Crítica Vertele (sin spoilers)

'Élite T2': Una temporada más dramática, pero igual de adictiva que su predecesora

Imagen de la segunda temporada de Élite
Imagen de la segunda temporada de Élite Manuel Fernandez-Valdes / Netflix

Analizamos los dos primeros capítulos de la segunda temporada de la serie, que regresa a Netflix el próximo 6 de septiembre.

Esta crítica no incluye spoilers de los nuevos capítulos, pero da por hecho que has visto la primera temporada de la serie

Más allá de libros y cuadernos, los alumnos de Élitehan vuelto al instituto en Netflix con otro tipo de carga en la mochila. Una más emocional que pesa sobre sus hombros, pero también sobre el propio tono de la serie, más dramático y menos festivo que en su primera temporada.

Y es que la muerte de Marina ha borrado por completo las sonrisas de nuestros protagonistas. Las Encinas ha dejado de ser un lugar feliz para ser uno donde los reproches, los lamentos y las heridas abiertas campan todavía más a sus anchas. El dramatismo, en definitiva, se ha instalado como nunca en los pasillos del instituto. Y aunque esto supone una novedad con respecto a la tanda anterior, no debe interpretarse como un cambio de rumbo por parte de Carlos Montero y Darío Madrona, sino como una decisión lógica de los creadores de la serie tras lo ocurrido al final de la primera temporada.

De hecho, esta mayor intensidad emocional se introduce de una manera muy orgánica y natural dentro del universo construido por la serie. La diferencia es que los temas que se trataron en la tanda inicial -el choque entre ricos y pobres, los amores de instituto, la sexualidad o la búsqueda de nuestro lugar en el mundo, entre otros- se ven influenciados en esta segunda por las consecuencias de la muerte de Marina y otros giros que sacuden las vidas de nuestros protagonistas. Lo que baña todo de una tensión y una infelicidad conjunta que en la primera temporada también vimos, por supuesto, pero en dosis más pequeñas y entremezcladas con ese aire desenfadado que caracteriza a toda buena serie adolescente.

Tres nuevos personajes que son todo un acierto

En las nuevas entregas, ese punto más relajado lo aportan los tres nuevos alumnos de Las Encinas. Valerio (Jorge López), hermanastro de Lu (Danna Paola) y con la que mantiene una relación tan complicada como su dependencia de las drogas; Rebeca (Claudia Salas), una joven de barrio que choca por completo con la imagen del instituto; y Cayetana (Georgina Amorós), a su vez protagonista de uno de los giros más interesantes por el mensaje social que esconde.

Más allá de ser la novedad, los tres son la constatación de que Montero y Madrona saben perfectamente lo que hacen. Y es que, aunque da la sensación de que entran un poco 'a capón', todos ellos -y sus respectivos dramas- se acoplan tan bien a Élite que parece que llevan siendo personajes de la serie desde su primer episodio.

Su aclimatación al ecosistema de Las Encinas es, por tanto, ejemplar. Y si le añadimos que los tres, aunque especialmente Valerio, funcionan como dinamizadores del resto de personajes, encontramos aquí uno de las grandes noticias que nos deja la segunda temporada.

'Élite', más dramática e igual de adictiva en su segunda tanda

No la única, por supuesto, pues lo mejor que se puede decir de esta segunda temporada de Élite es que, aun siendo más dramática que su predecesora, sigue siendo igual de alocada -en el mejor sentido posible-. Los 45-50 minutos de cada episodio vuelven a pasarse en un suspiro. Y los dos vistos hasta la fecha arrojan la misma conclusión que dejaron los de la primera tanda: que son tremendamente adictivos.

Y no es casualidad, pues la temporada 2 se apoya en elementos similares a los de la primera. Por ejemplo, la división entre una línea temporal presente y otra futura que se retroalimentan entre sí en torno al mismo misterio: la desaparición de uno de los protagonistas.

Un punto de partida que supone, a su vez, el giro más importante de los que aquí nos encontramos, que son unos cuantos. Todos ellos para revitalizar unas tramas que siguen su curso con paso firme de la mano de un reparto que, si bien sigue batallando por compensar con entrega su falta de experiencia, no molesta a la hora de consumir esta serie con etiqueta de 'placer culpable'. Y puede que lo sea, pero esto no la impide alcanzar aquello con lo que sueña cualquier serie, y no solo los dramas adolescentes:que el espectador termine un episodio y quiera ver el siguiente inmediatamente.

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