Las series, un fenómeno global que dignifica la tele: Algunas claves de su éxito

Por Enric Lloveras

Las series están empezando a dignificar la pequeña pantalla. A menudo la televisión ha sido sinónimo de contenidos de baja calidad, de programas basura y de poca exigencia, pero gracias a las nuevas ficciones este concepto está empezando a cambiar. Ahora se escucha a menudo que “el mejor cine actual se está haciendo en la televisión”.

En los últimos diez años la ficción seriada ha ganado considerablemente en calidad y ha provocado la emergencia de una nueva palabra: Si antes hablábamos de “cinéfilos” ahora se habla, sin rubor, de “seriéfilos”.

Hoy hacemos una reflexión sobre las claves de un éxito mundial.

Juego de tronos”, el paradigma

El 6 de abril de 2014 empezó la cuarta temporada de “Juego de tronos” y batió récords de audiencia. No solamente en la cadena que lo estrenó, la norteamericana HBO, sino también en las plataformas de descarga de todo el mundo.

HBO produce solo 10 episodios al año de “Juego de tronos”, lo que convierte cada capítulo nuevo en un acontecimiento para sus millones de seguidores. Tras esperar 9 meses al estreno de la cuarta temporada, el primer capítulo reunió frente a la pantalla del televisor a 6.6 millones de espectadores, a los que hay que sumar otros 1.6 que vieron el segundo pase del estreno (un total de 8.2 millones) según las mediciones de Nielsen, muy por encima de los 4.4 que vieron el inicio de la temporada anterior y el triple de los que apreciaron el comienzo de la serie, en abril de 2011.

Es la mejor audiencia que ha tenido HBO tras la que registró en la emisión del último capítulo de “Los Soprano”, en 2007, que interesó a 11.9 millones de espectadores.

Pero “Juego de Tronos” no solamente es un éxito en su emisión “legal”, sino que también saturó las plataformas de descarga. Solo en BitTorrent se descargaron un millón de capítulos en un día, mientras que el servicio HBOGo de video a la carta quedó saturado.

El impacto que tiene esta serie fantástica también se traduce a las redes sociales con 2 millones de personas participando en los chats de Facebook en USA.

La “seriemanía” se globaliza

El extraordinario éxito de “Juego de tronos” no es una excepción. Enlaza con el interés del público por las serie televisivas, en especial las que vienen de Estados Unidos, y que llega a todos los rincones del mundo, pero con honrosas excepciones locales en muchos países, en concreto Reino Unido o Francia, donde se hacen producciones de extraordinaria calidad.

Los siguientes nombres seguro que les resultan familiares: “Breaking Bad”, “Dexter”, “Sons of Anarchy”, “House of Cards”, “Homeland”, “Anatomía de Grey” o la recién llegada “True Detective”, la última de HBO, que tiene la mejor audiencia media de la cadena en una primera temporada. De las que ya son historia, ¿quién no ha oído elogios de “El ala oeste de la Casa Blanca”, “The Wire”, “Friends”, “Urgencias” o “Seinfeld”?

La singularidad de las series actuales es que el mismo día del estreno se empiezan a ver ya en decenas de países a través de las posibilidades que permite internet.

¿Por qué las cadenas apuestan por las series?

Las series se han convertido en el auténtico caballo de batalla de las grandes empresas de televisión de Estados Unidos, tanto las que distribuyen sus contenidos en el aire como las que prefieren el cable o la difusión por internet.

Un capítulo de una serie cuesta tres veces menos de lo que les costaría producir un telefilm. Un episodio de prestigio como cualquiera de los de “Boardwalk Empire”, que tiene como productor ejecutivo a Martin Scorsese, también cuesta menos que un unitario. Para rizar el rizo, fidelizan espectadores (a menudo tienes la sensación de ver una buena película que dura 80 horas y que te tiene en vilo hasta el último capítulo) y abren las vías a nuevos modos de consumo puesto que se ven en ordenadores, tabletas e incluso teléfonos móviles. Se ven en video a la carta y tienen una buena venta online y en DVD. Desde el punto de vista creativo, estas ficciones son un buen laboratorio de experimentos de estilo y narrativos, sin la rigidez que caracteriza a las ficciones televisivas convencionales.

En lo que se refiere a los contenidos, todo vale si está bien hecho y engancha: desde la fantasía heroica pasando por la ciencia ficción, la historia, el horror, el suspense, la medicina, la política o el periodismo.

El formato tampoco tiene limitaciones, desde serie largas con duraciones clásicas de 8 a 13 episodios por temporada, a otras que tienen seis episodios por año o miniseries que concluyen en 4 u 8 episodios.

La novedad en esta última década es que las grandes estrellas de cine se han acercado a la televisión, que antes era un medio menor que rechazaban. Muchos actores, saturados por el empobrecimiento cultural de las grandes producciones de Hollywood, han buscado papeles interesantes en el mundo de la ficción televisiva.

¿Quién se iba a imaginar que Glenn Close sería la protagonista de una gran serie judicial como “Damages” (estrenada en España como “Daños y perjuicios”) o que actores como Jessica Lange, Kevin Spacey, Hall Berry o Martin Sheen serían caras habituales de producciones para la parrilla televisiva? ¿Quién habría especulado que directores de cine como David Fincher, Martin Scorsese, Peter Bogdanovich o Agniezka Holland trabajarían en series como Boardwalk Empire, Los Soprano o Mad Men?

Originalidad y prestigio se declinan en un género que obtiene audiencias millonarias y globales al que auguramos larga vida.

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