'La fea más bella' regresa a Nova: Jaime Camil y 4 razones más para recordarla

Por Betty M. Martínez

Nova ya ha estrenado su nueva apuesta para las tardes y, una vez más, ha recurrido a una reposición. Al margen del título elegido, parece increíble que con la cantidad de telenovelas que se producen cada año, sea necesario recurrir a tantas repeticiones. Pero, en fin, ese es otro debate.

Lo que hoy nos ocupa es el nuevo “estreno”. En este caso le ha tocado el turno a ‘La fea más bella’. Al menos, esta vez han recurrido a una telenovela que ya tiene bastantes años, con lo que para muchos apenas será un recuerdo. Yo misma reconozco que la tengo bastante borrosa.

¡¡Cuidado Spoilers!!

1. El cuento del patito feo

‘La fea más bella’ es la versión mexicana de la inolvidable ‘Yo soy Betty, la fea’. Y digo inolvidable no como recurso estilístico, sino porque fue una telenovela que marcó un antes y un después. Casi podría hablarse de un fenómeno social y, desde luego, una de las telenovelas que más audiencia reunió ante la pantalla. ¿Alguien ha olvidado a Beatriz Pinzón? ¿O al doctor Armando Mendoza? ¿Y la “Peliteñida”?

Con esos antecedentes, ‘La fea más bella’ tenía ante sí un reto muy complicado. Cualquier remake es un riesgo, pero en este caso aún más, y la experiencia nos dice que Televisa hace bien muchas cosas, pero las versiones no es donde más destaca. Y no quiero tener que volver a recordar ‘Fuego en la sangre’.

En fin, siguiendo mi política de darle una oportunidad a toda telenovela, me puse a verla, lo reconozco, con un poco de desconfianza y bastantes prejuicios. Un remake siempre parte con desventaja. Por muy bien hecho que esté, siempre está presente en la memoria la versión original y, ya se sabe, las comparaciones son odiosas. Eso sí, también tiene su parte interesante comprobar qué es igual y qué cambia.

Por lo que hemos visto hasta ahora (tampoco me quiero pasar con los spoilers), el planteamiento inicial es prácticamente el mismo, salvo por el hecho de que Ecomoda es ahora una productora llamada Conceptos, pero el plantel de personajes es casi idéntico. Club de las feas, incluido.

Sin embargo, hay algo que hace que sea diferente. No sé muy bien cómo definirlo, pero quizá sea algo parecido a la sutileza. ‘Yo soy Betty, la fea’ era una telenovela con toques de humor, con mucha ironía, con matices. ‘La fea más bella’ es prácticamente una comedia que en algunos momentos llega a parecer incluso una parodia. Tal vez la idea sea la misma, pero el tono es distinto. No me atrevo a decir si es mejor o peor porque eso depende del gusto de cada quien, pero es evidente que no es lo mismo.

2. Jaime Camil, antes de Rogelio de la Vega

He de confesar que cuando anunciaron la reposición de ‘La fea más bella’ me llevé una alegría porque hacía mucho tiempo que no veía a Jaime Camil en una telenovela y quería comprobar si mi percepción sobre él como galán había cambiado por culpa de Rogelio de la Vega, el papel que actualmente interpreta en ‘Jane The Virgin’.

A día de hoy, son muchos los seriéfilos que identifican sin problemas a Jaime Camil, pero cuando ‘Jane The Virgin’ aún era ‘Juana la Virgen’, los telenoveleros ya lo conocíamos a la perfección, gracias, entre otros papeles, al Fernando Mendiola de ‘La fea más bella’.

Voy a ser clara. Desde mi punto de vista, como galán tradicional Jaime Camil es correcto. No desentona, pero tampoco destaca. Sin embargo, eso cambia cuando el personaje abandona los convencionalismos y tiene en el humor su característica fundamental. Ahí sí que brilla. Son muy pocos los galanes que tienen esa vis cómica y Jaime Camil sabe explotarla a la perfección. Sinceramente, los que cada semana disfrutan con Rogelio de la Vega, tienen que darle una oportunidad a Fernando Mendiola porque se van a echar unas risas.

Eso sí, un consejo. Es mejor no profundizar en el personaje. Al menos al principio porque si analizan sus conversaciones, opiniones, actuaciones, etc. pueden acabar aborreciéndolo. Me explico. Fernando Mendiola reúne todas las características que nos harían detestar a un galán convencional. Machista, mujeriego, mentiroso, egocéntrico, etc. A pesar de todos esos defectos, es capaz de hacernos reír a carcajadas y ese humor es lo que salva al personaje. Y en esa redención Jaime Camil tiene mucho que ver. Sinceramente, soy incapaz de imaginarme a otro actor en ese papel.

3. Angélica Vale, un reto complicado

De esta telenovela recuerdo especialmente el gran trabajo que realizó Angélica Vale. No lo tenía nada fácil. Ana María Orozco (al igual que todo el elenco colombiano) dejó el listón muy alto, pero la mexicana supo dotar de personalidad propia a su Leticia Padilla.

En este caso no ha habido sólo un intenso trabajo de caracterización física, sino también un gran esfuerzo de gesticulación, movimiento, entonación. No sé cómo fue capaz Angélica Vale de mantener el raccord con los tics de Lety. Desde luego, tiene mucho mérito. Y convence en todas y cada una de las secuencias. Al menos yo no recuerdo haberla pillado en un error. Y ya se sabe que los fallos siempre se recuerdan más que los aciertos.

En cuanto al debate que lleva implícito este personaje de si es más importante la belleza interior o la exterior, hace tiempo que me di por vencida. Fue lo único que me decepcionó de la versión colombiana. Después de tropecientos capítulos mostrándonos el valor personal y profesional de la protagonista, en el último suspiro, cuando ya hasta el galán gañán está enamorado de ella, cede a la presión social y el patito feo se convierte en cisne. Si en el original colombiano pasó eso, si el remake se llama ‘La fea más bella’, creo que sobran las palabras.

Al menos esta vez han seleccionado para el papel a una actriz que no responde a los cánones tradicionales de una heroína de telenovelas. A Angélica Vale le sobra talento, pero le faltan papeles de protagonista para demostrarlo. Es una lástima. A mí personalmente me gustaría verla más.

4. Un elenco que cumple

Y si los protagonistas cumplen su papel, el elenco de secundarios que los acompaña tampoco desentona. Siempre es un placer ver a Angélica María, pero en este caso lo es aún más porque interpreta a la madre de Angélica Vale. Para los que no lo sepan: son madre e hija en la vida real. He de confesar que sus escenas juntas me parecen muy interesantes porque es difícil determinar dónde acaba la ficción y empieza la realidad.

Y si ver a Angélica María es un placer, lo de José José no tiene nombre. Confieso que para mí fue toda una sorpresa verlo como actor porque sólo lo identificaba como cantante. Desde mi humilde opinión, la familia Padilla Solís es una de las claves de la telenovela. Obviamente incluyendo en ella al leal amigo, Tomás Mora. Las conversaciones entre Lety y él son de lo mejor de la trama.

Hace unos párrafos recordaba a la “Peliteñida”. Probablemente uno de los personajes más emblemáticos de ‘Yo soy Betty, la fea’. En este caso, ese papel le ha tocado a Patricia Navidad, que también ha estudiado seis semestres de finanzas, aunque, claro, en otra universidad. El personaje es el mismo, aunque tengo la impresión de que Alicia Ferreira tiene algunas (pocas) luces más de las que tenía el personaje de Lorna Paz. Eso sí, aun resultando correcta, Paty Navidad va a necesitar algunos semestres más para hacernos olvidar a la “Peliteñida”.

La que no termina de convencerme es Elizabeth Álvarez como Marcia. Es la novia de Fernando, una brillante ejecutiva y accionista de Conceptos. En teoría, debería hacer desaparecer a Lety con solo una mirada. Sin embargo, es Marcia la que se hace pequeñita cuando comparte plano con la secretaria. ¿O es Angélica Vale la que hace desaparecer a Elizabeth Álvarez?

Podría seguir con cada uno de los personajes, pero esta review se haría muy larga, así que lo voy a dejar aquí. Solo voy a comentar que en el elenco hay nombres impresionantes. Voy a hacer una breve enumeración de algunos: Juan Soler, Fernanda Castillo, Nora Salinas, Isabella Camil, Jorge Salinas, Mariana Seoane, Mayrin Villanueva, Manuel Landeta… Y si hablamos de cameos: Yuri, Ricardo Montaner, Patricia Manterola, etc. Hay que reconocer que Televisa tiró la casa por la ventana.

Para acabar he de confesar que no sé qué hacer. Por un lado, me apetece volver a verla para comprobar si mi percepción ha variado con los años, pero, por otro lado, 300 episodios son muchos episodios como para ver una historia que, grosso modo, ya he visto por partida doble (triple si tenemos en cuenta la versión de Telecinco). Por ahora, voy a seguir las aventuras y desventuras de Lety y don Fernando, aunque solo sea para echarme unas risas. Después, ya veremos.

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