Crítica VERTELE Dicho y hecho falla en su principal objetivo pese a sus buenas intenciones

Dicho y hecho falla en su principal objetivo pese a sus buenas intenciones
Dicho y hecho falla en su principal objetivo pese a sus buenas intenciones

El nuevo programa conducido por Anabel Alonso y José Corbacho en TVE presenta un planteamiento interesante, pero no consigue hacer reír todo lo que pretende

Que se estrene un programa de humor en televisión siempre es una buena noticia. Y más en los tiempos que corren, donde los formatos con vocación cómica no se dan con tanta frecuencia como en épocas pasadas. 

Precisamente con la intención de hacer reír ha llegado este viernes al prime time de TVE 'Dicho y hecho'. Sin embargo, el concurso conducido por Anabel Alonso y José Corbacho se ha quedado a medio camino y no ha terminado de conseguirlo. En parte, por no ser fiel a su premisa principal. 

En este programa, Secun de la Rosa, Elena Furiarse, Pablo Carbonell, Goizalde Núñez, David Fernández y Leonor Lavado se enfrentan a distintas pruebas de ingenio e improvisación, pero estos dos elementos, que debían resultar claves, se han visto deslucidos por la estructura del formato.

A diferencia de otros con los que podría compararse, como 'Me resbala' y 'Los irrepetibles' -presentado por Emilio Aragón cuando laSexta daba sus primeros pasos- en 'Dicho y hecho' algunas pruebas no se producen en plató (teatro en este caso), sino que se ofrecen a través de vídeos al haberse realizado en otras localizaciones.

Y la estructura avance de la prueba-vídeo de un concursante-comentario-vídeo de otro concursante ha restado ritmo y espontaneidad a la emisión, resultando imposible dejar de pensar que se ganaría mucho si todo se desarrollase en un mismo espacio y sin esos vídeos. Así no pasaría tanto tiempo entre prueba y prueba y todo sería más inmediato y llevadero. 

Porque, aunque no todas han funcionado, algunas pruebas sí han resultado llamativas y surrealistas. Especialmente aquella en la que los famosos tenían que sacar información a un hombre que solo hablaba en sueco. Lo contrario ha pasado en otras, como la de pintar a lomos de un caballo, que ha dado una sensación de caos que, para más inri, se ha producido justo en los primeros minutos del programa.

Porque otro de los grandes errores de 'Dicho y hecho' es que apenas se ha entendido en su arranque, teniendo que pasar muchos minutos para coger el hilo y para que el propio programa transmitiera un mejor engranaje. Fallos como éste han hecho que el concurso se haya quedado lejos de completar un resultado satisfactorio. Y menos aún cuando apenas ha provocado risas y ha parecido demasiado guionizado por momentos, justo lo contrario de lo que pretendía. Además, no ha ayudado que Anabel Alonso y Corbacho, así como los concursantes, hayan estado desaprovechados en su mayoría. 

De esta forma, 'Dicho y hecho' ha llegado con la buena intención de hacer pasar un rato divertido a la audiencia delante del televisor. Sin embargo, y en contra de lo que dice su título, no lo ha logrado. 

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