ilusión y la realidad

Porque como os decía, no se trata de un final sino de un principio. Y el principio empieza por Iowa, aunque el título del segundo episodio sea "Desencadenante". Iowa es el lugar de las casas grandes con alquileres baratos y de las bicicletas sin candados. También el espacio para las experiencias nuevas y las grandes oportunidades de volver a empezar. Es esa ilusión que todos hemos tenido alguna vez de un comienzo.

Pero lo ilusorio no tarda en dejar paso a lo real, que no siempre nos muestra su lado más amable. Así que Hannah pronto empezará a sentirse completamente desubicada. Porque Iowa es también el lugar sin cobertura, de murciélagos y en el que, al parecer, sí hacen falta los candados. Además es el lugar donde no están tus amigos y donde los extraños, que se cuelan en los espacios donde supuestamente deberías encajar pero no encajas, critican lo único con lo que te sientes del todo segura. En el caso de nuestra protagonista es su escritura.

Las clases son en realidad el pretexto ideal para que profundicemos en el proceso creativo, en una especie de metaliteratura, y la relación crítica-autor de la propia Lena Duhnam con este sector de la prensa. Una perspectiva interesante a tener en cuenta esta temporada que comienza con la complicada polémica de un texto algo ambiguo sobre la violencia sexual, como si de su vida real se tratara, y que culmina en esa reflexión sobre si en realidad importa demasiado o no escribir sobre uno mismo.

Elijah, la salvación

Y de repente Elijah. En el mejor momento, en medio de un capítulo que es mucho más Hannah, por no decir todo, que nunca, aparece él. Y todos, público y personaje, se lo agradecemos. Con él, llega el desmadre. Verles a los dos bailar en medio del barullo de una fiesta universitaria en la casa de alguien, hermandad o lo que se tercie, es un soplo de aire fresco, casi una necesidad, que acaba con ese paseo, ya de día, de camino a casa, hombro con hombro, después de una de esas noches en la que uno se lo ha pasado francamente bien. Qué le voy a hacer, si estas cosas me ponen algo ñoña. Porque el secreto del éxito de la serie es que cuando uno al fin se reconoce en ella, directamente ya no hay pantalla.

Dos episodios, algo más de cuarenta minutos, para quemar etapas, que si bien no entran dentro de mis favoritos, superan la nota de la media. Por lo que son, por lo que cuentan y por lo que plantean. Ver a Hannah lejos de las calles de Nueva York y de su entorno abre un abanico nuevo de posibilidades sobre sus propias inquietudes intelectuales y creativas, así como sobre el modo que tendrá ahora de relacionarse, desde esa perspectiva de soledad y distancia, con sus amigas, con Adam, al que no podemos más que echar de menos cuando falta, y con ese nuevo grupo de escritores en el que, de momento, parece no encajar. Pero aún es pronto para imaginar. Veamos si nos sorprende o no en esta ocasión Lena Dunham. Margen tiene.

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